16:46. DOMINGO 15 DE SEPTIEMBRE DE 2019

“La mina era dura, pero la cárcel lo era más”

Medallas de Plata de Gijón
29 junio, 2016
PEDRO ÁLBERTO ÁLVAREZ

Camino de cumplir 90 años, la vi­da pasa factura a Gerardo Solis, ‘el Portu’ (herencia de su padre, un minero portugués), historia vi­va del comunismo asturiano. La vista y las fuerzas le fallan, y aún son visibles en su cuerpo las cica­trices de la mina y de la cárcel. Pero sus profundos ojos, velados por la edad, aún se encienden cuando re­cuerda la lucha obrera, los arrestos y las palizas. Lleva el nombre de sus torturadores grabado a fuego, y tampoco olvida a los compañeros que murieron. Por su defensa de las libertades y los derechos de los tra­bajadores, en los tiempos más os­curos de la dictadura, el Ayunta­miento de Gijón le ha concedido una de sus Medallas de Plata. Un honor que no esperaba, y que no acaba de creerse.

.-Nació en Ciaño, en una familia de firmes ideales de izquierdas.

Mi padre, Domingo, era portugués y comunista, y llegó a Asturias hu­yendo de su país. Y mi madre, Isa­bel, era todavía más de izquierdas que él, y una trabajadora incansa­ble. Valía más que muchos hombres.

.-Y su casa se convirtió en un lugar de reunión.

Recuerdo que bajaban los ‘fugaos’ que estaban escondidos en el mon­te, para comer y recibir ayuda en la casa de mis padres. Y también ha­bía una trampilla donde escondían armas para la resistencia.

.-Comenzó a trabajar siendo solo un niño.

Tenía tres hermanas y un herma­no pequeño, que estaba lisiado, así que yo tenía que ayudar. A los 7 años, ya estaba cuidando vacas.

.-Y muy pronto, también empezó a colaborar con los ‘fugaos’.

Sí, con unos 11 años seguí a mi padre al monte, sin que se diera cuenta, y llegué dónde estaba la reunión. Como era espabilado, y confiaban en mi, empecé a ha­cer de correo, a llevar paquetes y noticias a los pueblos, y a ayudar como podía. Iba a Laviana, Turón, Mieres…

.-¿Y cuándo entró en la mina?

Tenía unos 12 años, y era demasia­do pequeño, pero me planté ante el capatáz y le pedí trabajo. Luego me fue a ver al cura, y yo mismo cam­bié mi fecha de nacimiento. Enton­ces, el carbón se bajaba al valle en vagonetas, que llamábamos ‘el ca­ble’, y yo echaba una mano allí.

.-Pero pronto bajó a las galerías.

Era dónde se ganaba más dinero. Dentro cobrabas 7 pesetas, y fue­ra 4,5. Ahora es una locura, pero entonces, con 12 años había niños trabajando en la mina.

.-¿Pudo estudiar?

Iba a la escuela nocturna, como la llamábamos. Mi padre era analfa­beto, pero yo aprendí a defender­me con las letras y las cuentas.

.-Ya entonces, tenía ideales de iz­quierdas, pero aún así iba a misa.

El dueño de la mina nos obligaba. Y también tuve que hacer la prime­ra comunión. Aquel día pasé tan­ta hambre, porque no nos dejaron comer nada antes de la darnos la hostia, que cuando llegué a casa le dije a mi madre que nunca más iría a misa. Y no volví.

.-¿Sufrió accidentes en la mina?

Algunos. Me ‘manqué’ en el bra­zo izquierdo, y como me curaron mal, nunca pude volver a estirar­lo del todo.

.-A los 16 años ya era picador, y te­nía un buen sueldo.

Ganaba mucho más dinero que cuidando vacas, pero en la mina estábamos más controlados. Tam­bién tuve que afiliarme a Falange, y bajábamos a Ciaño todos los sá­bados a pasar revista.

.-Pero usted ya era del Partido Comunista.

De aquella no había ni carnés, no nos podíamos arriesgar, pero ya hacíamos reuniones para organi­zarnos, en el monte, o en el fondo de la mina. El fin de semana, orga­nizábamos torneos de bolos, y el dinero del premio, siempre se do­naba a los presos. Con 17 años me detuvieron, y pasé unos meses en la cárcel.

