18:16. LUNES 30 DE MARZO DE 2020

Concordia y unidad frente al delirio separatista

Asturias
23 octubre, 2017
PEDRO ALBERTO ÁLVAREZ

Y Oviedo alzó su voz, y lo hizo al­to y claro. Primero cuando los líde­res de la UE recogieron el galardón a la Concordia de manos del Rey, después durante el discurso de An­tonio Tajani, y finalmente tras las palabras de Felipe VI, todo el Tea­tro Campoamor se puso en pie, pa­ra aplaudir sus palabras de unidad y entendimiento, ante los desvaríos independentistas, que dejó en un se­gundo plano el homenaje a los ga­lardonados, aunque también hubo espacio para el reconocimiento. La ceremonia de entrega de los Pre­mios Princesa de Asturias se con­virtió en un clamor en torno a la unidad de España y la defensa de la democracia y el orden cons­titucional. Todos esperaban las pa­labras de Felipe VI, en su segundo mensaje en dos semanas, tras di­rigirse a la nación el pasado 3 de octubre, ante la situación vivida en Cataluña. Y tanto el Rey, como los galardonados, expresaron en sus discursos la importancia de la con­cordia y la convivencia, frente a la ruptura y la división, en presencia de Mariano Rajoy, el primer presi­dente del Gobierno que asiste a la ceremonia desde Leopoldo Calvo- Sotelo (1981). El monarca no pudo ser más claro. “Cataluña es y se­rá una parte esencial de España”, aludiendo al espíritu de la Unión Europea, ante el “sectarismo, la arbitrariedad y la división”. En su intervención, interrumpida hasta en cuatro ocasiones por los aplau­sos de los invitados, realizó un lla­mamiento a la unión, para “hacer frente a un inaceptable intento de secesión de una parte del territorio nacional” que debe resolverse den­tro de la legalidad y con arreglo a la Constitución, en defensa de un país “sin temores ni miedos a la imposi­ción , alejados del rencor y las frac­turas”. La división, solo conduce al aislamiento y al empobrecimiento. Tan aplaudido fue el discurso del Rey, como las palabras de los tres presidentes de la UE, Jean Claude Junker (Comisión), Donald Tusk (Consejo) y Antonio Tajani (Par­lamento), que acudieron al Cam­poamor para recoger el Premio Princesa de la Concordia. Fueron los galardonados más aplaudidos, con el teatro puesto en pie. Todos de­fendieron el espíritu de la concor­dia, “que representa lo mejor de la UE”, en palabras del luxembur­gués Jean Claude Junker. Donald Tusk, ex primer ministro de Polo­nia, advirtió sobre el peligro de “la manipulación y las noticias falsas, aunque la verdad es invencible”, en referencia a Cataluña. Y el italiano Antonio Tajani fue el más vehemen­te en su defensa de la unidad de Es­paña y de sus valores democráticos, recordando que “cuando el Tribu­nal de Justicia dicta una sentencia, se aplica, y punto”, frente a la rebel­día de los líderes independentistas ante los juzgados, apuntando tam­bién que la UE es sinónimo de so­lidaridad, ya que “no está de más que lo recordemos, en estos tiem­pos en que los egoísmos naciona­listas salen a flote”. Los tres líderes de la UE, sorprendidos y satisfechos por ver tantas banderas rojigualdas en las ventanas de Oviedo, cerraron filas en torno al Rey, con referencias también al papel de su padre, Juan Carlos I, y su compromiso con la democracia y la UE. Y nunca an­tes, en las XXXVII ediciones de los premios, el Campoamor respondió con tanto fervor. Hubo más discur­sos, más largos y de mayor calado que en cualquier otra ceremonia. Y también más aplausos.

El Rey volvió a hacer frente al delirio secesionista, y los premiados que tomaron la palabra, siguieron la misma línea. Philippe de Monte­bello, presidente del Patronato de la Hispanic Society of América (Pre­mio a la Cooperación Internacio­nal), apeló a la herencia cultural común del mundo hispano, mientras el poeta Adam Zagajewski (Letras), advirtió del peligro de los dogmas. En medio de la contundencia y el alcance de los discursos políticos, el argentino Marcos Mundstock, fundador de Les Luthiers (Comu­nicación y Humanidades), pronun­ció un discurso cercano, cálido y divertido, reivindicando el humor como una forma de mejorar la vi­da. Los científicos Reiner Weiss, Kip Thorne y Barry Barish, la escri­tora británica Karen Armstrong, y el artista sudafricano William Ken­trigde también recibieron la ova­ción del Teatro Campoamor, que volvió a levantarse para aplaudir a los All Blacks, Premio Princesa de los Deportes, que agradecieron el galardón a la manera maorí, ejecu­tando una haka sobre el escenario del teatro. Momentos que sirvieron para relajar la tensión de una cere­monia que volvió a escenificar el apoyo y la lealtad de Oviedo y As­turias, al Rey, las instituciones y la Constitución.

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