14:05. JUEVES 21 DE NOVIEMBRE DE 2019

Madera podrida

Política
30 septiembre, 2014
DAVID ASCASO

LA ASTURIAS DEL DESPILFARRO (8)

Centro de la Madera de Carbayín

En 2007, fue ‘inaugurado’ el Centro Tecnológico y Forestal de la Madera (Cetema) de Carbayín, en Siero. Había costado 1,5 millones de los Fondos Mineros (400.000 euros más de los presupuestados) y, en teoría, garantizaba la creación de empleo para la parroquia de Santa Marta, aunque nadie explicó nunca los vecinos, como iba a beneficiarles la puesta en marcha del centro de ‘estudios madereros’. Siete años después, el edificio sigue cerrado y abandonado, aunque hay planes a corto plazo para adecentarlo. El Principado adjudicó hace un mes las obras necesarias por 807.000 euros (más de 50% del precio del inmueble) para rehabilitarlo, y reponer las tuberías, los cables y las ventanas arrancadas. Además, se construyó a un kilómetro de la red de aguas, en un alarde de planificación. La nueva inversión no asegura la actividad para el Cetema, ni una mejora para los vecinos de Siero. Al menos, si se colocan cerraduras nuevas, los gamberros ya no podrán campar a sus anchas por el interior de una de las ‘joyas’ de la reindustralización, que hasta ahora, solo han servido para gastar dinero público sin medida, ni resultados.

Hace siete años, el Principado tenía mucho interés en estrenar las instalaciones. En abril, con las obras aún en marcha, y a un mes de las elecciones autonómicas, solicitó la cesión del edificio al Ayuntamiento de Siero, para acelerar la entrada en servicio del Cetema. Después de la cita con las urnas, el gobierno autonómico se olvidó del Carbayín, de Santa Marta y de la madera. Eabril de 2008, el Centro Tecnológico comenzó a funcionar, pero a 40 kilómetros, en las instalaciones que el Servicio de Investigación y Desarrollo Agroalimentario (Serida) tiene en Siero. Como es habitual, se llegaron a barajar otras alternativas, como una ‘escuela de ventas’ y talleres gestionada por el IDEPA. La ida partió de la Fundación Comarcas Mineras (Fucomi), pero fue rechazada por el Principado, por ser demasiado cara.

Tras las quejas de los vecinos, del consistorio y las visitas de diputados del PP al concejo, para denunciar el “total abandono”, el Principado recuperó la memoria. De repente, todo fueron promesas, plazos y compromisos. Hace un año, el Ayuntamiento autorizó la cesión definitiva de los terrenos, y el gobierno concedió al Cetemas el dinero necesario para la rehabilitación. El consejero de Economía y Empleo, se reunió el pasado mes de febrero con los vecinos, en el centro social del pueblo, asegurando que “tiene que haber una hecatombe para que a finales de año, o esté todo funcionando”. La hecatombe resultó ser la lentitud y la parsimonia del ejecutivo para licitar y adjudicar las obras necesarias. Entre la visita del consejero y la adjudicación, pasaron ocho meses, las obras aún no han comenzado y además el plazo de ejecución es de medio año. Finaliza justo antes de las próximas elecciones autonómicas.

Pero, ¿qué falta en el Carbayín? Ahora resulta que tras invertir 1,5 millones, los accesos no están preparados para el paso de camiones, que la potencia eléctrica es demasiado baja, y además, tiene que modificarse la estructura. Si el problema no se abordó antes, fue por el alto coste, 1,5 millones, tanto como el coste del edificio. “Una cuantía que pone los pelos de punta”. Y la frase no es de ningún vecino, si no del mismo Graciano Torre. Al final, ‘solo’ costará 807.000 euros, si no hay sorpresas. Y después habrá que comprobar si todo está en orden, adquirir el material necesario y realizar el traslado desde Grado a Siero. Tras siete años de total parálisis, abandonando el edificio a su suerte, a ningún vecino le extrañaría que tras las elecciones, el olvido volviera a apoderarse de la administración. Si ya no pueden confiar ni en la palabra del consejero de Industria, ¿qué pueden esperar del Centro de la Madera? A estar alturas, nada.

