06:50. LUNES 18 DE NOVIEMBRE DE 2019

Noche blanca en tiempos negros

Opinión
14 octubre, 2013
MANUEL ÁNGEL RODRÍGUEZ Concejal del Grupo Municipal Socialista de Oviedo

Hace ya bastante tiempo que tengo la sospe­cha de que hay en Oviedo un hálito creati­vo que parece reconocerse en un entorno de edades parecidas, de lenguajes comu­nes y de redes y páginas.

Hablo de músicos y grupos, de pintores y escritores/as, hablo de activistas, intelectuales, de gente que tiene mu­chas cosas que contar y no las ha podido contar en el lugar en que nació; pero hablo también de emprendedores que programaron conciertos sorteando las licencias contra la música de Gabino de Lorenzo, que obviaron el concepto de propiedad, o que se atrevieron a abrir espacios y loca­les en tiempos en que todo se cierra, proponiendo arte y cultura.

Es decir hablo de trasgresores, de rebeldes, de gente que no se resigna e incluso se rebela contra la crítica y cuestiona la imagen de esta ciudad y nos suelta en la cara: “pero ¿quién demonios dice que en Oviedo no hay nada? Estamos nosotros y somos algo y somos muchos y ¿quién demonios asegura que Oviedo no es moderna? ¿De qué nos conoce?”

Pues esa observación inconexa que yo fui forjando a caballo entre la curiosidad personal y el espacio público que en este momento me toca, fue esencialmente lo que observé en la pasada ‘noche blanca’. Uno iba de sitio en sitio teniendo la sensación de que todo aquel gentío que ocupaba espacios y calles, era gente conocida y era gente con ansia de trasgredir. En cualquier cola que estuvieras te contaba un conocido una fascinación peculiar de la pro­gramación, una frustración por no poder llegar a tiempo de ver. Todos estuvimos en algún lugar común en el algún momento de esta larga noche de que suman casi 20 años obviando lo que no está en el programa de los bienpensantes.

Es cierto que las ‘noches blancas’ son esencialmente eso: gratuidad, vanguardia, nocturnidad. Seguramente por eso son blancas, porque iluminan lo que no se ha visto y seguramente por eso en Oviedo les pusieron una pila a los ‘globitos’ simbólicos que iban al cielo por si pudieran durar más allá de la atmósfera o más allá de la noche.

Pero descubrimos que no sólo hay una generación de creadores potencialmente capaces de ganarse un espacio en la historia y un montón de emprendedores/activistas/agitadores/blogueros que garantizan el espacio. Supimos el sábado pasado que también hay público suficiente, gen­te capaz de llenar teatros, salas, conventos y museos; gente que puede que busque o puede que curiosee o puede que cuestione pero que quiere ver lo que aún no se programa.

Para cualquier responsable público que haya trasno­chado el sábado parece obvia la conclusión de que a la ciudad le faltan espacios públicos y les sobran ganas de conquistarlos.

Es un hálito, un vapor placentero, pero tengo la sospe­cha de que en este momento la ciudad no sabe muy bien qué hacer con toda esa rebeldía escondida en la oferta irreverente de la ciudad despierta. No digo el Alcalde ni la Corporación -que por supuesto- digo la ciudad en general, su inercia, su constitución; unos medios de comunicación que ‚en mi opinión, aún no saben leer el mensaje y siguen debatiéndose entre la “foto más chula para el acalde más chulo”, o el olvido más o menos obvio. Y no es eso, creo que no es eso.

Comencé mi noche en un pequeño lugar llamado ‘Fal­cón espacio creativo’ y lo terminé en la Fábrica de Gas. Nin­guno está en lo oficial. Al primero el Equipo de Gobierno no lo considera siquiera el mérito suficiente para codearse con los galeristas de toda la vida y por el segundo…segui­mos esperando. No sabemos que hacer con lo nuevo.

Es un hálito sólo, pero es el hálito del cambio. Los que se atreven a llegar más lejos en los negros tiempos en que nadie más llega.

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