00:50. MARTES 16 DE JULIO DE 2019

A todo gas

Opinión
4 marzo, 2011

Sharon Calderon

Ahora que todavía conservamos el recuerdo de la última gala de los premios Oscar (sosa y pesada ¡casi tanto como la de los Goya!), viene a cuento traer a la memoria una de las peores cintas que ha dado la historia del cine y que, de seguir nuestro Gobierno por la senda que apunta, se convertirá pronto en un filme ‘políticamente incorrecto’: The fast and the furious, o como dieron en llamar nuestros excelsos traductores A todo gas.

Que no se me malinterprete: si alguien decidiera eliminar de la faz de la Tierra toda prueba de la existencia de esta repugnante película, yo sería la primera que votaría por ello. Pero atendiendo a su paupérrima calidad en cualquier sentido que se quiera señalar, y no porque atente contra la política de austeridad energética que recientemente promueve el Gobierno.

A todo gas (que para mayor desgracia, tuvo una segunda parte, con el original título de A todo gas 2) es un derroche de gasolina, gasoil, neumáticos y estupidez (aunque sea este último aspecto, el menos pertinente para lo que nos ocupa). La esencia argumental se resume en primeros planos del cuentakilómetros de los vehículos, acompañados de imágenes de lo que el consumidor de esta basura daría en llamar ‘tías buenas’. ¡Un derroche de genialidad!

El hecho es que desde al día 7 del mes en curso ya no podemos circular a más de 110 km/h. por autovías y autopistas, o si se quiere, ya no podemos ir ‘a todo gas’. La excusa para tan llamativa medida, no es otra que la eficacia y el ahorro energético. Y cuando los países productores de petróleo se ven amenazados por escenarios políticos inciertos o están, de hecho, inmersos en graves crisis internas, nuestro Gobierno nos pide que gastemos menos gasolina… ¿es una impresión personal o parece que nos estamos preparando para un futuro escaso de combustible?

Rápidamente se han lanzado a tildar la medida de ‘ocurrencia’, como si las ocurrencias, per se, tuvieran que ser ‘malas ocurrencias’. La medida del Gobierno de no superar los 110 km./h., salvo evidencia clara de una gran crisis del petróleo, podrá ser una tontería, chorrada, estupidez, memez, sandez, necedad, majadería, patochada… y todo lo que se quiera, pero nunca una ‘ocurrencia’ a secas. Porque, oiga, las ocurrencias también pueden ser buenas, y no hay que denostar la palabra porque todas las que haya tenido el Gobierno de España hayan sido de un escaso interés y calado.

Muy pronto, el Gobierno no regalará bombillas de bajo consumo, sino medidores de julios, para que cada ciudadano pueda llevar la cuenta de la energía consumida por su propio cuerpo… Lo bueno de todo esto, es que todos aprenderemos un poco más de Física.

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