Un patatal de 150 millones

LA ASTURIAS DEL DESPILFARRO (7)

Centro de Estudios de El Entrego

Ningún técnico trabajó nunca en el Centro de Estudios Medioambientales de El Entrego (CEMPA). Ni un solo proyecto vio la luz en los laboratorios, vacíos durante 16 años, a la espera de un dinero que nunca llegó. El edificio, proyectado durante el gobierno de Antonio Trevín (PSOE), fue inaugurado en 1996 por Sergio Marqués (PP), cuando el actual consejero de Economía y Empleo, Graciano Torre, era alcalde de San Martín del Rey Aurelio. Desde entonces, la patata caliente fue pasando de un gobierno a otro, sin que nadie aportase una solución. Su destino final ha sido convertirse en un caro patatal, de 150 millones de las antiguas pesetas, toda una fortuna, a mediados de los 90. El Ayuntamiento, cansado de lidiar con un inmueble que se caía a pedazos, ordenó su derribo en 2012, para trocear la parcela municipal (6.000 metros cuadrados), y convertirla en 90 huertos urbanos que, por cierto, siguen sin existir.

Cuando fueron pasando los años y las legislaturas, y quedó claro que no habría presupuesto para poner en marcha un equipo de técnicos de estudios ambientales, comenzó el carrusel de ideas para sacar provecho de la inversión. Un centro de empleo, la sede de la Fundación Nuberu, un vivero de empresas de nuevas tecnologías, un ‘centro de recepción’ del espacio protegido de las Cuencas, o un ‘apéndice’ del cercano Museo de la Minería (Mumi), con bibliotecas, archivos y exposiciones, fueron algunas de las iniciativas anunciadas, coincidiendo siempre con la proximidad de las elecciones. Incluso se cedió su uso al Mumi, pero el museo tenía otras prioridades. Mientras los políticos discutían, el edificio era ‘limpiado’ a conciencia. Tuberías, cables, grifos… Cualquier pieza de metal voló, rumbo al chatarrero, sin que a nadie le importara mucho. Los marcos de las puertas fueron arrancados, y todo su interior parecía un campo de batalla.

En 2010, el Ayuntamiento de San Martín del Rey Aurelio recuperó la propiedad del CEMPA y echó cuentas. Solo los arreglos costarían 227.000 euros, a cargo, como no, de los Fondos Mineros. Un año después se elevaron los cálculos a 1,2 millones, necesarios para dejarlo en perfectas condiciones, y albergar ‘no se sabe qué’. Los ayuntamientos de las Cuencas se habían acostumbrado a disparar con pólvora ajena, gastando a manos llenas el dinero del Ministerio de Industria, pero los buenos tiempos se acabaron, y los socialistas aceptaron la solución más barata a propuesta del PP: el derribo. ‘Solo’ costó 31.000 euros, casi diez veces menos que adecentarlo. Pero la sombra del CEMPA no desapareció del todo. Se dejaron en pie algunos muros, para cobijar los huertos municipales, un entretenimiento para los prejubilados de la mina, a base de cultivar tomates y ‘fabes’, en pequeñas fincas 60 metros, con taquillas, aseos y casetas para guardar azadas y rastrillos. Pero todo quedó, una vez más, en una simple y esteril promesa incumplida.

Las denuncias de los vecinos a la Fiscalía, por las posibles irregularidades en la gestión del inexistente centro, fueron archivadas. Nadie respondió ante la ley por un edificio que se construyó para nada, y que se inauguró con cinta y pincheo, como es tradición. Poco tiempo después, el techo acristalado quedó reducido a migajas a base de pedradas, los azulejos fueron arrancados, y la maleza cubrió el suelo. De los 150 millones que costó, solo queda un muro, visible desde la carretera que lleva al Mumi, y también desde el paseo que bordea el río Nalón, como un machacón recordatorio del despilfarro y la inutilidad de los políticos, que nunca supieron qué hacer con él. El derribo también borró una pintada, que resume la decepción de las comarcas mineras. ‘PSOE=PP Non a los retallos (recortes) sociales’.

