16:31. MARTES 16 DE JULIO DE 2019

Los muertos ‘ocultos’ de Ensidesa

Reportaje
24 julio, 2015
PEDRO ALBERTO ÁLVAREZ

El documental ‘Campaneros’, de Isaac Bazán, rescata la memoria de los obreros que levantaron la fábrica de Ensidesa. Muchos murieron entre sus cimientos.

En los años 50, las campanas de Avilés tocaban a muerto. Y no en las iglesias. La fábrica de Ensidesa, el gigante industrial de Asturias, se construyó sobre un suelo de barro y arenas movedizas, y cientos de hombres arriesgaron sus vidas pa­ra clavar en el fango los cimientos, que, aún hoy, mantienen en pie los altos hornos. Los llamaban ‘cam­paneros’, porque utilizaban gi­gantescas ‘campanas’ de hormigón armado, recubiertas de acero, pa­ra fijar los pilares en los pantanos cercanos a la ría. Muchos murie­ron en accidentes que el régimen de Franco censuró y silenció. Aún hoy, sus restos permanecen sepul­tados debajo de las chimeneas de la antigua Ensidesa.

El director de cine avilesino, Isaac Bazán, ha recuperado su memoria en el documental ‘Cam­paneros’, que cuenta las penurias de los emigrantes, llegados des­de Galicia, León o Zamora, y que se enfrentaban a la muerte cada día. Cinco supervivientes (dos ya fallecidos) recuerdan aquellos días. “Fue un trabajo duro, pero alguien tenía que hacerlo, y ade­más teníamos que comer”. Pilar García, de 86 años, que por enton­ces trabajaba en una metalurgia de Oviedo, aún recuerda las histo­rias que circulaban por la capital. “Trajeron a mucha gente de León, Extremadura, Andalucía y hasta de Portugal. Y se decía que, todas las semanas, muchos morían”. El profesor e investigador, Jorge Bogaerts, en su libro ‘El mundo social de Ensidesa’, calcula que hubo 50.000 desplazados, y cien­tos de muertos. La leyenda negra que corría por chigres y fábricas, silenciada por el franquismo, no era ningún mito, aunque incluso 60 años después, hay quien la nie­ga. En el informe ‘La Seguridad en la Siderurgia, el caso de Ensidesa’, redactado por una mutua de la Se­guridad Social, se afirma que “los accidentes fueron contados, y solo hubo algunos fallecidos”. La falta de una lista oficial de muertos, im­pide cifrar el número de víctimas en la construcción de los hornos de Ensidesa. No había sindicatos, ni papeles. Algunos de los obreros eran ex presidiarios que pagaron su libertad con la vida. Y otros, perdedores de la Guerra Civil, re­clutados como mano de obra precaria ­­­­­y barata. Pero también había campesinos que habían abandonado su terruño en busca de un futuro mejor. Los ‘campaneros’ malvivían hacinados en pobres barriadas, y casi aislados del resto de la sociedad. Cuanto menos supieran los vecinos de ellos, mejor. Así nadie los echaba en falta cuando desaparecían ahogados en el hormigón. Los avilesinos bautizaron a aquellos emigrantes como ‘coreanos’, porque llegaban a la comarca montados en largos trenes, y caminaban en filas arrastrando fardos con sus pocas pertenencias. A alguien le recordó la imagen de los desplazados por la Guerra de Corea (1950-1953) que había visto en el NODO.

A pesar de las continuas muer­tes en la construcción de la fabrico­na, el Régimen solo dejó constan­cia de un accidente. A finales de 1954, una filtración de agua provo­có una grieta en una de las ‘cam­panas’ de hormigón. En su interior, había seis obreros, cimentando a trece metros de profundidad. Las crónicas afirman que sus cuerpos fueron rescatados seis días des­pués. La noticia fue una excep­ción, y no solo porque la prensa reconoció el suceso. También por­que en otros accidentes fue impo­sible recuperar los cadáveres.

Diez años de obras para levan­tar Ensidesa y una larga lista de víc­timas anónimas. Mientras tanto, el ruido de los pilotes de hormigón, clavándose en la tierra, podía oir­se en cualquier lugar de la villa, de día y de noche. Los ‘coreanos’ y los ‘campaneros’ vivían en poblados, en las cercanías de las fábricas, las mis­mas barriadas que aún pueden ver­se, restauradas, en los márgenes de la autopista ‘Y’, poco antes de llegar a Avilés. Cuando no había barraco­nes suficientes para todos, dormían en los portales, bajo los hórreos o en la misma obra. La pobreza y la muerte fue el precio que Avilés pagó por el progreso. El 1953 el Goberna­dor Civil de Asturias, pidió a Madrid más policía, ya que los barracones parecían “una de esas ciudades del Salvaje Oeste”, y no dejaban de lle­gar trenes cargados de hombres que desconocían los peligros a los que tendrían que enfrentarse, sin medi­das de seguridad, y con boina en vez de casco.

El documental de Isaac Ba­zán cuenta una historia que du­rante mucho tiempo fue censura­da. Tras el franquismo, a nadie ya le interesaban las leyendas de los ‘campaneros’, los accidentes, las muertes no confesadas, y la san­gre que manchó los cimientos de la antigua Ensidesa. Pero Bazán, nieto de uno de los ‘campaneros’, salió a la búsqueda de supervivien­tes, que hoy superan los 80 años, para documentar una historia tan real como la vida misma.


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