17:00. SáBADO 19 DE OCTUBRE DE 2019

“La Medicina es una especialidad de la Veterinaria que trata con animales humanos”

Entrevistas
23 febrero, 2015
PEDRO ALBERTO ÁLVAREZ

José Monteserín Corrales, ‘Pepe Monteserín’ para los amigos, y también de nombre artístico, es un escritor tardío y de pluma versátil. Con 41 años, publicó su primera novela (‘Mar de fondo’) y, desde entonces, ha cultivado la narrativa, los cuentos, el ensayo y hasta los libros de viaje, dedicados a su Pravia ‘patria querida’. ‘Bendice estos animales que vamos a recibir’, es la última ‘criatura’ literaria de este arquitecto con alma de escritor. El libro tiene hechuras de bestiario, y relata sus experiencias durante cuatro meses en los que recorrió España para entrevistarse con veterinarios de todo pelaje. A su labor literaria, Pepe Monteserín une su columna diaria en La Nueva España, y sus andanzas como cronista oficial de Pravia. Y entre lo uno y lo otro, tiene a medias varias novelas, algunas sin principio, y otras sin final.

.-Dedicó 111 días de ‘trabajo de campo’ para escribir su último li­bro. ¿Siente que ha hecho un más­ter en Veterinaria?

Digamos que me ilustré sobre Ve­terinaria, ahora al menos, sé de qué va.

.-Se entrevistó con más de 30 veterinarios…

Es un colectivo de profesionales inteligentes, muy bien preparados, tolerantes, generosos, de especial sensibilidad, y poco dotados para la economía y administración. To­dos son muy vocacionales, y aman profundamente a los animales.

.-Cuando un joven se matricu­la en Veterinaria, muchos padres lamentan que no lo haga en Medicina.

No deberían lamentarlo, si su hijo tiene vocación. Lo lamentable se­ría ser médico sin vocación. La Ve­terinaria no es un sucedáneo de la Medicina. Al contrario. Me atreve­ría a decir que la Medicina es una especialidad de la Veterinaria, que trata con animales humanos.

.-Ser médico de personas tiene más reconocimiento que ser mé­dico de animales.

-Entre personas sí, seguro que en­tre animales no.

.-Agunos veterinarios también acaban ‘tratando’ al dueño, cuan­do acuden a su consulta con su mascota.

Así me lo cuentan. Buena parte del trabajo del veterinario guarda rela­ción no sólo con la etología, tam­bién con la psicología.

.-Por cierto, ¿tiene mascota en su casa?

Tuve gatos y tengo dos tortugas. Pero mis verdaderas mascotas son los libros, y los animales humanos, cuanto más inteligentes mejor. Si tuviera que escoger, tendría una cacatúa ninfa o un cuervo, por aquello de que soy de Pravia.

.-Tras compartir tantas horas con los veterinarios y escuchar sus his­torias y experiencias, ¿cuál cree que es el animal más inteligente?

Si quitamos los humanos, y no to­dos, creo que uno de los más inte­ligentes es el burro. A las personas buenas deberíamos llamarlas bu­rros, y a los burros malos, llamar­los personas.

.-¿Le entraron ganas de hacerse vegetariano?

-Hay tres maneras de acercarse con amor a los animales. El vinciano el que los ama de manera innata, como Leonardo Da Vinci; el damasquino, los que se cayeron del caballo, se hicieron tras una ilu­minación, digamos, como Saulo en el camino de Damasco; y los em­plazados, según la distinción de la que habla mi amiga Asunción He­rrera, profesora de Ética en Ovie­do. A esos pertenezco.

.-¿Y en qué consiste esa ‘especialidad’?

Los llamados emplazados, entre los que me incluyo, son los que, paso a paso, se acercan al amor a los animales. Primero son car­nívoros, luego vegetarianos, lue­go veganos…

.-¿En qué fase está usted?

Desde que sé que las rosas llo­ran cuando alguien las corta y que los árboles crean feromonas para defenderse de los parásitos, voy a hacerme mineraliano, para alimentarme sólo de sopa de regodones.

.-Escribe de todo y ya tiene unos 30 libros publicados. ¿En la varie­dad está el gusto?

En la necesidad de expresarme está la variedad. En función del asunto que quiero contar, escojo el género.

.-Siempre tiene varios frentes abiertos.

Sí, siempre trabajo en más de un proyecto. Entre otras cosas y mi columna diaria en ‘La Nueva Es­paña’, estoy a punto de terminar una novela sobre una coral polifó­nica, y también un diccionario hu­morístico, de 800 páginas y más de cinco mil entradas, sobre retórica y literatura.

.-¿En qué o quién se ha inspirado para escribir una ‘enciclopedia del humor’?

En un diccionario tradicional, en un Diccionario del Diablo, como podría ser el de Ambrose Bierce, en una enciclopedia de textos clá­sicos, en una selección de chistes clasificados por temas… Todo eso junto, hilvanado, da forma al libro.

.-¿También está escribiendo teatro ?

Estoy empezando la adaptación de una obra de Vital Aza, ‘La pravia­na’, por encargo de la compañía de teatro Ververemos.

.-Además de escritor, ejerce de cronista de Pravia.

Asisto a todos los actos a los que me invitan, colaboro en lo que me piden, ‘pravianeo’, o sea, hablo y presumo de Pravia allá donde voy, como hice siempre… Soy un cronista atípico, entre otras cosas no soy jubilado ni lo seré, y todo el tiempo que tengo lo dedico para vivir de mi oficio, que es escribir.

.-Primero escribió ‘Crónica de Pra­via-2013’; después ‘Pravia, en 101 emociones’… ¿Cuándo completa­rá su trilogía sobre Pravia?

Preparo la crónica de 2014, y tra­bajo en la de 2015, además de un libro que titularé ‘101 rincones de Pravia’.

.-Sigue buscando editores para las novelas ‘Deshielo’, ‘Lobo de mar’ y para el diario‘Soy de lo peor’ . ¿Ca­da vez es más difícil encontrar una editorial, incluso para un autor reconocido como usted?

Depende de la meta que uno se proponga. Editores que me publi­quen los hay, pero también yo soy selectivo. No me vale cualquiera.

.-Con tantas libros en la ‘recáma­ra’, ¿no se plantea tomarse un descanso?

No. Trabajar en lo que a uno le gus­ta es una bendición, aunque no hay descanso; ésa es la maldición.

.-¿Hay alguna disciplina literaria que aún no cultive?

Tengo ganas de escribir una bio­grafía de algún personaje asturia­no, conocido o no, con una vida in­teresante o con una vida aburrida, eso me importa poco. Sería una biografía apasionante para mí y para el lector.

.-De profesión escritor, pero tam­bién por adicción…

Vivo de escribir; si dejase de ha­cerlo, me moriría de tristeza, y de hambre. Soy un escritor que em­pezó tarde y tengo que recuperar el tiempo perdido.

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