Un pozo sin fondo

LA ASTURIAS DEL DESPILFARRO (6)

Museo de la mina de montaña

Iba a ser el Parque Minero de Laviana. O el Centro de Interpretación de la Mina de Montaña. O un Ecomuseo, con apartamentos rurales. Proyectos y nombres tan huecos como los viejos edificios de la centenaria empresa minera Coto Musel, que a duras penas se mantienen en pie, entre Les Xinariegues, Mardana y Canzana, los pequeños núcleos rurales que rodean el valle de la Pola. El Ayuntamiento de Laviana, sempiterno feudo socialista (el PSOE gobierna sin oposición desde 1979), se propuso cambiar el carbón por el dinero de los turistas, a finales de los años 80. Entonces, la ‘fiebre’ de los museos, contagiada por los Fondos Mineros, aún no se había extendido por las cuencas. Pero el dinero tardó casi dos décadas en llegar. Y en vista del resultado, casi mejor que no hubiera llegado. Las ventanas rotas, los agujeros en el tejado, las papeleras arrancadas, y las viejas vagonetas volcadas y arrastradas monte abajo por los gamberros, forman parte del desolado paisaje de la vieja mina.

Hace seis años, el Principado destinó 900.000 euros al proyecto, aunque solo se invirtieron 636.000. Un dinero que sólo sirvió para mejorar los accesos, reconstruir la ‘casa de aseos’, y rehabilitar la bocamina y las viejas cuadras, donde vivían las mulas de carga. En 2010, el Ayuntamiento dio por finalizada la primera fase del Parque Minero. Pero cuando se marcharon los obreros, aún quedaba lo más importante: crear un museo. José Marciano Barreñada, alcalde en 2008, calculó que serían necesarios “alrededor de dos millones” más. No parecía una cifra disparatada ya que los Fondos Mineros asumían, como siempre, los gastos. Además, los ‘cuarteles mineros’ iban a convertirse en apartamentos rurales, que serían gestionados por empresas de la zona, creando, de paso, puestos de trabajo. Según el regidor, “la gente interesada en estos temas, podrá dormir en edificios con estructuras mineras”. Un fallo garrafal. Los únicos que pasan por allí, son los montañeros que paran a descansar en el área recreativa cercana, siguiendo la ruta que une El Sutu y el Picu La Vara, y que se acercan a contemplar el desastre. Parece que un huracán arrasó la vieja mina, levantando el tejado y rompiendo las ventanas. El consistorio pidió ayuda al Principado en varias ocasiones para reparar los boquetes, pero no llegó respuesta. Desde hace años, la maleza cubre los muros y tapa las ventanas.

El año pasado, el actual alcalde, Adrián Barbón, ofreció los edificios rehabilitados a la ‘iniciativa privada’, para negociar una cesión con algunos promotores. Pero nadie respondió. El pasado verano, amplió su oferta a “colectivos sociales y movimientos asociativos”. Otro nuevo fracaso. Solo una empresa de turismo rural se interesó, pero al conocer el estado de las instalaciones, en ruinas se marchó dando un portazo. El Ayuntamiento reconoce que no dispone de presupuesto para completar el proyecto, y nadie parece dispuesto cargar con el muerto y rascarse el bolsillo. Aunque para el consistorio, las instalaciones solo necesitan una ‘puesta a punto’, el problema es que solo hay edificios vacíos en mitad de la nada. La bocamina está cerrada con una verja, varios bancos han desaparecido, el pavimento de los accesos se ha levantado, y tras los centenarios muros, no hay más que charcos y musgo. El fracasado Museo de la Mina no tiene vitrinas, ni picos y palas, ni una triste infografía, aunque el proyecto lleva dando vueltas por el salón de plenos municipal desde hace casi 30 años. Siendo realistas, devolverlo a un cajón puede ser la solución menos costosa. Solo reparar los desperfectos supondría varios cientos de miles de euros, por no hablar del mantenimiento y el personal. Laviana, y la minería de montaña, se han quedado sin un centro de interpretación, que tiene un futuro tan negro como el carbón.