.-En 1959 le enviaron al VI Congre­so del PCE, en Praga. ¿Cómo salió del país?

Teníamos documentación falsa. Yo fui a Oviedo, y allí me monté en un tren sin tener ni idea de a dónde iba. Me dijeron cuál era mi nuevo nombre, y pasamos la frontera de Francia con mucho miedo.

.-Allí conoció a los miembros del partido que venían de Rusia.

Los de Asturias estábamos mejor preparados y organizados. Ya sa­bíamos cómo organizar huelgas y encierros, y cómo tratar con la Po­licía y la Guardia Civil.

.-También contribuyó a la funda­ción de Comisiones Obreras, en la minería.

Poco a poco nos fuimos infiltrando en las listas del Sindicato Vertical, y cuando salían elecciones, ganába­mos algunos delegados. Todos sa­bían que éramos del partido, aun­que supuestamente representába­mos al Sindicato Vertical. Eso no les gustaba nada a los de la UGT, que preferían actuar en la clandestinidad.

.-¿Por qué se llamaron ‘Comisiones’?

Íbamos por ahí pidiendo una comi­sión para el partido, o el sindicato. Y de tanto pedir las ‘perres’, nos acabaron llamando los de ‘comi­siones’, y así se quedó. Por enton­ces trabajaba con Manuel García, ‘Otones’, otro histórico luchador de izquierdas.

.-Poco después, usted y toda la cú­pula del partido en Asturias, fue­ron arrestados. ¿Cómo cayeron?

Uno de los andaluces que había ido a Praga se fue de la lengua, y se en­teraron de que hubo un congreso. Como estábamos fichados, fueron a la mina a comprobar quién ha­bía faltado esos días, y dieron con nosotros.

.-¿A cuánto le condenaron?

Doce años de cárcel, en Burgos. La mina era dura, pero estar entre re­jas era mucho peor.

.-¿Cuántos cumplió?

Siete. Cada vez que se moría un Pa­pa, había un indulto, y nos quita­ban un par de años. Y tuve la suerte de que se murieron dos.

.-¿Su lucha siguió en prisión?

Claro. Organizamos una comuna, escuelas, y nos ayudábamos unos a otros. Había bastantes andalu­ces, que como eran tan pobres y pasaban tanta hambre, hasta se entregaban, con tal de que les die­ran de comer. Por lo menos, evité el destierro.

.-¿Sufrió torturas?

Nos daban palizas, como a todos en aquella época. Antes de aquella condena, recuerdo a un comisario de Oviedo, que mientras me inte­rrogaba no dejaba de darme pata­das por debajo de la mesa. Pensaba : si nos dejan solos, se la devuelvo.

.-¿Y qué pasó?

Que los demás se fueron, nos de­jaron solos, y yo salté por encima de la mesa. Le di un solo golpe y lo derribé. Después volvieron el resto de policías y ya no me acuerdo de más. Me desperté en el calabozo. Pero aquel comisario se llevó un buen recuerdo de mi.

.-Pese a las condenas, volvió a tra­bajar en la mina.

Estaba marcado, pero era un buen picador. Antes de que te contra­taran, ibas a recoger tu ficha, y la Guardia Civil advertía a la empre­sa que eras comunista. Aunque no te quisieran, hacían falta brazos fuertes, como los míos.

.-Pagó un precio muy alto por su compromiso, y no solo en años de cárcel.

Estuvo a punto de casarme tres ve­ces, con tres mujeres distintas. Pero justo antes de cada boda, me dete­nían. No me pude casar hasta que se murió Franco.

.-¿Cuándo se pudo jubilar?

A principios de los 80. Después me vine a vivir a Gijón, y empecé a vi­vir una vida más tranquila. Y aquí sigo, aguantando y recordando a los compañeros que se quedaron por el camino, en el monte, la mi­na, la cárcel y las cunetas.

Comparte:
  • Print
  • Add to favorites
  • RSS
  • Digg
  • Facebook
  • Google Bookmarks
  • Bitacoras.com
  • email
  • Live
  • MySpace
  • Netvibes
  • Technorati
  • Twitter