04:15. SáBADO 19 DE OCTUBRE DE 2019

Entrevista al Papa

Opinión
21 junio, 2014
ALEJANDRO SUÁREZ Coordinador de IU

En una entrevista concedida a una televisión, lo cual marca una clara apuesta por una forma de relación con la sociedad y, lo que es más importante, con las personas, el Papa se ha mostrado como uno de los políticos de más alto nivel que hoy existen en el mundo. Digo políticos porque esa es la vertiente del Papado a la que más relevancia quiero dar en este artículo. Hay otras por supuesto y de gran importancia. Su dimensión como Jefe espiritual del catolicismo es muy importante. Pero en esa entrevista se mostró un político de trascendencia histórica y eso es de agradecer en un momento en el que las jefaturas de estado dan personas tan mediocres como el Presidente Francés, nuestro Presidente o la insoportable levedad del ser político de nuestro Rey impuesto. La decepción que ha supuesto Obama tiene su fuerza motriz en su mediocridad intelectual. El Papa es todo lo contrario, lo cual no significa que su labor vaya a ser un éxito ni que su liderazgo pueda transformar algo, pero individualmente considerado el personaje político es de los de más densidad y sólo encuentra parangón en otros momentos históricos, desde luego no en un presente desprovisto de líderes y lleno de democracias deterioradas y sin proyecto estratégico. En la Europa de los mercaderes y políticos de paso histórico surge una figura que entiende la importancia política de lo inmaterial y emocional como los gestos simbólicos que realiza junto con líderes de otras religiones. Su visita a Tierra Santa es un ejemplo, y también, cómo la narra haciendo ver que en la humildad y el autoanálisis personal y colectivo solo se encuentran puntos de encuentro con otros, pues estos suelen ser comunes. La esencia del ser humano es común y el Papa lo detecta y sabe operar con ello. Su planteamiento sobre el fracaso de una economía que él denomina ‘idolátrica’ porque pone en el centro al dinero y, de ahí, la necesidad de la Política a la que denomina una “forma de amor” por lo que tiene de servicio público. Su planteamiento de apertura del Vaticano incorporando a su estructura de pensamiento a gentes de fuera del podrido aparato estatal de esa ciudad estado y la intuición que surge en el televidente de que, tras sus actos, hay grupos de personas de gran altura y no sólo católicas o cristianas. Calificar el Papa móvil de “lata de sardinas” y rechazarlono es un gesto ingenuo o campechano, no es sólo fruto de una concepción del amor a su gente, no, es un gesto político, es la apuesta por la forma democrática de gobierno, es la apuesta por la decisión colegiada, es la apuesta por la apertura. Y calificar la política como una forma de amor significa situarse en la concepción de que lo material está sustentado por lo emocional –algunos pensamos que en lo espiritual-y que sin eso no habrá transformación de la esencia. Proveer de horizontes, ilusión y mitos que nos alimenten y guíen el camino es tarea de los líderes. Ya hemos hablado en este periódico de como fue otro católico, Kennedy, el que alcanzó la luna creando Camelot.

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