21:40. VIERNES 20 DE OCTUBRE DE 2017

Cien años de perdón

Cultura
15 diciembre, 2013
SALVADOR GALINDO

Para Raymond Chandler, es sabido, la inspiración tenía todo que ver con la contemplación. El escritor observaba sentado en una silla, un dedo agarrotado en la sien, cómo su mujer (esposa y musa) se afanaba por sacarle brillo a un plato. Parece normal en cierto modo, incluso lógico, pues muchas veces son los pequeños detalles los que despiertan y agudizan el ingenio. Y entonces, sí, todo se desborda. Pero es que, según cuentan, esa mujer llamada Cissy apoyaba su cabeza sobre un cuerpo escultural y limpiaba la cerámica completamente desnuda. El sueño eterno. Agatha Christie, por su parte, combinada el ganchillo con el fregadero para conseguir la inspiración y luego, para escribir, remojaba sus carnes en una gran bañera victoriana. Dos maneras parecidas (la desnudez, el plato) para conseguir un mismo fin: el literario arrebato.

Es posible que Claudio Cerdán (Yecla, 1981) escriba desnudo. No necesita más, sólo dos manos, para dar la talla y la sorpresa en esto de la novela criminal. Y puede que Claudio Cerdán, a juzgar por su rostro, nunca haya roto un plato. Pero su mente ha malogrado a puñetazos tres vajillas. Después de transitar el género fantástico y ganar el Premio Novelpol a la mejor novela negra del año con ‘El país de los ciegos’, acaba de sacar a escena ‘Cien años de perdón’ (Ediciones Versátil), una novela que va directa a la tripa para robarte cuatro metros de intestino. Se cuenta por ahí que a la novela le sacaron dos o tres escenas violentas. Teniendo en cuenta el sesgo final, intimida especular sobre lo que fue en origen. Lo de Cerdán se presentará en varias cárceles españolas y alemanas. Y, probablemente, alguno de los más malvados y violentos presos de nuestro sistema penitenciario, cuando agarre la novela, se echará a llorar como una niña después de leer dos o tres pasajes incluso habiendo recibido la noticia, unos días antes, de la concesión del tercer grado.

Claudio nos sumerge en los bajos fondos de Alicante (la ciudad con mayor índice de criminalidad por habitante) de la mano del inspector Ramos, apodado Mierda de Perro, un tipo que parece sortear los cadáveres que tapizan las calles como bailan los tipos duros: con un dedo en el gatillo y una bala perdida en permanente vagabundaje hacia su cuello.

Thriller sucio y asfixiante, ‘Cien años de perdón’ suma nuevo título a la colección Off-Versátil, dirigida por el criminólogo Vicente Garrido Genovés, especialista en esto de las psicopatías de la delincuencia. Y no quiero ser indiscreto, así que lanzo esta pregunta: ¿Logrará Mierda de Perro seguir vivo un día más? Imprescindible saberlo porque aquí la línea que separa la legalidad del crimen, lo bueno de lo malo, es pura seda dental evaporada. Porque Claudio Cerdán sabe como nadie que Papá Noel también tiene legañas en los ojos y que el humor negro, ese bicho seductor que descarga en cada página, es la oscura seña del superviviente.

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