Vergüenza municipal

LA ASTURIAS DEL DESPILFARRO (5)

Casa de Encuentros de Corvera�

En Corvera se levantaba, hasta el año pasado, uno de los ejemplos más vergonzosos del despilfarro en el Principado. Era la Casa de Encuentros, una mole de ladrillo y hormigón, que se tragó 1,8 millones de euros y que desapareció aniquilada por la piqueta del Ayuntamiento, que intentó enterrar un mal recuerdo. El consistorio, en 1999, quería un nuevo equipamiento, el Plan Urban puso el dinero, y qué mejor ocurrencia que convocar un concurso internacional de ideas para levantar un edificio ‘singular’, para albergar las oficinas de Cruz Roja, Amnistía Internacional, y otras ONGs del pequeño concejo, con apenas 16.000 vecinos. El arquitecto gijonés, Vicente Faixait, y un estudio japonés (el punto exótico de la historia) ganaron el concurso, y la empresa Corsán comenzó a construir el inmueble, medio enterrado, en Los Campos. Contaban con 1,2 millones de euros, y una superficie de 1.000 metros cuadrados. El consistorio amplió la superficie a 1.500 metros, y corrió con el sobrecoste, 400.000 euros más, que al final creció hasta los 600.000. A partir de entonces, comenzaron los desencuentros.

Los modificados afectaron a la estructura, no se construyó el saneamiento, y el edificio quedó ‘tocado’. El director de la obra intentó bajarse del carro en 2001, pidiendo la rescisión del contrato por graves defectos en la ejecución del proyecto. La solución del Ayuntamiento, fue adjudicar un modificado de obra, a la misma constructora. En 2003, por fin, el consistorio recepcionó las obras… a medias. Quedaba por ejecutar otro medio millón, a cargo del gobierno local, que nunca llegó a hacerse realidad. Entonces, la Cámara de Comercio entró en escena, firmando un convenio para gestionar las instalaciones. Pero todo quedó en papel mojado. Otro fracaso más.

Durante una década, mientras la empresa y el Ayuntamiento pleiteaban por los flecos pendientes del contrato, los vándalos convirtieron la Casa de Encuentros en su patio de juegos: pintadas, hogueras, destrozos, cristales rotos, botellones… Mientras tanto, el sillón del alcalde no dejaba de cambiar de dueño. Victor Manuel León (PSOE) dio paso a Severino Zapico (PSOE), a quien sustituyó Luis Belarmino Moro (Unión Social y Progresista de Corvera), que contaba con el apoyo del PP. Después llegó José Luis Vega, (PSOE), a quien sucedió, de nuevo, Luis Belarmino (USPC), respaldado una vez más por el PP, y finalmente llegó José Luis Vega, también socialista, quien dio el finiquito a la obra convertida en una vergüenza municipal. Para UPSC y el PP, la culpa era de los alcaldes manirrotos del PSOE. Para los socialistas, fueron los otros gobiernos, quienes dejaron morir la Casa de Encuentros de inanición, por falta de dinero, arreglos, y proyecto. Al final, el consistorio cortó por lo sano, pidió la declaración de ruina, y la consiguió sin problemas. Meter la pala costó otros 27.000 euros, para evitar seguir teniendo un vertedero en mitad de Corvera, sin uso ni futuro. La demolición contó con el beneplácito de los servicios jurídicos municipales, aunque se plantearon dudas lógicas. La mayoría del dinero había llegado desde la UE. Al final, se hizo oídos sordos a las advertencias, y se tiró ‘palante’. Pero la polémica no murió con el derribo. Los escombros fueron utilizados como material de relleno para nivelar el ‘prao de la fiesta’, incumpliendo el plan de residuos. Hasta el Seprona le metió una denuncia al gobierno local, que aún no se ha resuelto, y podría costarle aún más dinero a Corvera. Mientras tanto, los vecinos ahora pasean sobre los restos de la Casa de Encuentros, enterrada debajo del prao de las verbenas.

