21:36. MIéRCOLES 19 DE FEBRERO DE 2020

Un nuevo tiempo político

Editorial
5 enero, 2017

Los Reyes Magos tenían que haber deja­do una buena saca de carbón a los po­líticos, por malos, y por haber condu­cido al país -durante el 2016- a una si­tuación de continuo bloqueo, parálisis institucional, repetición de las elecciones generales, y una latente amenaza de un tercera convocatoria electoral, que hubiera supuesto, además del des­crédito internacional de nuestra política nacional; la puntilla para nuestro sistema democrático y pa­ra un año negro que conviene olvidar. Afortunada­mente, sus majestades, al igual que los ciudadanos, han sido indulgentes con quienes, al final, alcanza­ron un acuerdo de mínimos para devolver la nor­malidad política al país y la estabilidad a nuestras dos principales instituciones.

A diferencia de sus señorías, los españoles ya he­mos pasado página y también hemos hecho tabla rasa, de todo un año perdido y políticamente inútil. Sin embargo, es deseable que la clase política y en especial los ‘cuatro mosqueteros’ de la política na­cional, hayan tomado nota de las enseñanzas de un pasado muy reciente, para no volver a caer en los perversos hábitos que colocaron al país al bor­de de unas terceras elecciones en menos de un año. El nuevo tiempo político, que se abrió en 2014 con la abdicación del Rey Juan Carlos (“una nueva ge­neración reclama, con justa causa, el papel prota­gonista para afrontar con renovada intensidad los desafíos del mañana”), y las elecciones europeas donde irrumpieron Podemos y Ciudadanos, como alternativas al bipartidismo; exige buenas dosis de cordura, moderación, generosidad, y sobretodo en­tendimiento. 2017 ha de ser el año del diálogo, ha­ciendo de la negociación y del pacto, el principal eje de las relaciones entre gobierno y oposición.

La diversidad política ha llegado a nuestras insti­tuciones, porque así lo han querido y decidido, con su voto, los ciudadanos. El PP ganó las últimas elec­ciones sumando 7,9 millones de votos. Pero con­viene no olvidar que entre el PSOE (5,4 millones) y Podemos (5), la izquierda obtuvo 10,4 millones de votos, sin olvidar los 3,1 millones de papeletas que consiguió Ciudadanos, un partido que apela al centro político, aunque no deja de dar bandazos en opuestas direcciones. La España plural ha ‘tro­ceado’ su voto en cuatro partes, lo que evitará cual­quier tentación de absolutismo político, y pone en cuarentena los ‘decretazos’ y también el perverso vicio de gobernar a golpe de ‘rodillo’. Mariano Ra­joy está obligado a generar consensos en un año crucial para el país, y en el que deberá afrontar las grandes reformas estructurales y sociales, que ne­cesita España.

La dispersión política, refleja la pluralidad de nues­tra sociedad, pero también el hartazgo de millones de ciudadanos cuya paciencia no es infinita. Recu­perar la confianza de los ciudadanos, es tarea del PP, pero también del PSOE, y en menor medida de Podemos y Ciudadanos. Abrir cauces para el diá­logo y el entendimiento, es, sin duda, la mejor ma­nera de hacer propósito de enmienda. Por lo pron­to, y atendiendo al ‘tercer grado’ que el PSOE le ha concedido a Rajoy, una nueva dinámica parece ha­berse instalado en el Congreso de los Diputados, que en cuestión de días ha alumbrado los primeros acuerdos. La subida del salario mínimo interpro­fesional, la ley contra los abusos de las eléctricas a cuenta de la pobreza, la revocación de la ‘ley mor­daza’, el freno a la LOMCE, o la subida del ‘techo de gasto’ para las autonomías; certifican que algo ha cambiado en la turbulenta vida parlamentaria, y que la fragmentación política, derivada del oca­so del bipartidismo, no tiene por qué traducirse en ingobernabilidad, aunque algunos se empeñen en transmitir todo lo contrario.

La legislatura, como el año, solo acaba de comen­zar, y por delante la clase política se tendrá que en­frentar a varios ‘ochomiles’, como la urgente refor­ma laboral que solo está generando empleo preca­rio, la sostenibilidad del sistema de pensiones, las imposiciones de Bruselas que exige un nuevo re­corte de 5.000 millones, la negociación de un nue­vo sistema de financiación autonómica, y el ‘pro­blema catalán’; son algunos de los desafíos de al­tura que le esperan al gobierno, pero también a la oposición. El más inmediato será la presentación y aprobación de los Presupuestos Generales del Es­tado, donde el gobierno se someterá a su primer examen. Y es deseable, que sus señorías que repre­sentan a las ‘cuatro Españas’, hayan escarmentado tras un año negro y políticamente en blanco. ¿Ha­brán entendido el mensaje?

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