19:17. JUEVES 21 DE NOVIEMBRE DE 2019

El ‘Versalles’ de Cudillero abre sus puertas

Cultura
4 julio, 2016
ALEJANDRO CAICOYA

El palacio de Versalles, la fastuo­sa residencia que el rey Luis XIII ordenó levantar en París en 1634, derrocha lujo y opulencia en cada rincón. Y tiene una réplica en Astu­rias. La Quinta de Selgas, en Cudi­llero, parece haber salido del siglo XVII, y compite en esplendor con el ‘château’ francés. El palacete, ro­deado por nueve hectáreas de jar­dines y pabellones, fue el capricho personal de Fortunato de Selgas, el penúltimo hijo de los siete que tu­vieron Juan Selgas y Josefa Alber­ne. Las puertas de la Quinta de Sel­gas, construida a finales del siglo XIX, casi siempre están cerradas al público, pero mañana volverán a abrirse para acoger una exposi­ción de once retratos firmados por Velázquez, Goya, El Greco, Soro­lla o el pintor asturiano Carreño Miranda, y cedidos por el Museo del Prado. Además de contemplar las imponentes obras, los visitantes también podrán recorrer los salo­nes, las habitaciones y los jardines del palacete.

La relación entre la Fundación Selgas Fagade, que vela por la he­rencia de la familia desde los años 90, y el Museo del Prado, comenzó en 2011, con la cesión del cuadro ‘Aníbal vencedor que mira por pri­mera vez Italia desde los Alpes’ a la pinacoteca nacional. El lienzo, pin­tado en 1771, tiene un valor incalcu­lable, ya que es la primera obra do­cumentada de Francisco de Goya. El cuadro estará seis años expuesto en el Prado. A cambio, el museo se comprometió a organizar exposi­ciones en la Quinta de Selgas. En 2012, se celebró una muestra dedi­cada a Luis Meléndez, considerado el mejor pintor de bodegones espa­ñol. Y hoy, se inaugurará una expo­sición sobre los maestros españo­les con cuadros del Greco (‘Retra­to de un caballero joven’), Sorolla (‘La niña María Figueroa vestida de menina’) y Velázquez (‘María de Austria, reina de Hungría’). A los magníficos lienzos, que perte­necen a la colección del Museo del Prado, se suma hoy el estreno de una pieza musical, titulada ‘Óleos en música, Selgas-Fagalde’, com­puesta por Guillermo Martínez, para celebrar el 25 aniversario de la fundación de la familia Selgas.

Las joyas del Prado no son los únicos motivos para visitar la Quinta de las Selgas. La colección de los Selgas reune tapices de los siglos XV y XVII, y obras dignas de cualquier museo, como la ‘Ado­ración de los Reyes Magos’, de Theodor Van Loon (restaurando en los talleres del Prado), varios retratos de Goya, una ‘Anuncia­ción’ del siglo XVIII, y una ‘Asun­ción de la Virgen’, del Greco. Ade­más, el palacete, de estilo renacen­tista, es también una obra de arte. La fachada tiene rasgos italianos característicos del siglo XVI, pero el interior está decorado a la mo­da impuesta por Luis XIII en Ver­salles. Con altos techos de casta­ño cubiertos de frescos, muebles dorados y paredes cubiertas de espejos. Las dos plantas principa­les han sido conservadas tal como las disfrutaba la familia Selgas hace un siglo. La mesa del comedor, con vajillas y porcelanas compra­das por Fortunato en sus viajes por Europa (a costa de la fortuna de su hermano Ezequiel), sigue puesta, como si los Selgas estuvieran a punto de almorzar. El Salón Luis XVI, donde eran recibidos los ami­gos y aristócratas que visitaban la residencia, recuerda al Salón de los Espejos de Versalles, e incluso los apliques, fueron copiados de los originales En el techo, la ‘Alego­ría de la música’ pintada por Casto Plasencia, preside la estancia. El re­corrido nos lleva después a la Sala Luis XV, la biblioteca, donde está colocada la ‘Asunción’ del Greco. Incluso los baños están decorados a todo lujo, cubierto de azulejos va­lencianos, y hasta con un teléfono (en el siglo XIX, tener ‘conexión’ en el baño era más que un lujo). En la Alcoba Angelitos (para invitados), la Alcoba Leones, el Tocador Luis XVI, o la Alcoba Pompeyana, que también se pueden visitar, el tiem­po parece haberse detenido a finales ­­del siglo XIX. A pesar de guerras, crisis y revoluciones, todo sigue intacto, con las sábanas y los doseles puestos, y los juegos de té dispuestos a ser usados.

Y la Quinta de Selgas aún guar­da más secretos tras sus muros, ce­rrados a miradas curiosas durante casi todo el año. Tiene tres jardines de estilo francés, inglés e italiano, con estanques y colinas artificiales, largos paseos y esculturas junto a los caminos. Fortunato no escati­mó dinero (el de su hermano) para contratar a los mejores jardineros y diseñadores, como Henri Rigo­reau Jouvert, a quien se trajo de Versalles a Cudillero para cuidar de sus camelias. Secuoyas rojas de Estados Unidos, arces japoneses y eucaliptos forman bosquecillos, y que contrastan con el invernadero de cristal que Fortunato ‘copió’ del que visitó en París durante la Expo­sición Universal de 1900.

El conjunto se completa con el Museo de las Escuelas Selgas, la institución benéfica fundada en 1915 para dar educación a los niños de la zona, y el pabellón de los Tapices, construido en la déca­da de 1950, para albergar las telas reunidas por Fortunato durante sus largos viajes. Por siete euros, los vi­sitantes podrán perderse (durante un máximo de tres horas) por los jardines, el palacete y los pabe­llones, además de contemplar los retratos del Museo del Prado. La Quinta de Selgas abrirá sus puer­tas durante tres meses, de julio a septiembre. Después, sus luces vol­verán a apagarse hasta la próxima exposición, y los suntuosos salones y alcobas volverán a quedarse va­cíos y silenciosos, anclados en el si­glo XIX.

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