Una Azucarera ‘maldita’

LA ASTURIAS DEL DESPILFARRO (4)

Azucarera de Pravia
A nadie le amarga un dulce. Eso pensaban en Pravia cuando el Principado y el consistorio anunciaron, a coro, una inversión de 5 millones de euros en el viejo edificio de la Azucarera. Pero la restauración es un proyecto maldito. En 2005, un rayo partió en dos la vieja chimenea, de 45 metros de alto, y los agoreros lo interpretaron como una señal de mala suerte. Acertaron. Las obras se iniciaron unos meses después, pero se pararon en seco en 2010, un año antes de la inauguración prevista. El dinero se agotó, y las empresas constructoras rechazaron seguir en el ‘tajo’ por amor al arte. Después, el Principado reclamó, por los contínuos retrasos, la devolución de las millonarias ayudas, el Ayuntamiento pleiteó (y ganó en los tribunales) y el alcalde, Antonio de Luis Solar, acaba de pasar por el banquillo acusado de fraude en las subvenciones concedidas para la rehabilitación de un edificio centenario. Tras ocho años de promesas, denuncias y polémicas, la Azucarera sigue cerrada, y han quedado olvidadas las promesas de empleo y mejores servicios para el concejo. El mismo cuento de siempre.

Pravia apenas llega a los 9.000 vecinos. En los años de esplendor, el presupuesto superaba los 9 millones de euros, pero ahora no alcanza los 6. Y aunque todo el dinero que consume el municipio en un año se desviase a la Azucarera, no sería suficiente para costear un ambicioso proyecto, que le quedó grande al Ayuntamiento. La Azucarera tiene más de 5.000 metros cuadrados de superficie, sitio de sobra para albergar los Juzgados. Y el Consejo Municipal de la Mujer. Y la oficinas del grupo de desarrollo rural Bajo Nalón. Y la Mancomunidad Cinco Villas. Y la Consejería de Agroganadería y Recursos Autóctonos en Pravia. Y un Vivero de Empresas. Y como no, un Museo dedicado al Salmón. Todo encajaba en la vieja fábrica. Pero, por ahora, solo ha servido como improvisado almacén de escombros.

Mientras tanto, los amigos de lo ajeno aprovecharon el parón de las obras para destripar el inmueble. Desaparecieron las tuberías y los canalones, todo el cobre, y hasta la cubierta del suelo. De paso, los vándalos se cargaron ventanas y claraboyas, abriendo el paso al agua, la humedad y la podredumbre de la madera. Como las obras se pararon de golpe, los operarios dejaron paredes a medio levantar, por donde se colaron los cacos, el viento y la lluvia, arrasando con todo. Las rejillas de ventilación y los tubos del aire acondicionado también ‘desaparecieron’, y los vecinos aseguran que “hasta había camionetas llevándose palés de azulejos”. Más de una familia alicató su casa con baldosas pagadas por el Principado. La falta de vigilancia, permitió que cientos de miles de euros, en material, salieran volando. Cuando el proyecto se retomó, a finales del año pasado, tuvieron que arreglarse todos los boquetes antes de seguir avanzando. Aún así, la centenaria fábrica, sigue ‘patas arriba’, y ha perdido su valor histórico, patrimonial e industrial.

La ‘regeneración’ de la zona, y la unión de la capital del concejo con los pueblos de Agones y Cañedo, los otros objetivos del proyecto, suena a retranca. Hay formas más útiles de dilapidar cinco millones de euros. Y lo que queda. Después de la obra, vendrá la compra de los muebles, el personal y el mantenimiento. A principios de siglo, la fábrica donde se transformaba la remolacha en azúcar, fue un fracaso, y cerró pocos años después de su inauguración. Cien años después, la historia se empeña en repetirse. Solo que esta vez, con dinero público gastado a mansalva en un edificio maldito y esquelético. Y para nada.

Un museo ‘de la leche’

LA ASTURIAS DEL DESPILFARRO (3)

Museo de la Lechería de Morcín�
Hace casi dos décadas que el carbón del Pozo Monsacro dejó de pasar por las enormes tolvas ubicadas en el concejo de Morcín. El Ayuntamiento ‘heredó’ una gigantesca mole de cemento tan larga como un campo de fútbol y tan alta como un edificio de seis pisos, plantado en mitad del monte, que sigue vacío. En su interior, las goteras forman grandes charcos y pudren puertas y ventanas, mientras fuera, el solar que iba a convertirse en su aparcamiento, es solo una finca llena de tierra y grava. Y así seguirá. No hay dinero en Madrid, ni en Asturias, y nadie sabe que hacer con el ‘tocho’ de hormigón que iba a convertise en un museo de ‘la leche’.

