15:35. SáBADO 21 DE SEPTIEMBRE DE 2019

La Teoría del Todo Política

Opinión
31 enero, 2015
ALEJANDRO SUÁREZ Coordinador General de Izquierda Unida en Asturias

En Política, como en Física, se debería buscar la teoría unificadora de las Leyes que la gobiernan. Este ámbito del hacer humano está sin analizar, sin estudiar lo suficiente. Transitamos por la polí­tica, la padecemos y, como no la entendemos, los intereses de los poderosos siempre prevalecen en un perma­nente eterno retorno. La Física trata de unificar el mundo de lo muy grande con el mundo cuántico. Así deberíamos hacer para deconstruir la política y aprehenderla.

Dice Trillo-Figueroa, en su tesis doctoral sobre Shakes­peare, que el drama es el género artístico especialmente ade­cuado para representar la naturaleza del poder, de la política. Tres películas son especialmente complejas y adecuadas para analizar la sustancia de la política: la primera la dirigida por Andrzej Wajda sobre la vida de Lech Walesa, el líder sindical polaco. Ahí vemos el desmesurado poder del mito del tiempo nuevo, de la ilusión democrática como capaz de barrer todos los errores de la naturaleza humana, el papel del azar en to­da lucha social, la influencia de la psicología individual, el fe­roz deseo colectivo de creer en un mundo nuevo que otorga la convicción de que todo va a cambiar, cambiando el escena­rio y de actores, el peor de los errores siempre cometido. Otra película es ‘De Nicolás a Sarkozy’, sobre el ascenso al poder del que fuera Presidente de Francia. En ella vemos la parte del núcleo de la política que es pura lucha del poder por el poder, la política democrática sometida a la política de imagen, a las impresiones más sensitivas y emocionales como ya criticó Pla­tón. En definitiva los aspectos más instintivos de la política que tratamos de negar diciendo que son degeneraciones del hecho político. No lo son, son parte de su naturaleza y jamás las po­demos evitar. El tercer largo se titula ‘Presidente Mitterrand’: la política como actividad que no entendemos por no haberla estudiado. Y por no haberla entendido caemos en el escepti­cismo como estación término de toda una ilusión de transfor­mación política, nos dejamos ir a la duda y a la amargura. El olvido de los individuos, de las ideas. La velocidad social que nos impide no repetir la Historia.

Conocemos tanto de la Política como del Universo. Y el análisis histórico nos demuestra que existen pautas, Leyes. Volviendo a Trillo-Figueroa, desliza en su tesis doctoral que tras toda lucha política se encuentra la psicología humana, el individuo, la partícula fundamental de todo el universo po­lítico. De ahí la necesidad de una teoría política unificadora de lo más grande, lo macro político con lo más pequeño, la persona, que es tan compleja como un átomo o un cuanto de luz. Y he aquí la dificultad para avanzar en Ciencia Política y hasta que ésta no sea fiable, tendremos que acudir al Arte si no para entender por lo menos para intuir los hechos socio­políticos. Y es que el Arte será siempre nuestra tabla de salva­ción ante nuestros límites científicos. Por eso quiero terminar hablando del ‘Julio César’ de Shakespeare, la belleza con la que se acerca a la naturaleza del poder, las debilidades de la democracia, el peligro de los egos, es, sencillamente, la obra de un genio.

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