05:42. JUEVES 27 DE FEBRERO DE 2020

Política y políticos de altura

Editorial
1 julio, 2016

Mariano Rajoy volvió a ganar el domingo las elecciones, y por con­siguiente tiene plena legitimidad para pre­sentarse al pleno de investidura y tratar de formar gobierno. El domingo hubo un claro ganador y tres perdedores, ya que Pedro Sánchez, Pablo Iglesias y Albert Ri­vera, aspiraban a elevar su número de vo­tos, y en el caso de Podemos se truncó su sueño de convertirse en el primer partido de la izquierda y de la oposición. Sin em­bargo, y a estas alturas de democracia, no tiene porque haber vencedores ni venci­dos. Ese sentir político pertenece al pasa­do, o al menos debería estar ya erradicado en la política actual.

La victoria de Rajoy y del PP es incon­testable, sumó casi 700.000 votos más, lo que le ha permitido elevar hasta los 137 su número de diputados. Una cifra muy leja­na en relación a anteriores registros elec­torales, pero que le legitiman como el úni­co candidato para encarar un nuevo pro­ceso de investidura. El Partido Popular, además, ganó en todas las comunidades, a excepción de Cataluña y el País Vasco, y fue el partido más votado en 42 provincias. Unos números que, sin duda, hubiese fir­mado Rajoy en el inicio de la campaña e incluso durante la jornada de reflexión.

Rajoy y el PP han vuelto a ganar las elecciones, aunque, en modo alguno, la victoria les exonera de sus pecados del pasado. Y esa es una penitencia con la que tiene que apechugar Rajoy en este nuevo proceso de negociación y también cuan­do se someta al veredicto de sus señorías. A diferencia de su anterior ‘espantada’, cuando Rajoy abjuró de su condición de presidenciable ante el Rey; ahora vuelve a tener el derecho, el deber, la obligación y la responsabilidad, de presentar su can­didatura a la presidencia del Gobierno. Y los números, o apoyos parlamentarios, le pueden salir aunque con ‘forceps’ y con la generosidad del PSOE o de Ciudadanos, o incluso de las dos bancadas. A la leal opo­sición le es exigible lo mismo que a Rajoy, responsabilidad y eso que la cursi política ha dado en llamar ‘alturas de miras’. Pedro Sánchez y Albert Rivera, dos jóvenes po­líticos que no están contaminados de los vicios de la vieja política, tienen que estar a la altura de las circunstancias, les va en ello su futuro político, pero por encima de todo la estabilidad y gobernabilidad de España.

Sánchez y Rivera tienen en sus manos convertir una dolorosa derrota, en una de­rrota dulce pactando y negociando una agenda de reformas con Rajoy, a cambio de su voto o la abstención en el pleno de investidura. En ningún caso, sería una ca­pitulación, más bien estaríamos ante una lección de generosidad política y ante una nueva forma de hacer política. Obstinar­se en mantener el bloqueo político e insti­tucional, sería, además de temerario, una nueva irresponsabilidad que conduciría al país a una situación muy incierta. Espa­ña tiene que pasar, cuanto ante, página, y normalizar su zozobrante vida política. Ahora que hay mimbres para alcanzar un acuerdo ventajoso para todas las partes en conflicto, los españoles no entenderíamos un nuevo y estrepitoso fracaso de la nueva y la vieja política. Tras la política espectá­culo y la memez televisiva, es la hora de la política y de los Políticos con mayúscula. Está en juego la estabilidad de España y el bienestar de los españoles. Ojala, esta vez, hayan entendido el mensaje.

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