Los Fondos Mineros pusieron en manos del consistorio varios millones de euros, y a alguien se le ocurrió convertir un elemento singular de la arqueología industrial en una ‘sala de exposiciones’ de 1.000 metros cuadrados, dedicada a la lechería. Morcín ya cuenta con un Museo del Queso (55 metros cuadrados), pero quería contar con su propio ‘Calatrava’. Las obras costaron 1,7 millones, acabaron en 2009 y, desde entonces, la antigua y emblemática mina sigue vacía. El alcalde, Jesús Álvarez Barbao, es el padre de la criatura, aunque tras las promesas de empleo y turistas, ahora reniega de la inmensa mole. En 2011, anunció que sus puertas abrirían en 2012, previa inversión de 800.000 euros más para su equipamiento, también procedentes de los fondos aportados por Madrid. Pero llegó el PP, y se acabó el ‘cheque en blanco’ para las comarcas mineras. Después, el regidor intentó buscar otras alternativas. Trató de involucrar a las empresas del sector (sobre todo a Central Lechera Asturiana) para que pusiesen dinero a través de un patronato. No funcionó. Ahora se conforma con ubicar allí un centro de asociaciones vecinales y empresariales de Morcín. Lo que sea, con tal de dar uso a la estructura. Pero para un destino tan humilde, no hacía falta gastar 1,7 millones, una cantidad equivalente al presupuesto anual de todo el municipio, que llegó a gestionar 6 millones por ejercicio, con las cuentas engordadas verbigracia de los Fondos Mineros. Juan Carlos Fernández, portavoz de Foro en el Ayuntamiento, destaca que “el municipio no tiene capacidad para asumir el mantenimiento, ni el personal, ni la factura de la luz del futuro museo”. El gobierno local ni siquiera puede cambiar la caldera del colegio público, y mucho menos gastar 800.000 euros en rellenar el Museo de la Leche.

El ‘cuento de la lechera’ de Morcín se repite a lo largo de las cuencas mineras. Los millones procedentes de los fondos estatales se repartieron a manos llenas, pero nadie pensó en las consecuencias. El concejo tiene un campo de fútbol de hierba artificial, pero no puede asumir la factura de su iluminación, aunque se acogió a la ‘tarifa del último recurso’, la más barata posible.También pasa apuros para mantener la piscina, y el Centro de Día para personas mayores. El cierre de los pozos es ahora una losa para los presupuestos. El Consorcio de la Montaña Central, y los municipios de la cuenca del Caudal, no pusieron freno al despilfarro, y ahora tienen un patrimonio que no pueden gestionar.

El Museo de la Lechería se ha convertido en un mausoleo para protegerse del sol o la lluvia, cuando los senderistas recorren las rutas por el Monsacro. Un refugio, también para la feria de quesos, ya que los coches aparcan en el solar, sin asfaltar, que tendría que recibir a los visitantes. Y pasarán muchos años, hasta que el río Caudal baje limpio por Morcín, y tenga sentido construir un paseo fluvial (anunciado junto al Museo). Abandonado y maltrecho, al nonato museo ya le han salido goteras. La impermeabilización del interior fue un desastre, y el suelo de parquet ya se ha levantado en varias partes. También las puertas exteriores, reflejan cinco años de dejadez y olvido. La gigantesca mole de hormigón, por donde pasaron millones de toneladas de carbón, es hoy un esqueleto deshauciado. Y ni siquiera ha visto pasar ni una gota de leche.

