04:06. MARTES 26 DE MAYO DE 2020

Nuevos derrumbes en la Cueva de La Lluera

Oviedo
7 agosto, 2011
DAVID ASCASO

El concejo de Oviedo también esconde sus propios tesoros del arte rupestre. La cueva de La Lluera, desconocida para la inmensa mayoría de los ovetenses, se encuentra en San Juan de Priorio, cerca de Las Caldas, sobre el cauce del río Nalón. Está considerada como el único santuario solar prehistórico del Principado y uno de los mejores de Europa, pero solo pudo abrirse al público durante tres cortos periodos de tiempo, entre 2008 y 2009. Los derrumbes que se produjeron en el interior de la gruta a principios de 2010, y que se han repetido durante el pasado invierno, impiden el acceso a esta pequeña joya del arte rupestre paleolítico -del mismo periodo que Tito Bustillo o El Pindal-, a solo 10 kilómetros de la capital asturiana.

La cueva, o más bien las cuevas de La Llueva, fueron exploradas en 1979, por el grupo de espeleología Polifemo, quien también descubrió las pinturas de arte rupestre de Llonín, en Peñamellera Alta. La gruta principal está compuesta por dos galerías, y se han encontrado más grabados en oquedades próximas, que podrían ser santuarios exteriores complementarios. Se han documentado caballos, bóvidos, representaciones de cabras, machos cabríos de grandes cuernos, ciervos, mamuts, bisontes y un importante número de grabados inacabados. Una de las ciervas mide casi un metro y medio de longitud, y el conjunto se completa con varias figuras geométricas, triángulos identificados como una arcaica representación de la feminidad y la fertilidad. Las investigaciones realizadas en la década de los 80 determinaron que tienen una antigüedad de 22.000 años -época solutrense- y lo más impresionante es que dependiendo de la hora del día, los rayos del sol inciden en uno u otro grupos de grabados. La luz del sol llega a todas las imágenes, y solo los las paredes de los rincones que están permanentemente en sombra, como el fondo de las galerías, no han sido talladas. La erosión natural ha borrado o difuminado muchos de los trazados, por lo que el número total de grabados podría ser mucho mayor de los identificados hasta ahora. La única forma de hacer un examen exhaustivo del conjunto, es aplicar nuevas técnicas con láser que permitan ‘barrer’ la cueva y descubrir las imágenes ocultas.

En 2007, la consejería de Cultura comenzó a trabajar para abrir la cueva al público, y en la Semana Santa y el verano de 2008, y entre julio y octubre de 2009, pequeños grupos de visitantes -entre 6 y 7 personas- pudieron acceder a las galerías principales, entrando en el milenario santuario. Al contrario de lo que ocurre con cuevas donde hay pinturas rupestres, que pueden estropearse con tan solo la respiración humana, los grabados no corren ningún peligro por la mera presencia del hombre, lo que permitió, durante algún tiempo, las visitas sin poner en peligro el patrimonio.

Este Bien de Interés Cultural (declarado en 1985), cuenta desde 2009 con un entorno de protección, tras el estudio de la Real Academia de las Artes de San Fernando y la Real Academia de la Historia. Sin embargo, la protección ‘institucional’ no ha podido impedir varios derrumbes que impiden el acceso a su interior desde 2010. La valla metálica, coronada por alambre de espino que evitaba actos vandálicos y accesos no controlados, también impide ahora que se produzcan accidentes en el interior de la cavidad. El pasado invierno, se vino abajo otra sección de la cueva, y tal como informan los guías de la Consejería de Cultura y Turismo, por el momento no hay una fecha para su reapertura.
La Asturias de los mamuts

En la Lluera, hace 22.000 años, los primitivos ‘asturianos’ veneraban las criaturas que cazaban y de las que se alimentaban. Las paredes de la galería son un catálogo de las especies, que tuvieron presencia en la zona hace más de 20.000 años. Los uros (similares a los toros, pero de mayor tamaño), son una de las imágenes más repetidas, junto a mamuts de grandes trompas. La manada de toros está tallada en perspectiva, algo poco frecuente, y puede ser una de las muestras de arte rupestre ‘en conjunto’ más antiguas datadas hasta la fecha. Las excavaciones arqueológicas sacaron a la luz estratos de distintos periodos, desde el solutrense, cuando se grabaron los dibujos, al magdaleniense y el aziliense. Entre las piezas halladas, se encuentran las herramientas de piedra con las que estos ‘artistas’ decoraban las paredes de este lugar de culto.

La Lluera no es la única cueva con grabados paleolíticos en sus paredes en la zona. A lo largo de la cuenca media del Nalón podemos encontrar Murciélagos, Entrefoces, La Viña, Las Caldas, Torneiros o El Conde, todas ellas con el mismo tiempo de obras prehistóricas. Pero La Lluera es única, por su condición de santuario solar exterior y por la cantidad y calidad de representaciones que contiene. Durante dos décadas, desde que acabaron las excavaciones arqueológicas en 1987, hasta 2007, cuando el Principado inició el proceso para permitir visitas en su interior, La Lluera permaneció olvidada. Y, dos años después, nuevos derrumbes han vuelto a impedir que los asturianos puedan visitar un lugar único y de un valor cultural e histórico incalculable. La Lluera está cerrada por tiempo indefinido, tan solo tres años después de ser visitada por primera vez.

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