09:53. MIéRCOLES 08 DE ABRIL DE 2020

Dulce derrota

Política
27 junio, 2016
MARINA GARCÍA

El PSOE ha vuelto a perder, pero mantiene el segundo puesto en número de votos. Pedro Sánchez ha evitado el trágico ‘sorpasso’ que anunciaban todas las encuestas, incluida la del CIS. La estrategia de la polarización del voto, no funcionó, el PSOE aguantó el tipo, y Podemos fracasó en su ‘asalto’ al trono de la izquierda. Para los socialistas, el 27-J ha supuesto una nueva derrota -la segunda en seis meses-, pero al menos, con sabor a dulce derrota, pese a haber perdido otros cinco escaños, 120.000 votos, y haber empeorado -aún más- sus registros electorales que han vuelto a superar mínimos históricos.

El PSOE se hunde en toda España, incluso donde gobierna (Andalucía y Asturias), pero Pedro Sánchez ha vuelto a ganar a las encuestas, y los socialistas han conseguido mantener la segunda posición y el papel “de partido hegemónico de la izquierda”. Un magro consuelo, pero también un premio de consolación para un partido que ha evitado el temido ‘sorpasso’ que anunciaban todas las encuestas y pregonaban los contertulios, convertidos en ‘tropa’ y ‘avanzadilla’ al servicio de la nueva y la vieja política.

El PSOE ha perdido, pero ha resistido. El ‘gatillazo’ de Pablo Iglesias y el estrepitoso fracaso de Unidos Podemos, da oxigeno a Pedro Sánchez, pero también la primera derrota de Susana Díaz en el ‘fortín’ andaluz. Lo de Andalucía no es una derrota, es un vuelco donde más les duele a quienes anoche tenían la intención de ajusticiar al candidato doblemente perdedor. El ‘SOE’ de Susana Díaz ha perdido dos diputados y, desde anoche, el PP es el primer partido de Andalucía. Una dolorosa derrota que, en términos futboleros, es como sí el Sevilla perdiese en casa.

Superado el trance electoral, y convertida otra histórica derrota en dulce derrota, el PSOE ahora tendrá que decidir sí da el gobierno al PP, o bloquea la investidura de Mariano Rajoy y catapulta al país a unas terceras elecciones generales. Sin opciones de gobernar, Pedro Sánchez ha ganado la batalla interna y la batalla de la izquierda, pero no la guerra que se dirimía ayer en las urnas.

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