Los animales están fuera…

LA ASTURIAS DEL DESPILFARRO (2)

Centro de Recuperación de Redes�

Al final de una estrecha carretera que se adentra en el Parque Natural de Redes, junto a una pequeña área recreativa, están enterrados más de 4,5 millones de euros. Camino de Ladines, y a unos cuatro kilómetros de Rioseco (Sobrescobio), el Principado decidió levantar un hospital para animales (Centro de Recuperación de la Fauna Salvaje), mitad clínica veterinaria, y mitad zoológico. Las obras comenzaron en 2007 y se detuvieron en el verano de 2010. Aunque parte de las instalaciones están finalizadas, quedan pendientes de ejecutar 2,5 millones más, una cantidad que coincide con el sobrecoste acumulado (35,8%). En los últimos cuatro años, solo ha tenido dos pacientes: Lara y Molinera, dos oseznas heridas. Las puertas se abrieron para recibirlas, y se cerraron a cal y canto cuando se recuperaron. En el interior, donde tenían que estar en funcionamiento quirófanos, laboratorios, aparatos de rayos X y salas de musculación para aves y mamíferos, solo hay un par de jaulas. Hacen falta, al menos, 617.500 euros más para equipar el Centro de Recuperación de la Fauna Salvaje, con cargo a los Fondos Mineros. Pero el Estado ha dejado de financiar proyectos a fondo perdido. En los Presupuestos Generales del Estado no hay dinero para el Centro de Recuperación de Redes, y en 2015 tampoco lo habrá. Mientras tanto, los caballos que pastan en fincas cercanas, se refugian de la lluvia en su hall, dejando un rastro de estiércol a su paso. Son los únicos ‘usuarios’ del inútil equipamiento.

Por Sobrescobio pasó Belén Fernández, en su etapa como consejera de Medio Ambiente, con las promesas de siempre: trabajo, actividad, un reclamo turístico para la zona… Pero a la hora de la verdad, las buenas palabras se quedaron en humo. No hay plazos para su apertura, y la maleza comienza a cubrir la valla y los desnudos muros del Centro de Recuperación de Redes, que contrastan con la frondosa vegetación. El ‘Castañeru Montés’, como conocen los vecinos el bosque que lo rodea, reclama su espacio, y va ganando terreno a un edificio que está plantado en mitad de la nada, como un bloque de hormigón.

¿Cómo iba a contribuir el Centro de Recuperación a la economía del concejo? Según el proyecto, los animales heridos que llegaran a él, y no pudieran ser devueltos a la vida salvaje, vivirían en un cercado de 8,5 hectáreas (la extensión del Campo San Francisco), rodeado por una senda peatonal, imitando el ‘cercado’ de la Senda del Oso. Y en sus aulas se harían talleres y charlas de educación ambiental, como complemento al Parque Natural de Redes. Pero todos los ‘extras’ del proyecto han quedado aparcados. María Jesús Álvarez, consejera de Agroganadería, anunció hace más de un año que la clínica comenzaría a abrirse por ‘fases’, pero en Sobrescobio siguen sin tener noticias. Según los cálculos de Ovidio Zapico, concejal de IU, “ya se han gastado casi 900 millones de pesetas”, uno por cada habitante del concejo. Aunque mañana el Estado desbloquease los Fondos Mineros y comprase el material necesario, el Principado no tiene presupuesto para contratar al personal y encargarse del mantenimiento. Lo más ‘cómodo’, para Asturias y Madrid, es olvidarse del Centro de Recuperación y dejarlo perdido en mitad del bosque de castaños. Cualquiera puede preguntarse qué utilidad puede tener un hospital para la fauna salvaje, sin pacientes. Por si fuera poco, a un par de kilómetros, iba a construirse el camping de Villamorey, también con cargo a los Fondos Mineros. Hace tres años, el Principado compró dos ‘praos’ (72.000 y 60.000 euros) y encargó un anteproyecto. En total, 140.000 euros gastados en balde. El Ayuntamiento anunció a principios de año que un empresario estaba interesado en retomar la iniciativa, pero nunca llegaron a concretarse las condiciones. Sin un cercado con osos, lobos, o al menos un par de raposos, acampar en Sobrescobio pierde atractivo. Y nadie está dispuesto a rascarse el bolsillo para financiar el resto del proyecto (2,5 millones) y el equipamiento médico (617.500 euros), aunque suponga el total abandono de otro inútil y costoso ‘cascarón’.

