19:59. LUNES 21 DE OCTUBRE DE 2019

Políticos incapaces

Editorial
20 enero, 2017

Tras un año en blanco, la España políti­ca no acaba de enderezar su rumbo. PP, PSOE, Podemos y Ciudadanos, están más preocupados de sus disputas palaciegas, que de resolver los problemas de los ciu­dadanos. Y a la espera de que sus señorías resuelvan sus problemas existenciales y de liderazgo, España sigue sin presupuestos y la hucha de las pensiones se vacía mes tras mes. Anteponer las cuestiones in­ternas de los partidos, a las urgencias de los ciudada­nos, reflejan cuales son las prioridades de gobierno y oposición.

La clase política española parece haber entrado en trance por los congresos y cónclaves internos que celebrarán a partir de hoy. Ciudadanos y el PP lo ha­rán en ‘diferido’ -ya sabemos, de antemano, el nombre del ganador-; mientras que Podemos se desangra en ‘abierto’. El PSOE, narcotizado por el presidente as­turiano, Javier Fernández, ha dejado para el verano los deberes que ya tenía que haber resuelto. El aque­larre lo completa Izquierda Unida, que ni está, ni ya se la espera.

Ciudadanos es el primer partido que afrontará su te­rapia de grupo. Albert Rivera será reelegido mañana presidente de Ciudadanos, aunque con el apoyo de tan solo 6.874 militantes. Su candidatura fue derro­tada en Asturias, Extremadura, La Rioja, y, lo que es más significativo, en Cataluña, la cuna de Ciudada­nos y la comunidad donde se dio a conocer el joven dirigente del partido naranja. En Ciudadanos ya hay voces críticas, y Albert Rivera ha emprendido repre­salias y purgas internas.

Al igual que Ciudadanos, el PP, o mejor dicho Maria­no Rajoy, el próximo fin de semana se hará la foto triunfal en un congreso que será un paseíllo militar para el impasible político gallego. El aznarismo ha sido completamente laminado, y hasta la presidenta de la comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, ha claudicado en su discurso, “un militante, un voto”, y se ha contagiado de la mansedumbre de un partido donde la democracia interna apenas avanza. La úni­ca incógnita por resolver en la cumbre que los popu­lares celebrarán el próximo fin de semana, es quién acompañará, como ‘número dos’ en el partido, a Ma­ría Dolores de Cospedal, que muy probablemente se­guirá compatibilizando su cartera ministerial, con la secretaria general del partido. Rajoy será aclamado por los suyos, pero no habrá resuelto ninguna de sus lacras del pasado (corrupción, Bárcenas…)

En Podemos, Pablo Iglesias Iñigo Errejón, han roto definitivamente. Un pulso entre el ‘número uno’ y el ‘numero dos’, en el que subyace una pelea de cole­giales por hacerse con el control de Podemos. A los ‘podemitas’, que habían fijado para la misma fecha que el PP su segunda asamblea en Vistalegre, como contraprogramación mediática, y para restarle pro­tagonismo a Rajoy; les ha salido el tiro por la culata, y las cámaras solo reflejarán la ruptura de un partido que apenas tiene tres años de vida. Una crisis precoz que va a dejar muy tocado a Podemos y que tendrá efectos colaterales en un partido que, hasta la fecha, había aglutinado el voto de los descontentos.

Las cumbres políticas tienen que servir para reno­var el ideario y fortalecer la acción de los partidos. Pero más que un rearme ideológico, asistimos a obs­cenas reyertas por el poder. La vieja política no ha aprendido de sus errores, y la ‘nueva política’ está clonando sus mismos vicios. La desafección ciu­dadana transita ahora hacía un colapso de la con­fianza, ya que sus señorías se empeñan en avivar la creencia “de que los políticos no solo son corrup­tos y estúpidos, sino además incapaces”, como dejó escrito antes de morir, el sociólogo Zygmunt Bau­man.

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