08:21. MIéRCOLES 24 DE ABRIL DE 2019

Un gigantesco ‘hormiguero’ de 100 kilómetros

Asturias, Reportaje
30 diciembre, 2016

El pozo María Luisa es -era- un gigante industrial. Bajo su tranquila superficie, los túneles se hunden más de 600 metros en la tierra, y las galerías de sus diez plantas, recorren más de 100 kilómetros, uniéndose a los corredores del pozo Sotón, que se encuentra a seis kilómetros de distancia, en San Martín del Rey Aurelio, y a los pozos Samuño y San Luis, que forman parte del Ecomuseo de Samuño. A mediados del siglo XIX, el María Luisa era una pequeña mina de montaña, donde afloraba una veta de carbón. En las últimas décadas ha sidola entrada a un gigantesco ‘hormiguero’ que atraviesa de lado a lado el concejo de Langreo.

En sus momentos de mayor actividad, 1.600 mineros extraían hasta 1.800 toneladas de carbón al día. Durante 158 años de historia, el grisú y los derrumbamientos sesgaron decenas de vidas, aunque también generaron bienestar y riqueza para la Cuenca del Nalón. Incluso con las medidas de seguridad del siglo XXI, el peligro seguía latente. Y no solo para los mineros. En abril de 2007, se declaró un incendio en la décima planta, y una nube de CO2 y monóxido de carbono subió por las galerías hasta el lavadero de Modesta (Langreo), tras recorrer 2,6 kilómetros por las entrañas de la tierra. Cuando llegó a la superficie, tapó el sol. El accidente obligó a desalojar a 740 vecinos, y 139 necesitaron atención médica. Pero pudo ser mucho peor. En aquellos momentos, había 184 mineros dentro de la mina. Las brigadas antincendios (formadas por 60 especialistas) trabajaron durante días en condiciones infernales, tapiando todos los accesos para asfixiar el fuego. Es la única forma de sofocar un incendio en una mina de carbón. Todos recordaron entonces el fuego en la Mosquitera, una mina de Siero. Tardó dos años en apagarse. En el pozo María Luisa hubo más suerte. Solo duró unos meses.

El pozo María Luisa también es -era- uno de los más modernos de Hunosa. En 2008, tras el incendio que destruyó la cinta que transportaba el mineral al lavadero de Modesta, la empresa pública modificó el castillete levantado en 1973. Incorporó una segunda correa traída del pozo Siero II y reconstruyó la ‘casa de máquinas’. En septiembre de 2009 se inauguró el castillete ‘doble’ característico de la última etapa del pozo María Luisa, con un coste de 6,5 millones. Pero el cierre ya estaba marcado para finales de 2016.

En torno a la bocamina, aún sobreviven dos de los edificios levantados en la década de 1920 por la empresa Duro Felguera (propietaria del pozo hasta 1967). El bloque de oficinas y la casa de aseo de estilo centroeuropeo, son los elementos más antiguos del pozo, junto al pabellón de embarque. A la misma época pertenecen las viejas locomotoras mineras, expuestas en el parking, oxidadas y aparentemente abandonadas, al igual que la mayoría de las instalaciones, condenadas por el fin de las ayudas al carbón y el plan de cierres de Hunosa. Tras el cierre del pozo María Luisa, los edificios acabarán en ruinas, y el castillete se convertirá, como ha sucedido en otros pozos, en un vestigio industrial del pasado. Un recuerdo de lo que Asturias fue, y ha dejado de ser. El sector minero en Asturias, y en toda España, agoniza y tiene los días contados.

Morir en la mina

La historia del pozo María Luisa siempre estará marcada por la tragedia. En 1949, un escape de grisú se cobró la vida de 17 mineros. Pero no fue el primer accidente mortal de la mina (en 1914 ya hubo 4 muertos) ni el último. En 1972 hubo 4 fallecidos, y otro más en 1983. Tampoco fue el suceso más trágico de las minas asturianas. En 1889, en el pozo Esperanza (Aller), hubo 30 fallecidos. Pero los muertos del María Luisa permanecen en el recuerdo, a través de una canción convertida en himno minero, de las cuencas, y de la izquierda asturiana, ‘En el pozo María Luisa’, también conocida como ‘Santa Bárbara bendita’, en sus versos, un minero relata la muerte de 4 compañeros (aunque hubo 17 víctimas), y sus propias heridas, a su mujer, Maruxina. De origen incierto, aunque posiblemente relacionado con los ‘cancios’ cantados en las tabernas del occidente asturiano y Galicia, la canción se convirtió en un mensaje de lucha, que viajó hasta las minas de Palencia, El Bierzo, o Laciana. Incluso en la región de Alentejo, en Portugal, los mineros de Aljustrel cantan una versión lusa (‘Nas minas de Sao Joao’), relatando un accidente similar.

No hay marcha minera, huelga o acto sindical donde no se siga cantando el himno de los mineros, aunque el pozo María Luisa ya forme parte del pasado de la moribunda industria del carbón.

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