05:56. JUEVES 09 DE ABRIL DE 2020

Lobo bueno, lobo malo

Asturias
3 junio, 2016

El lobo siempre ha sido el ‘malo’ del campo. Un animal maldito y el enemigo ‘número uno’ de los ganaderos. El lobo caza y mata para sobrevivir. Es ley de vida animal. Las gentes del campo, una vez más, han emprendido una cruzada contra el lobo. Los cazan, los atrapan, los torturan, y los matan. Si no hay piedad con los gal­gos, ni con los perros que algunos bestias arrastran en coches, menos piedad hay con los lobos que atacan al ganado para sobre­vivir. Desde hace unos días, cabezas de lobo cuelgan de las señales de tráfico. Un maca­bro y vergonzoso trofeo a la vista de todo el mundo. Y no es la primera vez que ocurre. En marzo, un lobo apareció atado a una se­ñal en Lena. Tenía un tiro en el cuello. Y dos meses después, otro lobo murió ahorcado, de nuevo en el concejo de Lena. Lobos tor­turados y salvajemente decapitados. Y al exterminio, hace tiempo que se sumó el Principado, que fusila a los lobos y estran­gula a sus pequeñas criaturas. En el paraíso natural matamos a los lobos a escopetazos, “extracción de lobos” que dice la consejera de Agricultura. En lo que va de año, han si­do “extraídos” 15 lobos, y hay otros 35 que están en el punto de mira de una carnicería programada.

Nadie ha demostrado que el lobo esté matando más que antes, ni ha explicado por qué, aparentemente, es más agresivo. Nadie, excepto el FAPAS. En un comple­to informe, el Fondo Para la Protección de Animales Salvajes, cifra la población de lo­bos entre 150 y 200 ejemplares, repartidos en unos 30 clanes, y recuerda que su princi­pal fuente de alimento, es la carroña. Antes, la encontraba libremente en el bosque, pe­ro ahora escasea. Los gobiernos, para evi­tar la enfermedad de las vacas locas, impi­den abandonar los cadáveres de reses en el monte, como se hacía desde hace milenios. Y al mismo tiempo, está bajando el núme­ro de ciervos y de otras presas naturales. Sin comida en su hábitat, el lobo hambrien­to la busca donde puede, en las granjas y pastos.

La política “caótica, indiscri­minada y ciega” del Principado, según el FA­PAS, ha teni­do un efecto negativo. Los cazadores, con licencia o sin ella, dividen las manadas, ma­tan a varios de sus miembros, y multi­plican el problema. Un lobo solitario, o en pareja, no tienen fuerza suficiente para matar un jabalí o un ciervo. Y si lo consiguen, tienen que enfrentarse a la competencia de otros depredadores, como buitres u osos, atraídos por el festín. Aunque tumben un venado, no pueden co­mérselo entero. Y lo mismo ocurre con un potro o un xato. Matan, pero no devoran. Y tienen que seguir su camino en busca de alimento, cada vez más lejos, explorando nuevas zonas de caza, y acercándose ca­da vez más al ser humano para aplacar el hambre. A la larga, un solo lobo, puede pro­vocar más daños que todo un clan.

Cuando los guardas acaban con los animales al norte de la Cordillera, las ma­nadas del sur ocupan su territorio. Y el pro­ceso se repite una y otra vez. No se puede luchar contra el instinto salvaje.El lo­bo, cada vez más acorralado, se­guirá luchando por sobre­vivir. Si no tiene carroña, ni una manada que lo ayude a cazar en el bos­que, buscará otras presas.

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