16:17. VIERNES 28 DE FEBRERO DE 2020

Presuntos indignados

Opinión
17 junio, 2011
Antonio Pérez Henares

El voto no es el final de la democracia, pero sí su principio, su piedra angular y el cimiento del edificio democrático. Nada más cierto que tras la urna hay vida, que es imprescindible que haya participación y que la sociedad ha de tener cauces para esa posterior intervención en la vida pública y política tras depositar su papeleta y elegir a sus representantes. Pero la aberración de pretender suplantar ese origen de legitimidad, el del voto, el de un hombre-un voto, por fórmulas coactivas, apellidadas de la manera que se quiera, es el preludio del totalitarismo y la negación misma de la democracia.

El Movimiento 15-M tuvo su origen en el descontento con la casta política, con sus hábitos y su primera exigencia de cambiarlos, de mayor participación, de mayor democracia en suma despertó simpatías generalizadas. Situado esencialmente en el campo de la izquierda supuso y ha de suponer una reflexión y acción posterior en lo que ha de ser un muy diferente mensaje a los ciudadanos y sobre todo a sus propios votantes, perplejos ‘indignados’ ante la asunción de postulados que chocan frontalmente con sus principios esenciales.

Hasta ahí bien. Nada que objetar y mucho que aplaudir a esa toma de conciencia y ese protagonismo en buena parte joven en el debate y en la acción. Pero algo muy grave se ha torcido y amenaza hoy a todos y a los primeros a quienes los iniciaron.

La primera cuestión de fondo y forma es que no cabe pretender suplantar la voluntad del pueblo soberano depositada en una urna por una asamblea de manos alzadas por unos cuantos en una plaza. Los de la plaza se representan únicamente a sí mismos aunque no se sientan por los otros representados. La segunda es que confundir la crítica al ejercicio de la política con negar la legitimidad de unos cargos electos que sí representan a miles y millones de personas que los ha elegido.

Y de ello se ha pasado, casi inevitablemente, a la actual situación donde ese origen del movimiento ha sido violentado, deformado y luego secuestrado por algo muy diferente y profundamente negativo. Los derechos de manifestación no son los de coacción, ni ocupar cuando a cada uno nos venga en gana el espacio público, ni incumplir las leyes que nos obligan a todos. Eso no es Más Democracia, eso es antidemocrático. Los derechos y las libertades acaban donde empiezan los de los demás.

Las alarmas se fueron poco a poco encendiendo y cada vez han ido parpadeando con mayor fuerza. La pretensión de cercar el Congreso, el acoso y persecución a los concejales que iban tomar posesión de sus cargos y ahora la violencia, porque es violencia contra las personas y contra sus representados lo que ha perpetrado en Barcelona. La coacción y amenazas al alcalde de Madrid, a su mujer y sus tres hijos en la puerta de su casa, de la que nadie asume paternidad pero que es hija de este clima creado, concreta en una imagen la gravedad y calado de lo que sucede y de lo que puede acaecer mañana. La borrokización y batasunización de España, porque por mucho que se clame que no existe parangón la imagen de esos bildus proetarras persiguiendo al concejal de Elorrio tiene un hilo de conducta directo y exacto con estas amenazas y acorralamiento a un alcalde a un concejal o a un diputado. Es  algo con lo que el 15-M ha de cortar, denunciar y erradicar sin excusa alguna de su seno.

Pero hay otras responsabilidades en esta preocupante deriva que no son del 15-M. La primera es del ministro Rubalcaba. Dejo aparte el asunto de la jornada de reflexión donde ya la situación, que tuvo un antes previsible, se le había desbordado. Su inacción, pues esta ha sido su única política ante lo que era una continua conculcación de leyes, derechos de los demás ciudadanos, preservar el normal desenvolvimiento de la actividad ciudadana, ha derivado en una impunidad absoluta, en un ciscarse completo en toda norma y ley, en una barra libre para la algarada y el acoso. El ministro ha hecho dejación total de sus funciones. Por cobardía política y por cálculo. Y todo finalmente se le ha vuelto en contra. Ahora tiene una complicadísima situación de incivismo y desprecio a las leyes.

En su cálculo y en el de otros de sus correligionarios ha estado y está el aprovechamiento de las inercias desatadas, una quimera que denota irrealidad y cierta desesperación ante la perdida del apoyo popular. Dirigir esas iras contra la ‘perversa’ derecha es la tentación. Sin percatarse que en esa diana están ellos también. Y, como ha probado en propias carnes, hasta Cayo Lara. Porque los grupúsculos que copan ahora las protestas están en otra cosa, en el antisistema, en la negación de la democracia.

Corresponsables, y no en pequeña medida han sido también determinados medios de comunicación, que han jaleado de manera insensata algunas derivas que ahora muestran su peor cara. Las teles ‘progres’, El País, el Mundo, sobre todo en su versión digital cuya línea editorial es cada vez más no solo diferente sino exactamente contraria a la del diario impreso y ‘Publico’, que parece creer que ahí está el manantial que salvará al zapaterismo moribundo, han desorbitado el acontecimiento, los han sobredimensionado y han permanecido ciegos voluntariamente ante sus excesos, su deriva cada vez más intolerante y extremista, sus hechos coactivos y han justificado acciones y hechos intolerables en un Estado de Derecho y en una Democracia. Han alentado y aplaudido lo que era un directo ataque a las personas, a la representatividad popular y a los votantes. Según sus más arrebatados voceros, el ser insultado, acosado, amenazado, perseguido, marcado y zarandeado, ‘va en el sueldo’. A tal irresponsabilidad se ha llegado. Quizás, ante la escalda en la gravedad de los hechos, algunos entiendan cuales son las líneas que jamás deben traspasarse y que han traspasado.

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