23:35. VIERNES 20 DE SEPTIEMBRE DE 2019

De las cuotas, a la paridad

Opinión
28 marzo, 2014
MARIVÍ MONTESERÍN Diputada socialista por Asturias

El pasado 11 de marzo en la sede de Naciones Unidas en una sesión conjunta de la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer y la Unión Interparlamentaria Mundial, el Secretario de esta última institución (Sr. Johnson) iniciaba su discurso de la siguiente manera: “no puede haber desarrollo sin igualdad de género. Invertir en el empoderamiento de las mujeres es ser inteligentes, porque la igualdad es desarrollo”. Continuaba el Sr. Secretario de este importante foro internacional de parlamentarios y parlamentarias diciendo, “es posible el cambio, hace 10 años solo el 15% de las parlamentarias del mundo eran mujeres, hoy son el 21%”.

Hay, por tanto, un cambio político que estamos comenzando a percibir. El consenso interno logrado en esta organización nos dice que se ha conseguido este 21%, gracias a la voluntad política para incorporar a las mujeres al proceso de toma de decisiones e implantar cuotas de representación que garanticen la presencia de mujeres en las candidaturas electorales. Este es el camino que marca ese consenso.

Porque cuando los derechos de las mujeres no progresan, las mujeres se estancan y la sociedad también. Ha llegado el momento de que las mujeres del mundo sean protagonistas de su propio destino. Los parlamentos son el centro de este cambio legislativo, y lo tienen que hacer en consonancia con la sociedad. Las organizaciones y las instituciones no cambian solas, hay que forzar los cambios. Después de incorporar las cuotas en la propia Unión Interparlamentaria Mundial, se ha conseguido una representación del 30% de mujeres y esa presencia en sí misma ha sido motor de cambio en la propia institución. Una institución que exige para tener voto en las decisiones, que las delegaciones representadas cuenten al menos con una mujer. En esta última asamblea, sólo 8 países del mundo quedaron fuera por no cumplir este requisito. Pero 120 países estaban presentes con derecho a voto, una situación impensable hace 6 u 8 años.

En España, este debate ha tenido un largo recorrido. Hemos sido las y los socialistas los que lo decidimos, primero internamente en nuestro partido en 1987, fijando en nuestras candidaturas, la presencia de un 25% de mujeres. Desde entonces, se ha producido un intenso y largo debate sobre las cuotas, que culminó con la aprobación de Ley Orgánica 3/2007 para la igualdad efectiva entre mujeres y hombres, donde por fin, se da un paso adelante con el establecimiento de la paridad en las listas electorales.

La paridad electoral garantiza la igualdad de condiciones. Esta Ley fija que en cada cita electoral (locales, autonómicas o generales) las candidaturas no pueden contar con un porcentaje de más de un 60% de un género, ni menos de un 40% del otro, en tramos de cinco. Se trató de un gran acuerdo parlamentario al que no se incorporó el Partido Popular como es habitual, incluso hoy sigue cuestionando las propias cuotas y, recurrió esta reforma electoral al Tribunal Constitucional, sufriendo un sonoro fracaso. La realidad es que hoy en España hay cerca de un 40% de concejalas, un 37% de diputadas autonómicas y cifras similares en el Congreso y el Senado. Por fin, se ha ‘normalizado’ la presencia de las mujeres en los ámbitos de debate y decisión política. Aún faltan muchos retos por alcanzar, sobre todo en el ámbito de las decisiones empresariales y laborales. Pero el camino está señalado y no tiene vuelta atrás.

El PSOE en su lista europea ha dado un paso más allá estableciendo las llamadas listas cremallera, que ya no dejan ninguna posibilidad al fraude. Si las mujeres sostenemos la mitad del mundo, es lógico que sustentemos la mitad del poder. Una lógica que aunque algunos no lleguen a comprender, sin embargo, la realidad les está llevando hacia ella. Porque como también han descubierto, incluso el Banco Mundial, invertir en el empoderamiento de las mujeres es inteligente porque genera más desarrollo.

Todos estos cambios no hubieran sido posibles sin las mujeres feministas que impulsaron, teorizaron y desarrollaron gran parte de las mismas, desde la petición del voto hasta hoy, muchas veces con la incomprensión total de sus entornos, de los poderes políticos, mediáticos y económicos. Pero esta lucha y esa razón aplastante han dado y están dando frutos en el mundo entero. Y más desde la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer (Beijing, 1995) y desde la definición de los Objetivos de Desarrollo del Milenio de Naciones Unidas.

El próximo año existe una feliz coincidencia, se cumplen 20 años de Beijing 95 y se redefine la Agenda de Desarrollo Post- 2015. En este sentido, estamos trabajando para que el género y la igualdad entre mujeres y hombres se implementen significativamente en esa agenda internacional. Muchos actores de esta agenda ya tenemos ese compromiso adquirido y afianzado. Sin duda, esto señala el camino para un mundo mejor, y seguiremos trabajando para lograrlo.

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