16:26. MARTES 16 DE JULIO DE 2019

El final del pozo María Luisa

Asturias, Reportaje
30 diciembre, 2016
PEDRO ALBERTO ÁLVAREZ

Rubén Cepedal- Archivo Histórico MineroEl pozo María Luisa es, desde hoy, una mina fantasma. Con el último día del año, ha llegado también el cierre de un pozo con 158 años de historia. Durante los próximos meses, apenas un centenar de mineros, el último retén, vaciarán de las entrañas de las galerías la maquinaria que tenga algo de valor (cintas, tuberías, cables, transformadores…), pero ya no sacarán carbón. La agonía del pozo María Luisa, una de las minas más antiguas de Asturias, y un símbolo del Valle del Nalón, ha llegado a su fin.

El pozo María Luisa, que llegó a tener más de 1.600 trabajadores en los años 90, ya era solo una sombra de lo que fue. Según Hunosa, quedaban 270 mineros en plantilla. La mayoría serán repartidos entre los tres pozos de la hullera que quedan activos, el Carrio, el Aller y ‘Nicolasa’. Entre 90 y 100 permanecerán unos meses más en Ciaño, desmontando las instalaciones. Y de ellos, 35 se prejubilarán a lo largo de 2017, aligerando -aún más- la plantilla de Hunosa. Durante las últimas semanas, entre despedidas y lamentos, también hubo reproches a los sindicatos y a los políticos que firmaron la condena del pozo María Luisa, donde “queda carbón para años, pero falta voluntad para salvar esto”, dicen con resignación los últimos mineros mientras vacían las taquillas. Ruben Pablos será uno de los últimos en marcharse. Se quedará hasta mayo, cuando, con 45 años, se prejubilará. “No solo cierran la mina, también acaban con nuestra forma de vida”. Su abuelo fue minero, en el valle del Nalón. Su padre, Bautista, trabajó en el pozo María Luisa. Y él lleva en la mina 20 años. “Ya no habrá más mineros en mi familia”.

De puertas para adentro, las instalaciones del pozo María Luisa parecen abandonadas desde hace mucho tiempo. El edificio de ladrillo más próximo a la carretera, tiene las ventanas tapiadas. No hay vigilante en la garita, y algunas cocheras están llenas de escombros. A través de una de las ventanas, antes de llegar a las oficinas, puede verse una habitación (¿un antiguo baño?) lleno de basura. El frío se cuela por las viejas puertas de madera y atraviesa paredes desconchadas. El personal de ‘superficie’ se mezcla en los pasillos con los últimos grupos de mineros que entonan una triste despedida. En el otro extremo de las instalaciones, encajadas entre la carretera de Ciaño y las vías de Renfe, se apilan más escombros y decenas de vagonetas oxidadas, que fueron utilizadas por los piquetes para levantar barricadas durante las últimas huelgas mineras. En algunas aún pueden leerse viejas pintadas (Vota SOMA). Acabarán en el chatarrero. Todo el metal que tenga algo de valor, desde los raíles al hierro de los postes, será vendido al peso. El último beneficio que Hunosa obtendrá del pozo María Luisa.

Aunque la mina cierre, seguirá formando parte de Ciaño y del Valle del Nalón. El castillete domina la entrada al pueblo, y las casas más cercanas están a tan solo cinco metros de los muros del aparcamiento. Desde sus ventanas podía verse a los mineros entrando y saliendo de la bocamina. “Aquí todos van sufrir el cierre del pozo”, apunta Damián Álvarez, uno de los trabajadores que ya ha dejado el María Luisa, y que pasará los dos próximos años en el pozo ‘Nicolasa’. “Siguen quemando carbón polaco, o cubano, mientras cierran las minas asturianas. Nadie lo entiende”. Pertenece a la última generación de mineros, y siente que las huelgas de sus abuelos y padres, no han servido para nada. “Más que rabia, sentimos resignación”.

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