18:34. LUNES 14 DE OCTUBRE DE 2019

La honestidad perdida

Oviedo
30 septiembre, 2014

PP y PSOE se han empeñado en convertir la política en un estercolero. Mariano Rajoy y Pedro Sánchez se equivocan manteniendo una competición dialéctica para que la balanza de la corrupción se incline más hacía el lado del adversario. Los dos partidos que se han alternado en el gobierno desde 1977, hace ya tiempo que están bajo sospecha, y no han puesto fin a los bochornosos escándalos que se suceden en sus respectivas formaciones. El saqueo del dinero destinado a los cursos de formación en Andalucía, la trama Gürtel, los sobresueldos y el ‘dinero B’ de Génova, y ahora la ‘macrorredada’ de la ‘operación Púnica’, certifica que el poder está más corrompido de lo que pensábamos o imaginábamos. Por eso, son necesarias respuestas y actuaciones inmediatas, por parte de todos los grupos políticos, pero especialmente por parte de dos partidos minados por la corrupción desde los tiempos de Banca Catalana, Filesa, o el ‘caso Naseiro’. Suspender de militancia a los corruptos y pedir perdón al ‘estilo del Rey’, no es suficiente si el propósito de enmienda que hasta ahora no hemos visto, dado el continuo goteo de nuevos casos de corrupción; no va acompañado de un pacto anticorrupción que ponga fin al mangoneo en las instituciones.
Los últimos casos de corrupción, producen aún, mayor asco e indignación en la ciudadanía. Desde la codicia del ‘clan Pujol’; pasando por los 12 millones de euros que supuestamente tenía ocultos el alcalde de Barcelona, Xavier Trias; hasta el entramado delictivo que tenía montado el ex ‘número dos’ del PP en la comunidad de Madrid, Francisco Granados. El saqueo de las arcas públicas está, desgraciadamente, ‘institucionalizado’ en la política, y fundamentalmente en los partidos que han tenido, o tienen, responsabilidades de gobierno. El poder corrompe, y en España hay una tendencia adictiva a delinquir y a saquear el dinero de los contribuyentes. Así ha quedado reflejado en la ‘operación Púnica’, con arrestos ‘al por mayor’, entre ellos, seis alcaldes -cuatro del PP, uno del PSOE y uno de Unión Democrática Española- y el presidente de la Diputación de León; además del ex consejero de Interior y ‘hombre fuerte’ del PP en la comunidad de Madrid, Francisco Granados, que era el ‘cerebro’ de una organización criminal con ramificaciones, y ‘delegaciones’, en varias provincias y comunidades.

Gobierno y oposición, PP y PSOE, tienen que poner fin a tanta golfería, ya que pueden estar ante su última oportunidad, para redimirse de sus pecados y mangantes, ante los ojos de la ciudadanía. Para ello, entre otras medidas, es necesario endurecer el Código Penal con el fin de que los corruptos entren en prisión, y purgen entre rejas las penas que les sean impuestas, sin que ningún magistrado, de ninguna Audiencia, revoque las decisiones de los jueces. Hoy más que nunca, hacen faltas jueces, fiscales, y magistrados, valientes e independientes. En la misma dirección, es necesaria una profunda ‘limpieza interna’ y el saneo de las instituciones. Basta ya de actuar con total impunidad, protegidos, en miles de casos, con el chaleco antibalas del aforamiento o con la ‘inmunidad’ parlamentaria. Si todos los ciudadanos somos iguales ante la ley, ya va siendo hora -también- de cancelar los privilegios de sus señorías.

España se descompone (la Corona, Cataluña, corrupción…) y al mismo tiempo abona el terreno para los nacionalismos periféricos y los populismos demagogos. PP y PSOE están dando demasiadas facilidades a sus adversarios, ante la perplejidad de sus propios votantes. La degradación de la política no solo está dinamitando la intención de voto de populares y socialistas, también está erosionando la confianza de los españoles hacía todo un sistema que huele a podrido. En manos de Mariano Rajoy y Pedro Sánchez, está recuperar la honestidad perdida, aunque puede que ya sea demasiado tarde.

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