19:59. LUNES 21 DE OCTUBRE DE 2019

Una ‘nueva’ Marina

Oviedo
28 abril, 2014
ALEJANDRO G. VILLALIBRE

Sorprende que títulos tan emblemá­ticos como ‘Marina’ sigan necesitan­do hoy una revisión para adecuar­los a las intenciones de su autor. Pe­ro el desdén que la lírica española ha sufrido durante décadas, recibe ahora una pátina de rigor histórico tras incorporar dos números prác­ticamente olvidados a la ópera es­pañola más representada: un dan­zable y un duo entre Roque y Mari­na. Esta nueva versión del Teatro de la Zarzuela de Madrid contará con las voces de Sonia de Munck, Án­gel Ódena, Antonio Gandía y Luis Cansino, que junto a la Oviedo Fi­larmonía y la Capilla Polifónica, se­rán dirigidos por el asturiano Óliver Díaz. La nueva propuesta escénica de Nacho García ahonda en el sen­tido íntimo de la obra y en la dure­za de la vida marinera. Durante tres funciones, hoy lunes, el miércoles y el viernes, se podrá ver en el Cam­poamor un título que el año pasado entusiasmó en Madrid por su repar­to y su visión teatral.

Cuando el 21 de septiembre de 1855, Emilio Arrieta, estrenó en el Teatro del Circo de Madrid su zar­zuela ‘Marina’, nadie podía imagi­nar que la obra fuese a tener tan larga y próspera vida. Por enton­ces, el compositor y musicólogo, Francisco Asenjo Barbieri, escri­bió que “esta obra, que en Madrid dio pocos resultados, ha sido y es­tá siendo en provincias una de las que más agradan. Su música es muy buena y tiene trozos magnífi­cos, como el terceto. Arrieta estuvo feliz”.

Es curioso que, aunque años más tarde el público convirtió es­ta obra en la más popular, la más aplaudida y más representada del teatro español, durante su estreno escuchó la obra con absoluta indi­ferencia e injustificada frialdad. El diario La Época, en el estreno de la obra, reflejada con calculada am­bigüedad que: “La zarzuela no es buena ni es mala. Peca de larga y de corta; es ancha y estrecha; gor­da y delgada; alegra y melancólica; modesta y altiva; suave y áspera”.

Tras el triunfo de la I Repúbli­ca, Arrieta, interesado porque su obra subiese a las tablas del rebau­tizado Teatro Nacional (hoy Teatro Real), introduce los recitados, eli­mina las partes habladas y añade nuevas piezas. La reelaboración del antiguo texto de Camprodón pasa a manos de Miguel Ramos Carrión. ‘Marina’, zarzuela en dos actos pasa entonces a ser ‘Marina’, ópera en tres actos. En opinión de la doctora María Encina Cortizo, profesora titular de Musicología de la Universidad de Oviedo, en la ‘Marina’ que se podrá ver y oir en el Teatro Campoamor “todos los nú­meros son buenos. Algunos, como las seguidillas son muy originales, y otros como el brindis, el cuarteto del primer acto y el primer terceto del segundo, insuperables”.

La novedad de esta versión re­estrenada el año pasado en el Tea­tro de la Zarzuela de Madrid, llega ­­­con la recuperación de dos números durante años inéditos: un danzable -en concreto una sardana propia de la zona levantina donde se desarrolla la historia- y un dúo entre Roque y Marina, que ayudan a definir mejor el ambiente y las relaciones entre los protagonistas.

El estilo musical de Emilio Arrieta se suele definir como el más italiano de nuestros compositores líricos. El autor de ‘Marina’, a dife­rencia de colegas suyos como Gaz­tambide o Barbieri, hizo de la zar­zuela, según el crítico Peña y Goñi, una “ópera cómica cosmopolita”, lo que diferencia al compositor na­varro del resto de sus contemporá­neos. Los conocimientos que ad­quirió en el Conservatorio de Mi­lán, le permitieron desdramatizar el género, para cultivar zarzuelas más populares y crear lo que los críticos dieron en llamar ‘ópera cómica española’.

Engaños, celos y equivocacio­nes se reflejan en arias importan­tísimas para el canto lírico, como ‘Costa la de Levante’ para tenor, o ‘Pensar en él’, un aria extraordi­naria para soprano lírica, duetos y tercetos con coros, ballet y orques­ta que su director de escena, Nacho García, sitúa en un contexto de re­volución industrial, donde se refle­ja la dura vida del pueblo marinero, además de las relaciones de amor y desamor, y el protagonismo del al­cohol como único medio de evasión para una sociedad sin futuro.

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