01:49. MIéRCOLES 26 DE FEBRERO DE 2020

“Sócrates ya citó los males de la democracia: corrupción, ocultación, partitocracia”

Entrevistas
18 marzo, 2016
PEDRO ALBERTO ÁLVAREZ

Durante casi medio siglo sobre los escenarios, se ha metido en la piel del Rey Lear, de Felipe IV, o de Orson Welles. Ha sido el comisario Ferrer en televisión, locutor de radio en Barcelona, y también actor de cine. Pero Jose María Pou (Mollet del Vallés, Barcelona, 1944) siempre regresa a las tablas del teatro, el lugar dónde se siente más cómodo, muy cerca del público, y sin intermediarios. Mañana, en el Jovellanos (20:30 horas), dará vida a Sócrates uno de los personajes que más le han apasionado, y con el que intenta transmitir toda la fuerza de sus lúcidos pensamientos críticos. El relato de ‘Sócrates, juicio y muerte de un ciudadano’, sigue estando plenamente vigente, aunque la historia -real- se desarrolló en Atenas hace 2.400 años.

.-Sócrates fue condenado por la democracia en la que creía. Un mensaje desalentador…

Sócrates fue la primera gran víctima de la democracia, sufrió un juicio injusto y falsas acusaciones de los envidiosos y los poderosos a quienes molestaba. Además fue sentenciado a una muerte peculiar, obligado a beber cicuta. El espectáculo pretende revisar lo que ocurrió.

.-¿Qué lección podemos aprender del filósofo?

Nos manda un aviso desde el pasado, y nos permite reflexionar sobre el presente, para que analicemos qué está ocurriendo a nuestro alrededor.

.-El juicio no deja en buen lugar a la incipiente democracia griega.

Aquella democracia también tenía sus defectos, era violentada y maltratada, y se cometieron atrocidades en su nombre. Si entonces ya estaba pervertida, ¿nosotros la hemos mejorado? ¿O la democracia es buena, y es el hombre quien la utiliza mal? Me inclino por lo segundo.

.-También explica en la obra que Sócrates no dijo aquello de ‘solo sé que no sé nada’.

Es solo un resumen, un eslogan publicitario de su pensamiento, extraído de un discurso mucho más largo. No nos podemos fiar ni de los libros de historia.

.-¿Trasladará su pensamiento al escenario?

Lo intento. Sócrates nunca bajó la cabeza ante el poder, y puso en práctica sus propias lecciones. Cuando el Oráculo le dijo que él era el hombre más sabio del mundo, interpretó que la sociedad estaba llena de políticos que creían saber de todo. Y él, consciente de que sabía muy poco o nada, era más sabio que ellos, porque al menos conocía sus limitaciones. Es una de las ideas que subyacen en la obra.

.-¿Es usted un admirador de Sócrates?

Lo soy. Buscaba la verdad y fue un ejemplo para todos. Enseñaba a los jóvenes sin cobrar ningún dinero, les animaba a buscar la verdad auténtica que se esconde siempre tras las sombras de la verdad oficial. Les instruía para que fueran quitando capa a capa, hasta llegar al centro de cada cuestión, cuestionándose todo.

.-¿Realmente fue tan honesto?

Vivía pobremente, andaba descalzo por las calles y no dudaba en cantarle las verdades hasta al ‘lucero del alba’. Así quedó reflejado su juicio, y así lo contamos ahora.

.-Ya que no es una obra de teatro sobre filosofía, ¿es sobre ciudadanía?

Exacto, sobre el juicio y muerte de un ciudadano. No nos ocupamos tanto del Sócrates filósofo, como del ateniense. Fue el padre de la filosofía, pero también una persona libre.

.-¿Quedan otros ‘Sócrates’ hoy en día?

Seguro que los hay. Son aquellos que no se contentan, que quieren hacer preguntas y pensar, y trasladar sus dudas a los demás.

.-¿Y dónde están?

Son pequeños Sócrates anónimos, presentes en las asociaciones de vecinos, en las concentraciones contra los desahucios o en las ONGs. Hacen una labor silenciosa y vital para todos.

.-También haría falta algún Sócrates público.

Los hecho en falta. Los intelectuales, filósofos y pensadores de nuestro tiempo están callados. Se han cobijado prudentemente en sus cuarteles de invierno, esperando que pase la tormenta. Me gustaría que alguno saliera a decir alguna verdad, pero probablemente, le molerían a palos, y le condenarían, como a Sócrates.

.-El filósofo citó la corrupción, la ocultación y la partitocracia como los males del sistema.

Como algunos de ellos, porque tiene más. Pero estos tres eran de los más importantes.

.-Pues no hemos avanzado mucho.

