17:45. SáBADO 19 DE OCTUBRE DE 2019

“La literatura es un ejercicio de sinceridad”

Entrevistas
2 agosto, 2014

Publica estos días el periodista y poeta Lauren García (Oviedo, 1977), ‘El castigo de los ángeles’, un segundo poemario que supone el estreno de la editorial Cuaderna Vía. Tremendo vozarrón el del poeta, que hace temblar las paredes y la espuma del café como si hubiese llegado por fin, en pleno verano, la tormenta. Amor y muerte en sus poemas, urgente megáfono para sus versos, nostalgia de aquellos tiempos que se han vivido ya y de aquellos que vendrán con la friolera del invierno.

.-Han pasado nueve años desde la publicación de su primer poemario, ‘Versos como sangre hirviendo’. ¿En qué ha cambiado su poesía?

Aquel poemario suponía un reencuentro con la juventud a base de metáforas que querían desbordarse, que pretendían ser un testimonio de una edad donde es difícil mantener cierta serenidad. El objetivo, quizá, era condensar y arropar esta serenidad en un verso. Este segundo libro, ‘El castigo de los ángeles’, pretende igualar o identificar la sobriedad con la emoción. Buscar ese equilibrio entre ambos conceptos, voluntaria o involuntariamente, pero siempre sin perder de vista la contundencia.

.-¿Por qué ese título, ‘El castigo de los ángeles’?

Pretende mostrar la elección de la literatura como premio, pero también como castigo. Escribiendo pensamos que estamos en las alturas. Pero es necesario bajar al suelo y penetrar en las entrañas del infierno para encontrar la materia prima con la que desatar la creatividad.

.-La primera parte, la llamada ‘El designio bordado del verso’ está llena de homenajes.

Claro, existen homenajes muy evidentes hacia poetas o situaciones que me tocaron de lleno: Miguel Hernández, Blas de Otero, incluso a las librerías de viejo, donde duermen y despiertan los libros. Dejo entrever, a través de ellos, el oficio de poeta como estructura paralela a la emoción. Porque el arma arrojadiza de un poema debe seguir siendo la emoción. Pasada la inocencia juvenil se sigue manteniendo la fe en la poesía.

.-Y en la segunda parte, ‘Brazos de auxilio’, el tema amoroso cobra protagonismo.

Sí, hay aquí una poesía desmitificadora de contenido amoroso. Rompe con los tópicos de la clásica poesía amorosa, tan manida. Es un canto a las relaciones humanas directas, sin intermediarios, y el abrazo que nos orienta para sentirnos acompañados tanto en la literatura como en la vida.

.-También está presente la reflexión sobre la muerte. ¿Como bálsamo de supervivencia, para sentirse vivo?

Una cosa es morir y otra muy distinta aceptarlo. La manera más adecuada para afrontar el día a día es emprender retos y ponerse a prueba a uno mismo en todo momento. Hay desafío en estos poemas que pretenden rasgar el interior de la muerte: el desquite emocional frente a lo que es inevitable. El verso aparece aquí como herencia despiadada, como viaje y poderosa tabla de salvación, como punto de partida y de llegada de la existencia, metáfora de la vida.

.-Háblenos de su percepción de Asturias como posible material poético.

Asturias es un lugar referencial en mi vida, como lo fue Madrid en mis tiempos de estudiante. Asturias es la región de poderío, la magnificencia de la naturaleza como forma geográfica que asusta y conmueve. También las calles del Oviedo Antiguo, escenario ineludible para mí, que vivo cerca, y es como una repetición sostenida de mi niñez.

.-Y Cudillero…

Cudillero es un lugar que me sobrecoge poéticamente. Hay un poema dedicado a la villa, que fue escrito involuntariamente después de una noche extraña y que da cuenta de la propia fuerza del enclave.

.-¿Dejaron huella los años madrileños?

Fueron años dorados y renegados de la juventud, del adolescente con convicciones y dudas. Esto queda patente en el poemario porque Madrid es una ciudad acogedora pero con una marca tenebrosa. Como el escenario del Café Central, un ambiente muy lírico donde sólo puedes dejar que la noche fluya. En cualquier caso, yo nunca quise escribir sobre Madrid. Fue Madrid, el Madrid de aquella etapa, quien me hizo escribir sobre ella.

.-¿Cómo es el día a día del poeta Lauren García, sus procesos creativos?

El trabajo de un poeta es muchas veces involuntario, espontáneo, de génesis natural. El del novelista, por ejemplo, requiere más constancia. El poeta alimenta la idea y la desarrolla con todo el mimo. Yo trato de mantener cierta coherencia en la estructura del poemario, similitud en el destino y unidad argumental. Dicen que cada libro de poemas forma parte de una etapa determinada de tu vida, un testimonio arrebatador de lo vivido. Es cierto.

.-¿Qué referentes o influencias maneja en ‘El castigo de los ángeles’?

La originalidad absoluta es una utopía. Siempre hay influencias, aunque yo intento que no sean palpables ni miméticas. Para mí la literatura es un ejercicio de sinceridad. En todo caso, estoy en deuda y proximidad con la generación del 27 (un elenco donde no hay poetas menores) o con el tono coloquial de la promoción del 50 y 60, que le habla al lector de tú a tú. Biedma, Claudio Rodríguez, Caballero Bonald, Celaya, Blas de Otero, son autores imprescindibles.

.-¿Algún contemporáneo?

Miguel Ángel Velasco o José Luis Rey, por citar dos que me gustan. En realidad, toda poesía tiene su razón de ser. El poeta es libre.

.-Rescato un verso de su poemario: ‘La venganza está en mi canto’.

Lo divino necesita de lo humano y viceversa. Ese castigo que tenemos en nuestra condición de mortales exige una dosis de venganza que debemos aplicar a la literatura. No es una elección, llega como obligatoriedad total del destino. Ése es, precisamente, el mismo canto que también me derrota a mí.

.-Por último, ¿cómo ves es el panorama editorial actual?

El tormento del escritor a la hora de buscar editorial puede convertirse en una odisea. Este libro llega de la mano de una editorial joven, con mucho proyecto detrás. Los libros de poesía se defienden a base de la capacidad que poseen para relacionarse con el lector. Dice Goytisolo: ‘El orgullo son los poemas’. Esto es más sugerente y desnivelador que todo lo que hay detrás del mundo editorial o los premios que se otorgan, que muchas veces no parecen ser garantía de calidad ni motivo de vanagloria. En cualquier caso, yo no estoy en literatura para competir ni para tratar de superar a nadie.

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