Un ‘sarcófago’ vacío

LA ASTURIAS DEL DESPILFARRO (1)

Centro Stephen Hawking�
Los prejubilados recorren la ‘ruta del colesterol’ a toda prisa, sin detenerse a mirar el gran armazón metálico, roído por el óxido. La chapa, llena de agujeros, da la impresión de haber sido carcomida por las termitas. Es solo uno de los muchos ‘cascarones’ abandonados que hay a lo largo y ancho de toda Asturias, y que forman parte del paisaje industrial de la cuenca del Nalón. Entre escombreras, castilletes y fábricas y naves cerradas, se levanta el Centro de Referencia Estatal de Discapacidades Neurológicas Stephen Hawking, un nombre rimbombante que hace honor al físico británico, que suena a chiste malo para los enfermos de ELA, los parapléjicos o los lesionados medulares. Bautizarlo con su nombre, fue pura propaganda. Igual que el viaje que Vicente Álvarez Areces hizo a Cambridge para fotografiarse junto a Hawking.

En 2007, cuando Zapatero mandaba en Madrid, Areces en Asturias, y la crisis era solo un mal augurio, el Ministerio de Sanidad eligió Barros, una pequeña parroquia de Langreo, con apenas un millar de habitantes, para construir una instalación y un equipamiento pionero. Albergaría a pacientes (90) e investigadores, y se convertiría en un referente mundial. Además, crearía empleo (150 puestos) y riqueza. Pero siete años después sólo es un sarcófago vacío que se ha tragado 13 millones de euros, y que tendría que haber abierto sus oxidadas puertas en 2011. Sin embargo, está hueco, y dotarlo del material necesario supondría gastar otros 2 millones de euros más. Demasiado caro. El gobierno del PP no quiere hacerse cargo de la herencia socialista, y pretende ponerlo en manos privadas. Que lo gestionen otros.

Cuatro ministros de Sanidad, tres presidentes del Principado y dos alcaldesas de Langreso se sucedieron en el cargo, mientras en la parcela cedida por el Ayuntamiento, las obras avanzaban a trompicones. Una de las constructoras entró en concurso de acreedores, y otra despidió a todos sus trabajadores. Malos presagios e interminables retrasos. 13 millones de euros empantanados entre caleyas, junto a la autovía del Nalón, la vía de Renfe y el Nalón. Y los desperfectos causados por el abandono, provocarán sobrecostes. Otro clásico de Asturias. La patata caliente ha ido pasando de unos políticos a otros, y ya nadie se atreve a fijar una fecha de apertura. Los arquitectos, Francisco Noguera y Antonio Guedán, pecando de grandonismo, definieron su obra como un “hito arquitectónico de referencia”. Y lo es. Una referencia de despilfarro y fracaso político. Enfermos y lesionados medulares se manifestaron junto al esqueleto de chapa metálica, formando una caravana de sillas de ruedas, que no llegó a ninguna parte. Recibieron buenas palabras, una palmadita en la espalda y adiós muy buenas.

La ilusión de los vecinos se ha convertido es un nuevo fiasco. Otra promesa incumplida. Otra decepción para las cuencas. Solo las letras atornilladas a la chapa de hierro (CRE Stephen Hawking Discapacidades Neurológicas) recuerdan el destino de más 2.100 millones de las difuntas pesetas, enterradas en un ‘sarcófago’ vacío. El ‘regalo’ que Zapatero le hizo a Areces, es una pesada carga, y otra oportunidad perdida para revitalizar la cuenca del Nalón. Madrid, o sea el gobierno de Rajoy, no rematará la faena, y cederá su gestión a una empresa privada. Y el Principado a verlas venir, ya que no tiene capacidad económica para concluir la obra, rematar los accesos, equipar su interior, y asumir su gestión. El Centro de Referencia Estatal de Discapacidades Neurológicas Stephen Hawkin Ya solo es atractivo para los chatarreros. Alguno ya habrá echado el ojo a toneladas de chapa y hierro, preguntándose cómo colarse y despiezarlas, para cargarlas en la furgoneta. Al menos, alguien sacaría beneficio del Centro de Referencia Estatal de Discapacidades Neurológicas, un monumento al fracaso político, a la falta de compromiso con Asturias, a la pésima gestión y una burla para miles de enfermos sin cura ni esperanza.

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