Cuando lo citamos en la obra, el público se da cuenta de que está asistiendo a la representación de una historia vigente.

.-Y con éxito. Ha agotado las entradas en todas las paradas de su gira.

Desde que el verano pasado ensayábamos en Mérida, antes del estreno, nos dimos cuenta de que esta obra iba a provocar reacciones. El texto y los actores, obligamos al público a reflexionar. Esta tarde, las personas que ocupen las butacas del Teatro Jovellanos, cuando hayan pasado solo 10 minutos, ya estarán cuestionándose muchas cosas, convertidos en la Asamblea de Atenas. Sócrates les interrogará y se dirigirá a ellos, y nadie se irá a su casa igual que ha venido.

.-Ha encontrado en Sócrates un gran personaje dramático.

Es curioso, porque Sócrates no existe como tal en la dramaturgia clásica. No hay ningún gran guión que hable de él. No es Edipo, ni Hamlet ni Otelo. Todos le conocemos, pero sabemos muy poco de él.

.-¿Es este el primer título sobre el filósofo?

Hay otra obra, de Adolfo Marsillach, estrenada en 1972, dirigida a una sociedad que aún vivía bajo el franquismo, y que sirvió para advertir sobre los males que pueden acompañar a las democracias. Es curioso que cuando queremos destacar los problemas de este sistema, siempre recordemos al pobre Sócrates.

.-No dejó nada por escrito. Eso ayuda a reinterpretar al personaje histórico.

Era otra muestra de humildad. Se negó a escribir una sola palabra, para que no fuera convertida en dogma. Prefería lanzarlas al aire, y que cada uno la interpretase.

.-Pero sí nos han llegado textos de sus alumnos.

De Platón o Jenofonte, entre otros. Y nos dan una visión cercana, y desconocida a la vez.

.-¿Los utilizó para construir su personaje?

Cuando me ofrecieron la posibilidad de interpretar a Sócrates, comencé el proceso de documentación. Revisé textos, pinturas y esculturas, para asumir parte de su personalidad y reinterpretarla como actor.

.-¿Y cómo era?

Al pensar en un filósofo nos imaginamos a alguien tranquilo, sentado y meditando. Con la cabeza apoyada en la mano y la mirada perdida. Sócrates era lo contrario. Inspirador, activo, pasional… Daba gritos y llegó a defender sus ideas a puñetazos. Intento que esa pasión se traslade al personaje, y que su vehemencia no pase desapercibida.

.-Es evidente que se siente cómodo en el papel.

Es un privilegio, como actor, encarnar a una de las personas más importantes, y más humildes de la Humanidad, y escuchar sus palabras a través del guión, en voz alta. Hacerlo ante 500, 800 o 1.000 personas, además, me llena de orgullo.

.-Más allá de los tópicos, ‘encaja’ usted con Sócrates, empezando por la edad.

Al empezar los ensayos, yo tenía 70 años, la edad en la que murió Sócrates. Por primera vez en casi medio siglo de actos, interpretaba a un personaje que coincidía con mi edad real. Y aquello me tocó y me hizo pensar. Los dos habíamos vivido 70 años, separados por 2.300 años de historia, pero ahora estábamos tan cerca…

.-Pero a los 70, Sócrates era un anciano. Y usted está en forma.

Teniendo en cuenta la esperanza de vida, cumplir los 70 años hace más de 20 siglos, era como tener ahora más de 100. Aún así, me siento cerca de él.

.-Ya ha superado al maestro, y aún le queda carrera por delante.

Me siento como si tuviera 18 años, y esa es mi actitud ante la vida.

.-¿Piensa ya en otras obras?

Siempre hay proyectos en mente. Se cuál será el siguiente paso, pero no qué vendrá después.

.-¿Y en el retiro?

Mentiría si le dijera que nunca lo he pensado. Pero se que está lejos.

.-Habrá algún personaje que se haya quedado con ganas de interpretar.

Tuve la suerte de ser el Rey Lear, un papel que desea cualquier actor, pero me quedé con las ganas de Cyrano de Bergerac. Nunca me llegó la oportunidad, y se me hizo tarde.

.-¿En qué obra la gustaría participar?

En cualquiera que quisiera ver como espectador. Cuando leo un guión, me imagino al otro lado, y me pregunto que sentiría formando parte del público.

.-Por ahora, tiene una cita mañana en el Teatro Jovellanos.

Es un lujo. El público de Gijón es profundamente teatral, y junto a Avilés, forma un polo cultural en Asturias. Aún recuerdo mis primeras actuaciones en el Jovellanos, en los años 70, cuando era un pipiolo que quería ser actor. Regresar siempre es emocionante.

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