20:55. JUEVES 02 DE ABRIL DE 2020

La ‘herencia’ de Doña Velasquita Giráldez

Oviedo
11 junio, 2011


El Martes de Campo, los ovetenses celebran una de sus fiestas más arraigadas, desconociendo, en muchos casos, el origen de esta ‘peregrinación´

Velasquita Giráldez era una dama piadosa -y bastante rica-, que vivió en Oviedo a principios del siglo XIII y que falleció en 1232. A su muerte, legó un ‘hospital’ y una residencia para los menos pudientes, el gremio de los sastres, a cambio de que éstos, cada año, celebraran misas en su honor. Con ese gesto, nació la Cofradía de La Balesquida, con 779 años de antigüedad, y una de las fiestas carbayonas con más solera.
Será hoy cuando cofrades y socios de La Balesquida recen el tradicional responso ante el sepulcro de Doña Velasquita, enterrada bajo la parroquia de San Tirso el Real, muy cerca de la capilla de la Virgen de la Esperanza dedicada a su memoria. La plaza de la Catedral, está decorada con las banderas verdes (el color de la Cofradía), adornadas con tijeras de sastre, en recuerdo al gremio de los artesanos que recibió la donación de su benefactora, Velasquita, cuyo nombre, con el paso de los siglos, se convirtió en La Balesquida.
La herencia de Velasquita Giradles bien valía una misa anual ‘a perpetuidad’, que al igual que el nombre de la dama ovetense, ha ido evolucionando década tras década, pasando de ser una procesión a convertirse en una fiesta popular. Aunque hay dudas sobre las Reglas y las Ordenanzas (las originales se perdieron y fueron reescritas en 1450), la abundante documentación histórica ha permitido conservar en su mayor parte la historia de la Cofradía. El ‘código de conducta’ de los hermanos cofrades incluía como obligación la amistad recíproca, las visitas a presos y enfermos, la asistencia silenciosa al Cabildo y a los entierros, la conducción de los pobres al hospital, acudir a misa todos los sábados y guardar las fiestas, tal como recoge en sus artículos Fermín Canella Secades. Pero también había sanciones para quienes no acudieran a la llamada del Cabildo, que se anunciaba a golpe de cencerro por las calles de Oviedo, y para quienes “levantaren escándalo o revuelta o reniegue o haga cosas deshonestas”. Todas las facetas de la vida de los miembros estaban regidas por sus ordenanzas, que exigían que “se perdonen todos los errores y discordias que acaeciesen entre los cofrades”, quienes debían sufragar los gastos de los entierros de los pobres que muriesen en el ‘hospital’, bajo ‘pena’ de pagar un real en caso de que algún hermano se negase. Por los textos conservados sabemos que la capilla fue reconstruida en 1725, que parte del ‘hospital’, fue vendido en 1874 o que en 1898 los actos religiosos eran oficiados por la Orden de los Predicadores. Otros detalles más ‘folclóricos’, como el color de la vestimenta del Heraldo que anuncia la fiesta, o el color que debían vestir los cofrades los días de misa, se han ido difuminando, y están sujetos a la interpretación. Mientras que para la mayoría de los ovetenses el Martes de Campo es una excusa para divertirse y comer el bollo en el Campo San Francisco o en cualquier otro parque de la ciudad, para los 1.533 cofrades y los 4.472 socios de La Balesquida, estas fechas tienen otro significado. La solemne misa, la procesión, el rezo del rosario y la bendición y el reparto del pan conforman el calendario litúrgico de esta celebración, alejada del ruido y el bullicio de la ‘fiesta de prao’, de romerías y verbenas. La fiesta de La Esperanza en Pentecostés -conocida así porque se celebra el primer martes después de esta fecha- ha quedado reducida para los ovetenses a una jornada de campo, a pesar de la rica tradición que se esconde detrás del bollo y la botella de vino.
El presidente de la Sociedad Protectora -en funciones, hasta que se convoquen elecciones a lo largo del año-, Javier Gómez Tuñón, destaca que La Balesquida pasa por un buen momento, si se tiene en cuenta el número de socios y de cofrades, que ha aumentado en los últimos años. “Ahora toca ceder el testigo a las nuevas generaciones, mientras seguimos trabajando para conservar las tradiciones. Todos los ovetenses deberían formar para de La Balesquida, porque nos pertenece a todos y tenemos la responsabilidad de cuidarla”.

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