16:01. LUNES 24 DE FEBRERO DE 2020

“La incultura de los políticos no se cura leyendo novelas”

Entrevistas
6 julio, 2017
PEDRO ALBERTO ÁLVAREZ

Juan José Millás (Valencia, 1946) es un domador de palabras, un fabri­cante de historias y géneros, y has­ta un escritor de novelas ‘raras’. Uno de los pocos autores capaces de en­ganchar a los jóvenes y al mismo tiempo, entrar en las aulas. Miles de estudiantes han leído y analiza­do sus novelas y artículos, en clase y en los exámenes de Selectividad (PAU), donde ‘destripan’, sintáctica y morfológicamente, las frases de Millás, palabra a palabra. ‘Mi ver­dadera historia’, su última novela, lejos de ser una confesión o auto­biografía, es una obra para adoles­centes y adultos, sobre el camino hacia la madurez. Aunque también esconde algunos de los fetiches del autor, como su fascinación por las piernas ortopédicas.

.-En su imaginario, hay ‘libros insec­to’, y ‘libros mamífero’. ¿A qué espe­cie pertenece su última novela?

Es una novela insecto, ya que carece de grandes referencias temporales. Es una de esas obras que resisten mejor el paso del tiempo, y pueden leerse sin esfuerzo décadas después de su creación.

.-Usted, que huye de los tópicos y las clasificaciones, ¿la definiría co­mo un libro juvenil?

Las editoriales, con equivocados cri­terios comerciales, compartimentan las novelas en infantiles, juveniles y para adultos. Pero compartimentar en exceso siempre es malo. Una buena novela juvenil debe ser leída también por el público adulto.

.-¿Y al revés?

No todas las novelas adultas están al alcance de los jóvenes. Es absur­do pretender que los chicos lean el Quijote. No tienen suficiente ex­periencia para asimilarlo y disfrutarlo.

.-El protagonista transita entre la niñez y la adolescencia. Un género poco cultivado.

Son novelas de iniciación a la vida. Mi protagonista recorre el mismo camino que ‘El lazarillo de Tormes’, o Salinguer, en su obra ‘El guardián entre el centeno’. Es un territorio complejo, y poco explorado, pero muy interesante para el escritor.

.-La culpa, la vergüenza, y el mor­bo están presentes en toda la nove­la. ¿Cree que son los sentimientos y emociones que caracterizan a los adolescentes?

Es una etapa compleja, que olvida­mos pronto, y recordamos cuando nuestros hijos llegan a la adoles­cencia. Por eso los abuelos se llevan mejor con sus nietos que los padres. Escribe John Cheever, en sus Dia­rios, que ‘en la madurez hay miste­rio, hay confusión’. Yo digo que en la adolescencia, hay misterio, hay confusión.

.-Un crítico definió sus novelas co­mo ‘raras’. ¿Lo son?

Estuve reflexionando mucho sobre aquello. Para que una novela sea ‘rara’, otras deben ser ‘normales’. Y creo que no hay nada más aburrido e innecesario que una novela ‘nor­mal’, aunque son las que marcan tendencia y las más vendidas.

.-Y prefiere seguir siendo ‘raro’.

El objetivo de todo escritor, debería ser firmar una novela rara. Es decir, diferente y especial.

.-En su libro, un hecho fortuito, el hallazgo de una canica, desembo­ca en tragedia. ¿Hasta que punto cree que el azar condiciona nues­tras vidas?

Estamos totalmente regidos por el azar. Todos los sucesos importantes de nuestra vida ocurren por casua­lidad. Salir de casa 5 minutos antes o después, tiene consecuencias in­concebibles. Y cuanto más crece­mos, más conscientes somos de esta realidad.

.-Posiblemente, su novela sea leída en colegios e institutos.

Muchos profesores utilizan mis tex­tos en clase, sobre todo ‘articuentos’, híbridos de artículos y cuento. Sig­nifica que son del agrado de los jó­venes, que se identifican con ellos. Los adolescentes buscan desespe­radamente una identidad, que solo puede llegar a través de las letras.

.-Puede que ‘Mi verdadera historia’ sea la primera novela que caiga en manos de algún adolescente. Y pue­de que no le guste.

Es una responsabilidad que asumo. Los primeros contactos con la lectu­ra son vitales. Espero estar hacien­do las cosas bien. Sino, no me lla­marían de tantos institutos para dar charlas y conocer a los alumnos.

.-¿Las ciencias le han ganado la ba­talla a las humanidades?

Por ahora, el pensamiento racional ha tomado ventaja. La educación ha dejado de lado el pensamiento hu­manístico, aquél que se acerca a te­rritorios más ocultos del ser huma­no. Pero sin grandes humanistas no puede haber grandes científicos. La cultura humanística es la base de nuestra sociedad. No todo son números.

.-¿Ya ha llegado el ‘desastre intelec­tual’ que pronosticó?

Ya asistimos a sus efectos. La co­municación está amputada, cerce­nada. La sociedad es sumisa y es­tá callada.

.-¿Por culpa de los políticos?

En gran parte. Los políticos no quieren jóvenes formados, críticos y capaces de pensar por sí mismos; que de vez en cuando se queden en casa leyendo en vez de hacer bote­llón. Prefieren masas que se tragan sus mentiras sin rechistar. Ya ve que líderes tenemos en España, y en el mundo, donde un sujeto co­mo Trump llega a presidente de la primera potencia mundial. Mien­tras tanto, seguimos con los ojos cerrados, ignorando todas las se­ñales de aviso.

.-¿Como cuáles?

Hablamos de ‘ola de calor’ cuando es consecuencia del cambio climá­tico, e ignoramos los estudios que afirman que nos enfrentaremos al colapso del planeta en un siglo, si no cambiamos desde ya nuestros hábitos. Pero ¿a quién le importa si hay fútbol?

.-¿La lectura puede cambiar esa apatía?

Sí, y no es necesario que los lectores sean mayoría. A lo largo de la his­toria, una minoría culta ha tenido peso suficiente para cambiar las co­sas. Hay pocas personas que hayan leído a Shakespeare o a Cervantes, pero ambos autores han influido notablemente en nuestra sociedad. Solo necesitamos una masa crítica de lectores, de gente formada y cul­ta, para despertar e iniciar los cam­bios que son necesarios.

.-En su novela, el protagonista se ve reflejado en los títulos de obras de Dostoievski. ¿Nuestros políticos, encajan mejor con ‘El idiota’, o con ‘Crimen y Castigo’?

Tenemos de las dos especies. El des­file de políticos por los juzgados es interminable, y muchos son bastan­te idiotas.

.-El Congreso, ¿es puro teatro?

Sería denostar el teatro. Nuestros diputados nos ofrecen cada sema­na un espectáculo poco edificante.

.-Los líderes actuales poco tienen que ver con los protagonistas de la Transición.

No son comparables. No hay gran­des oradores. Es casi imposible en­contrar una pieza oratoria que val­ga la pena. Solo repiten las mismas manidas citas, que sacan de Inter­net, dejando en evidencia su pobre­za retórica y su falta de cultura.

.-Usted, siendo niño, ‘devoró’ la En­ciclopedia España. ¿Qué lectura les recomendaría?

Una simple novela no curaría su incultura. Les mandaría a su casa durante un año, para que lean y re­flexionen. Después les dejaría vol­ver. O no.

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