07:36. MIéRCOLES 01 DE ABRIL DE 2020

El Rey saldrá al rescate de la política española

Editorial
3 enero, 2016
EL próximo miércoles se constituyen las nuevas Cortes, los diputados y senadores jurarán o prometerán sus cargos, y se iniciará el proceso de investidura del nuevo presidente del Gobierno. Pero a diferencia de anteriores legislaturas, donde la investidura del jefe de Gobierno era un cómodo paseo militar, el 13-E llega con la misma incertidumbre con la que se vivió la jornada electoral del 20-D. La ‘gran coalición’ a la alemana que ahora propone el PP, el pacto a la ‘portuguesa’ que trata de tejer el PSOE, un gobierno a la ‘italiana’ o a la ‘griega’ (con un independiente o tecnócrata al frente del ejecutivo) como reclama Podemos, o incluso un estrambótico gobierno a la ‘danesa’, inspirado en una serie de televisión (‘Borgen’), y que colocaría a Albert Rivera al frente del Gobierno; retratan el estado de confusión que subyace en la política española.

En las últimas elecciones, el bipartidismo quedó herido de muerte, y los españoles trocearon su voto entre cuatro partidos que se reparten 322 de los 350 escaños del Congreso de los Diputados. Se acabaron las mayorías absolutas, ningún partido está en condiciones de imponer sus reglas del juego, y es el momento de la inteligente negociación, el necesario consenso, y de anteponer el sentido del Estado sobre cualquier otro tipo de interés o desmesura. En tiempos de amplia cohabitación política, son necesarios, más que nunca, acuerdos que sumen el mayor número de voluntades y de fuerzas políticas, y que garanticen la estabilidad de un país que ya camina por la senda del crecimiento. Los mercados siempre penalizan la inestabilidad y la incertidumbre política. PP, PSOE, Podemos y Ciudadanos, tienen la responsabilidad de alcanzar un acuerdo que evite un adelanto electoral. Pero no a cualquier precio, teniendo en cuenta los antecedentes de anteriores presidentes de gobierno, que tras alcanzar la investidura, untaron de privilegios a Cataluña y al País Vasco, previo mercadeo de votos con los partidos nacionalistas. Pero a diferencia de Alemania, Holanda, Dinamarca, Bélgica, Portugal, o Reino Unido; en España no hay cultura política de grandes pactos o coaliciones a nivel nacional. En Europa se impone la política y los gobiernos pragmáticos, en España seguimos bajo la influencia de viejos estereotipos como la derecha o la izquierda. Aún así, Rajoy, Sánchez, Iglesias, y Rivera, están condenados a entenderse, para evitar una réplica -a nivel nacional- del callejón sin salida en el que Artur Mas ha metido a Cataluña.

En democracia, es deseable, o al menos lo es para la gran mayoría de los españoles, que gobierne el partido que más votos haya obtenido en las urnas; pero nuestro sistema establece que los presidente de gobierno y de autonomías, al igual que los alcaldes, son elegidos por los diputados y los concejales. Una anomalía democrática, en el debe de un país, que debe avanzar hacía una reforma de sus sagradas escrituras constitucionales, que fueron redactadas hace ya 40 años, y que necesitan una ‘operación’ de rejuvenecimiento, acorde a los tiempos en los que vivimos y al sentir de los ciudadanos.

Rajoy ganó las elecciones, aunque perdió 63 diputados y 3,7 millones de votos en relación a 2011. Y solo podrá gobernar, si los diputados del PSOE y Podemos, se abstienen en la votación de investidura. Pero con tan solo 123 escaños, y a 53 de la mayoría absoluta, el PP estaría obligado a negociar absolutamente todo, a fin de evitar un bloqueo político y una parálisis del Estado. Si Rajoy no consigue los apoyos que necesita para ser investido, el siguiente en la lista es Pedro Sánchez, que pese a haber perdido 20 diputados y 1,6 millones de votos, tiene plena legitimidad para tratar de formar gobierno mediante una ‘gran coalición’ de izquierdas. Pero el problema de Sánchez, además de las luchas internas que se han desatado por hacerse con el control del partido, es que tampoco le salen las cuentas, a no ser que sea capaz de engendrar un ‘Frankenstein’ político donde además de Podemos y lo queda de Izquierda Unida, abra también las puertas a los independentistas de ERC, a los abertzales y matones de Bildu, y a los nacionalistas del PNV. Nada que ver con el moderado frente de izquierdas que se ha hecho con el gobierno de Portugal, a través de una coalición formada por los socialistas, el Bloco de Esquerda -el Podemos portugués- y Los Verdes, a los que no se les pasa por la cabeza poner en marcha la independencia del Algarve o la autodeterminación de Aletenjo.

Con Pedro Sánchez a la desesperada, y con Pablo Iglesias poniendo un alto precio a sus 90 diputados -27 se los han prestado sus socios catalanes, gallegos y valencianos-, sabedor de que el PSOE nunca va a aceptar una referéndum que impulse la independencia de Cataluña, y que un adelanto electoral incrementaría la cuenta de votos de Podemos en detrimento del PSOE; es muy probable que el Rey, Don Felipe, trate de encauzar las revueltas aguas de la política española. Y aunque el Rey, solo propone, y no dispone, tiene capacidad para influir y evitar la “ruptura de la ley, y la imposición de una idea o de un proyecto sobre la voluntad de los demás españoles”. Los infames “muros” sobre los que discurseó en Oviedo. Tal vez, Don Felipe se haya reservado la última ‘línea roja’ para salir al rescate de la atribulada casta política española, perdida desde hace 20 días, en un laberinto sin salida.

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