13:18. VIERNES 15 DE DICIEMBRE DE 2017

Cuatro partidas en las que se juega el futuro de Oviedo

Opinión
7 octubre, 2017

Como todavía no nos hemos sacudido la dinámica de crisis, y como ésta aún colea en tantos y tantos ámbitos (comenzando por muchas de sus secuelas sociales), nos hemos acostumbrado a una dinámica de urgencias políticas que llevan el debate público a la gestión de lo perentorio. La fragilidad de los gobiernos y la inestabilidad en los liderazgos institucionales se han convertido en moneda común y no acaba de consolidarse una cultura de pacto que haga compatible pluralidad y eficacia. Y, en el terreno de las políticas públicas, las estrecheces presupuestarias y la falta de músculo administrativo llevan a los gobiernos, sobre todo en el ámbito local y regional, a la frustración de comprobar que sus planes chocan con la reducida capacidad de actuación ante la realidad.

Todos esos elementos están presentes en la política municipal ovetense, con algunos añadidos y gradaciones superiores que ha dejado el fin de fiesta del gabinismo. A los problemas administrativos, presupuestarios y políticos estructurales, se une la digestión de las grandes pifias de Villa Magdalena, el fracaso del modelo de colaboración público-privada en los equipamientos públicos (Palacio de Congresos, spa de Ciudad Naranco, etc.), una política urbanística desarrollista con una planificación que no se ajusta a las perspectivas reales de crecimiento y un Ayuntamiento especialmente debilitado por décadas de privatizaciones desmesuradas, sin medios personales y organizativos suficientes para ejecutar sus competencias.

En ese contexto, el desafío es mayúsculo porque coinciden, por diversas circunstancias históricas, cuatro retos que determinarán, según como se resuelvan en el corto plazo, la fisonomía, cohesión y modernidad de la ciudad en varias décadas. Primeramente, la definición del destino de los terrenos y construcciones de la zona del Cristo-Buenavista, cuestión en la que, de antemano, es preciso reconocer el fracaso de gestión pública que ha deparado que, durante el largo proceso de planificación del emplazamiento, construcción del nuevo HUCA y el traslado a éste, apenas se moviese un papel ni se reflexionase seriamente sobre el destino de esta zona neurálgica. En segundo lugar, tras el abandono de la actividad fabril en La Vega, se hace necesaria la retrocesión al municipio de ese espacio, en cuya definición de usos el Ministerio de Defensa no debería pintar nada, salvo que viniese acompañada su propuesta de inversiones contantes y sonantes. En tercer lugar, el espacio que daremos a la Universidad, no sólo para que racionalice una ineficiente estructura de campus dispersos, sino también para que pueda ser el polo de investigación, innovación y desarrollo empresarial vinculado al conocimiento que la economía local necesita. Y, en cuarto lugar, algunas infraestructuras críticas, como la Ronda Norte, de cuyo diseño y planificación se lleva hablando durante años, pero que pueden recibir un impulso efectivo tras años de sequía inversora, y que deben ajustarse a la realidad de la trama urbana actual.

Ciertamente, hay otras muchas cuestiones capitales (los usos del Monte Naranco, la agrupación de sedes judiciales, el propio modelo de participación y de gobierno local, etc.), pero las cuatro descritas tienen, si cabe, una mayor incidencia en la definición a largo plazo de nuestra ciudad. Los esfuerzos políticos y el liderazgo institucional deben concentrarse en estas cuestiones, porque nos jugamos el futuro de la ciudad.

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