06:15. JUEVES 27 DE FEBRERO DE 2020

Las concentraciones ‘por una democracia real’ en la Plaza de la Escandalera reúnen unas 200 personas

Oviedo
18 mayo, 2011

La indignación en las calles españolas se ha sumado a los coches que las recorren pidiendo el voto para uno u otro candidato. En el caso de Oviedo el campamento base se levantó a lo largo de la semana en la Plaza de La Escandalera. Todo empezó el domingo pasado con la convocatoria de una manifestación que recorrió el centro de la ciudad. La convocatoria lleva el sello de la plataforma ‘Democracia real ya’, pero no es obra de un colectivo en concreto. Las personas que se congregaron en Oviedo, Gijón y otras ciudades españolas tenían perfiles variados y les unía únicamente su rechazo a “un modelo democrático basado exclusivamente en votar a dos partidos que no hacen otra cosa más que chupar del bote”.
El acto concreto del domingo supo a poco a los indignados, así que una lona blanca en La Escandalera dio continuidad el miércoles a la manifestación del 15-M. Esta última cita congregó a unas doscientas personas, la mayoría jóvenes. De hecho, Juventud sin miedo es otra de las plataformas que han brotado espontáneamente en las últimas semanas y que están detrás de este movimiento. La convocatoria del miércoles, a diferencia de las anteriores, giraba más en torno a la asamblea que a la manifestación. Los asistentes formaban un círculo en torno a la lona blanca de La Escandalera y un megáfono que rotaba entre los asistentes canalizaba el ritmo del encuentro.
Los mensajes eran espontáneos: “¿Quién está en el paro? ¿A quién le gustaría comprarse una casa y no tiene para la hipoteca?”, jaleaba una joven. A continuación pasaba el megáfono a un asistente a la manifestación que pedía la palabra y contaba sus penurias como joven asturiano cuando emigró a Barcelona para trabajar: “cobraba 400 euros por unas prácticas y 350 se me iban en el alquiler del piso, así que los fines de semana tenía que esclavizarme de camarero para conseguir salir adelante”. Podía hablar quien quisiera. El calificativo ni-ni para referirse a estos jóvenes también fue contestado por otro de ellos, que irónicamente admitió que “tienen razón para referirse así a nosotros: ni PSOE ni PP”.
El rechazo a los dos partidos políticos mayoritarios parecía unánime, jaleado por “la ley electoral injusta que no se reforma” o porque “rechazan bajar los sueldos de los diputados arguyendo que no son ciudadanos como el resto”. Más allá de eso, la voluntad política de este movimiento es indefinida. Algunos pedían el voto para formaciones políticas minoritarias, otros pesaban que “son todos lo mismo” y había quien iba más allá y gritaba no estar dispuesto a que nadie le representase. El voto en blanco no parece una opción muy popular en las protestas porque perjudica a los partidos minoritarios, que tienen que alcanzar un porcentaje mínimo de votos sobre el total para obtener representación. Pero los desacuerdos se apaciguaron al recordar megáfono en mano que “todos estamos aquí porque somos cabezas pensantes; el que quiera ir a votar el domingo que vaya y el que no quiera que no lo haga”.
Una democracia más participativa era otra de las ideas de base que impulsaron la convocatoria. Uno de los manifestantes que tomó el megáfono recordó que “hoy día todos tenemos un DNI electrónico y todos tenemos Internet; no hay excusas para que no se nos pregunte más a menudo sobre leyes y decisiones que nos van a afectar”. Se hizo referencia a que “la democracia actual es la concebida como democracia burguesa; la democracia obrera es más participativa y así pudo verse en experiencias como la Comuna de París”.
La idea es prolongar la cita hasta el mismo domingo, y parte de las intervenciones en el megáfono invitaban a los asistentes a participar en los turnos de mañana, tarde y noche para que nunca deje de haber gente hasta la cita electoral del 22-M. Por detrás pesaba la ‘amenaza’ de la Junta Electoral Provincial de prohibir la concentración a partir de la tarde ayer. El compromiso era debatir entre todos los presentes si el encuentro iba a continuar desafiando a la autoridad. Una premisa básica era hacerlo sin violencia. Todo el que la respetase y desease ‘una democracia real’ podía apuntarse al puesto improvisado de La Escandalera.

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