23:43. VIERNES 20 DE SEPTIEMBRE DE 2019

Cacicada y pucherazo

Editorial
29 julio, 2014

Mariano Rajoy está decidido a alterar las reglas del juego democrático cuando tan solo faltan ocho meses para una nueva convocatoria electoral. La reforma de la Ley Electoral que plantea el presidente del gobierno, convertiría automáticamente en alcalde al cabeza de lista o candidato más votado en las próximas elecciones municipales. Aunque su intención pueda parecer loable y atractiva para los electores, la reforma que plantea tiene connotaciones oportunistas que benefician, principalmente, al Partido Popular.

Una reforma de ese calado, requiere de un amplio consenso político, y el suficiente tiempo para analizar sus efectos. Sin embargo, Rajoy pretende aplicar la reforma que propone, de manera unilateral, y con un procedimiento ‘exprés’ que delata sus intenciones. No es aceptable, de ningún modo, que la reforma electoral solo le interese a un partido que tras las elecciones europeas le ha visto las orejas al lobo, y ahora solo pretende blindar su cuota de poder en miles de ayuntamientos.
Lo de Rajoy, no es una reforma, más bien es un decreto ley y una medida preventiva ante el cambio de ciclo político que alumbró las pasadas elecciones europeas. El PP solo obtuvo un porcentaje del 26% de los votos y el PSOE el 23%. Por primera vez, el bipartidismo quedó tocado, y los dos principales partidos han entrado en una fase crepuscular. Por eso, Rajoy ha puesto sus barbas a remojo, y pretende que los ayuntamientos sean gobernados por el candidato de la lista más votada o por el candidato que obtenga el 40% de los votos. La ‘prima’ electoral urdida por Mariano Rajoy beneficia -sobremanera- al PP, pero también a la izquierda abertzale en el País Vasco y a Esquerra Republicana en Cataluña.

La fragmentación del voto, el fin de las mayorías absolutas, y la irrupción de Podemos, han propiciado un nuevo tiempo político, que podría poner muchas alcaldías en manos de los partidos de izquierda en el supuesto de que pactasen a dos o tres bandas. Sin embargo, el PP no tiene con quién a pactar, a excepción del PSOE, la ‘Gran Coalición’ que propuso Felipe González, para proteger los intereses mutuos de ambos partidos y preservar sus cuotas de poder. El Partido Popular gobierna en 34 de las 50 capitales de provincia. En las últimas elecciones municipales, fue el partido más votado en 19 capitales, y en otras 17 obtuvo entre el 40 y el 50% de los votos, tan solo en 6 capitales obtuvo un porcentaje inferior al 40%, una de ellas Oviedo (33,8%), y únicamente en 10 capitales, fundamentalmente en Cataluña y El País Vasco, obtuvo menos del 10% de los votos. En números redondos, el PP gobierna en unos 3.600 ayuntamientos y el PSOE en unos 2.500, en total suman 6.100 de los 8.111 ayuntamientos que hay en España.

La reforma-decreto de Rajoy, que daría las alcaldías a las minorías más votadas y que conduciría a muchos ayuntamientos a situaciones de ingobernabilidad y prorrogas presupuestarias, ante una oposición en mayoría; invita a pensar porque el presidente del Gobierno no aplica la misma ‘receta’ para elegir a los presidentes de las autonomías o al propio jefe del Gobierno. Y ya puestos a ‘regenerar’ y modificar, tal vez sea más importante para los ciudadanos promover listas abiertas y reformar la Ley D’Hondt, que la elección de un alcalde por un procedimiento que huele a cacicada y pucherazo.

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