19:56. LUNES 21 DE OCTUBRE DE 2019

Esto solo se arregla con mucho cuidadín

Opinión
27 abril, 2014
INACIU IGLESIAS Presidente de la Comisión de Economía de FORO

Motivos para la desesperación tenemos todos. Empezando por lo particular y acabando con lo general. Todos conocemos gente desesperada porque no encuentra trabajo. O porque tiene que marchar lejos –muy lejos- para buscarlo. O porque la realidad le aprieta cada vez más. Y, en medio de todo esto, no ayuda nada ir comprobando cómo nuestros administradores despilfarraron nuestro dinero viviendo por encima de nuestras posibilidades. Todo está muy mal y por mucho que nos digan que las cosas van un poco mejor, lo cierto es que no terminamos de verlo. Estamos cansados de hablar de tanta crisis y no entendemos por qué nuestros gobernantes no acaban con ella de una vez; por qué no solucionan lo del paro o lo de los recortes o lo de las injusticias y por qué -al final- los que pagamos somos siempre los mismos.

Y, ante tanta contradicción, solo nos queda una respuesta: los políticos no solucionan nada porque, en realidad, son parte del problema. Todos ellos. Sin excepción. Son parte del problema, en primer lugar, porque viven de espaldas a la mayoría; en una especie de burbuja de privilegios y favores mutuos. Por eso se tapan unos a otros, por eso tienen comprada a la prensa y por eso siempre tienen la justicia de su lado. Y por eso -en segundo lugar- aquí nunca pasa nada: por más escándalos que estallen, aquí nadie sabe nada, nadie va a la cárcel y nadie devuelve lo que robó. Pero lo sorprendente es que -en tercer lugar- la culpa es también nuestra porque somos nosotros los que los seguimos votando y pensando que los de enfrente están peor que los nuestros y -total, como son todos iguales- pues mejor será lo malo conocido que lo bueno por conocer y así seguimos desesperados porque nada está cambiando cuando la realidad es muy distinta. La realidad es que todo está cambiando y nada es lo que era.

Pues claro que sí: las cosas están cambiando y mucho. Para empezar, eso de que seguimos votando a los de siempre no es verdad. Analicen, analicen la evolución del voto real de los últimos años y verán cómo el apoyo a los mismos es cada vez menor. (Por no hablar de la valoración de esos mismos y les pongo solo un ejemplo: dos presidentes -Suárez y Marqués- que se fueron por la puerta de atrás y ahora reciben homenajes.) En fin; somos así y puede que seamos corderos, pero ya no creemos en las vacas sagradas. O, si lo prefieren, ya no creemos en las mismas vacas sagradas de siempre: todos sabemos ya cómo funcionan los bancos -perdonando deudas solo depende a quien-, todos comprobamos cómo los medios utilizan el palo o la zanahoria según les convenga (y, de paso, se dejan arreglar las cuentas) y todos entendemos que los despilfarros públicos ya no se arreglan despilfarrando más y más. Y para terminar con los cambios, ahora ya ni siquiera nos vale eso de que nadie importante va nunca a la cárcel; hagan números: ministros, diputados, empresarios, directores de la guardia civil, amigos del Rey, consejeros… todos pasaron por allí.

Dejarse llevar es cómodo. Pero cuando comprobamos que nos llevan al precipicio, no nos queda más remedio que despertar. Y madurar. Y pensar que esto solo se arregla con mucho cuidadín: sin estridencias, sin cheques en blanco y sin soluciones mágicas pero con valentía y, en definitiva, tomándonos más en serio las elecciones y las instituciones y sacando de ellas a los sinvergüenzas. Esa es la única solución: desmontar entre todos la bolera a los corruptos, a los mediocres y a los incapaces para que -mientras todos seguimos jugando- la partida empiecen a ganarla los mejores y no los más tramposos y para que nadie siga viviendo con nuestro dinero (y nuestros votos) por encima de nuestras posibilidades.

Comparte:
  • Print
  • Add to favorites
  • RSS
  • Digg
  • Facebook
  • Google Bookmarks
  • Bitacoras.com
  • email
  • Live
  • MySpace
  • Netvibes
  • Technorati
  • Twitter