02:26. MARTES 12 DE NOVIEMBRE DE 2019

El fracaso de la nueva y la vieja política

Editorial
29 febrero, 2016

Por primera vez en 39 años de democracia y do­ce elecciones generales, España sigue con un gobierno y un presidente en funciones, el as­pirante socialista ha fracasado en sus dos in­tentos de investidura, y ayer se abrió un largo periodo, de dos meses, para que sus señorías calmen sus ardores, rectifiquen y moderen sus exigencias, y sean ca­paces de tejer acuerdos para formar un gobierno estable, que es, en definitiva, lo que reclamamos los ciudadanos. En tiempos de prorrogas presupuestarias, podría decir­se que España ha entrado en prorroga gubernamental. Y así no se avanza en ninguna dirección. Un trance que, desgraciadamente, se va a prolongar hasta el 2 de mayo, y que, si nadie lo remedia, y los cuatro mosqueteros de la política española no dan su brazo a torcer, nos abocará a unas nuevas elecciones legislativas el 26 de junio. Espa­ña no se puede permitir 6 meses en blanco y a la deriva, con un gobierno en fase terminal, y una oposición de po­líticos novicios que se disputan el mismo espacio político. La vieja y la nueva política nos han conducido a un calle­jón sin salida.

75 días después del 20-D, la política española ha vuelto a la casilla de salida. Una situación inédita en nuestro país, ya que Leopoldo Calvo-Sotelo (1981) y José Luis Rodrí­guez Zapatero (2008) fueron investidos presidentes en la segunda votación. El Rey Felipe VI tiene ahora el difícil papel de abrir una segunda ronda de consultas con el fin de proponer a un nuevo aspirante o candidato a la presi­dencia. La Constitución no le obliga a ello, y podría dilatar las consultas hasta que las Cortes se disuelvan y la con­vocatoria de nuevas elecciones sea inevitable cuando ya se hayan agotado todos los plazos para formar gobierno; sin embargo, este proceder, de brazos cruzados, no estaría exento de voces críticas. Tras la espantada inicial de Ma­riano Rajoy, y las dos votaciones fallidas de Pedro Sán­chez, ¿puede el Rey volver a proponer a un candidato so­cialista que no ha obtenido la confianza de la cámara? La Constitución española no contempla este supuesto y no hay antecedentes de lo que hay que hacer en una situa­ción tan excepcional como la que vive, desde las últimas elecciones, nuestro país.

El cuadro de situación es el siguiente. PSOE y Ciudada­nos, contra PP y Podemos. El mundo y la política al revés. Ciudadanos ha pasado de ser una ‘marca blanca’ del PP, en definición de los socialistas, a “muleta” del PSOE, se­gún los populares y los podemitas. En la otra acera, PP y Podemos, han formado una espontánea ‘pinza’ que blo­quea la formación de un nuevo gobierno. Con los papeles invertidos, este cambio de ‘parejas’ dificulta cualquier tipo de acuerdo, y más aún tras los desgarros que han provo­cado los discursos de la primera votación de investidura. Pedro Sánchez se equivocó al plantear su investidura con carácter de moción de censura contra Mariano Rajoy. “O yo, o Rajoy”. La política del menos malo, o del mal me­nor. Albert Rivera se sumó a la causa, y ayer volvió a pe­dir la cabeza de Rajoy, que parece haberse convertido en un apestado al que nadie quiere. Pablo Iglesias también se equivocó al ‘desenterrar’ el lado oscuro del PSOE (los GAL, la guerra sucia contra ETA…), lo que ha aumenta­do las distancias que separan a dos partidos que compar­ten, aunque con matices, el mismo catecismo ideológico. En paralelo, y en el lance de las filias y fobias, Pablo Igle­sias también mandó otro recado al PSOE del mismo ca­lado, “o yo, o Albert Rivera”. Que lejos quedan aquellos tiempos cuando los dos políticos ‘emergentes’, Iglesias y Rivera, iban juntos a los platós de televisión. Ahora, su relación parece irreconciliable, de la misma manera que Rajoy ‘no se habla’, ni con Rivera, ni con el “bluff” de Pe­dro Sánchez.

Las limitaciones aritméticas del PP y el PSOE, y la total falta de entendimiento entre las cuatro partes en litigio, nos abocan a unas nuevas elecciones. Con 90 diputados, la peor cifra de los socialistas en casi 40 años de eleccio­nes generales, Pedro Sánchez no está en condiciones de formar gobierno, y así lo ha reconocido (“las fuerzas de la izquierda, no suman”). Sorprende, que quién apela al “mestizaje ideológico” para justificar su maridaje con Ciu­dadanos; excluya y desprecie sentarse a negociar con el primer partido en número de votos y de escaños. Pero solo una hipotética retirada de Mariano Rajoy, podría allanar el camino de una ‘tercera vía’ que desbloquee la actual si­tuación política. La ‘no’ investidura del aspirante socialista ha sido un trampantojo o ilusión óptica, ya que el voto fa­vorable de 130 diputados, está a años luz de los 176 votos que son necesarios para alcanzar la mayoría absoluta y, por consiguiente, poder formar gobierno. El PP tampoco está sobrado de apoyos, más bien está aislado y rumia su soledad en el parlamento.

En estas circunstancias, nada va a cambiar durante las próximas semanas. Se abre un periodo de nuevas nego­ciaciones en el que sería deseable que sus señorías hicie­sen borrón y cuenta nueva, pero no parece que vaya a ser así, más es probable, que ayer se haya iniciado una larga precampaña electoral hasta que el Rey se vea obligado a firmar la disolución de las Cortes. Sí así fuese, la nueva y la vieja política, habrán fracasado ya que no habrán cum­plido el mandato de los electores que trocearon sus votos, entre cuatro partidos, que ahora no son capaces de alcan­zar ningún tipo de acuerdo.

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