15:56. DOMINGO 15 DE SEPTIEMBRE DE 2019

El hogar de los más débiles

Medallas de Plata de Gijón
29 junio, 2016

ASOCIACIÓN DE PARALÍTICOS CEREBRALES DE ESPAÑA, ASPACE-GIJÓN

Hace medio siglo no había ayudas para los paralíticos cerebrales. Ni escuelas, residencias o rehabilita­ción. Dependían por completo de sus padres, y sin ellos, quedaban totalmente solos. Todo cambió ha­ce 45 años, cuando ASPACE, la Asociación de Paralíticos Cere­brales, abrió el centro Ángel de la Guardia en Gijón. Fueron unos inicios muy duros, en unos edifi­cios prefabricados situados en las antiguas cocheras del tranvía. Pe­ro supuso el inicio de un cambio. Hoy ASPACE cuenta con una es­cuela en Castiello, y la residencia de Cabueñes, con 25 plazas. Atien­den a 134 personas con perfiles y problemas diferentes, desde bebés a adultos. “Ofrecemos fisioterapia, logopedia, terapia ocupacional, y hasta tenemos una pequeña pisci­na de hidroterapia”, apunta Elena Serrano, directora del centro Án­gel de la Guardia. “Hacemos todo lo posible para mejorar su calidad de vida”. ¿Y qué ocurriría si ASPA­CE no existiera? “Los enviarían a un centro de educación especial general, donde no recibirían la ayuda que necesitan”. Elena Se­rrano lleva 12 años al frente del centro de Castiello, y hoy gestio­nan recursos con los que antes no podían ni soñar. “Hasta los años 80 o 90 apenas teníamos ayuda ni convenios, todo dependía de las familias”. Tienen a su alcance nuevas terapias para mejorar la ca­lidad de vida de sus usuarios, pero la crisis se ha llevado por delante muchas oportunidades. Caja Ma­drid o La Caixa, que antes colabo­raban a través de la Obra Social, han dejado de hacerlo. Y también se han desplomado las donaciones de particulares y empresas. “Justo cuando hay más oportunidades, se acabó el dinero”. El lento desarro­llo de la Ley de Dependencia, que no está acompañado por un pre­supuesto acorde a las promesas, también ha provocado una gran decepción en muchas familias. Pero ASPACE sigue estando ahí. Cuentan con casi 80 trabajadores, que ofrecen una educación perso­nalizada (tienen unos 4 alumnos por aula) y atención constante. Para los educadores, la formación es importante, pero la vocación es imprescindible. Una rutina tan sencilla como dar de comer a los chicos, requiere un gran esfuerzo. Algunos no pueden tragar, y otros se alimentan por sondas. “A veces necesitamos a dos personas para atender a un niño, cada caso es especial”.

El Centro Ángel de la Guardia, y la residencia de Cabueñes, se  han convertido en una gran fami­lia. En la Unidad de Atención In­fantil Temprana, reciben a recién nacidos, y a niños de hasta seis años, que continúan en el centro formativo hasta que cumplen los 21, y después, permanecen en el Centro de Atención Integrada. ASPACE representa mucho más que atención física y psicólógica. Ofrece dedicación completa du­rante toda una vida. Y también amistad y compromiso. Organizan excursiones, terapias con perros y caballos, y un apoyo constante a la familia y a los usuarios.

Elena Serrano, además de agradecer la medalla, espera que sirva para remover conciencias, y dar un empujón a las administra­ciones para que colaboren más y firmen nuevos convenios. “Que­remos que el Principado financie más plazas en la residencia”, uno de sus servicios fundamentales. Es el único lugar donde los padres pueden dejar a sus hijos, con la ga­rantía de que estarán cuidados, re­cibiendo además todo el cariño y la comprensión de los trabajado­res de ASPACE, los auténticos án­geles de la guardia de los chicos con parálisis cerebral. Durante es­tos 45 años, han perdido la cuenta de las familias que han recibido su ayuda, miles y miles de casos, todos diferentes, y todos agrade­cidos. Con un poco más de ayuda, podrán llegar aún más lejos, para hacer la vida de sus chicos un poco más fácil y cómoda.

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