18:10. LUNES 30 DE MARZO DE 2020

WILLIAM KENTRIDGE- La conciencia de un niño

Opinión
23 octubre, 2017
NURIA FERNÁNDEZ

Era 1961, Willian Kentridge tenía 6 años, y en ese momento, un encuentro fortuito con una foto­grafía marcó toda su vida. “Estaba en la ofici­na de mi padre y abrí una caja, que creía era de chocolates y me encontré con una serie de fotos en las que había gente sin cabeza, o con sus pechos estallados, imágenes muy chocantes para un niño”.

Sudáfrica vivía marcada por el racismo y la violencia. El padre de Willian Kentridge, Sydney, era abogado en Johan­nesburgo y su carrera se enfocaba en defender los derechos de los sudafricanos negros en el apartheid (‘separación’ en afrikáans). Fue entonces, cuando Willian Kentridge, encon­tró una imagen de la matanza de Sharpeville (fotografías que su padre guardaba en un cajón junto con otras pruebas).

Tiempo después, en su estudio de Johannesburgo, se dio cuenta de que llevaba tiempo dibujando esa experiencia.

Willian Kentridge, el poeta político, el artista más cono­cido de Sudáfrica, estudió política, historia de África y arte en la Universidad de Witwatersrand y en la Johannesburg Art Foundation. Posteriormente se formó en teatro y mimo en la École Jacques Lecoq de París.

Inquieto y viajero, a los 15 años en Londres vio un pro­grama del animador McLaren y descubrió que podía hacer obras de animación con medios muy asequibles, así que empezó a rodar películas animadas, investigando el stop-frame, la pixelación y la animación de objetos. En palabras de Willian Kentridge, “Mirando películas antiguas descubrí que mucho antes de mi, ya habían existido varios intentos de animación con stop-motion muy sencilla y de animación dibujada de quince o dieciséis segundos, que pueden con­siderarse el origen de todo”.

Su obra consigue, a través de la autenticidad de lo local, trasmitir un mensaje global. Destila una búsqueda personal que nos ofrece dispositivos y herramientas para entender el mundo desde distintas perspectivas, a la vez que otorga a sus obras de una fuerte personalidad y el reflejo de un mo­mento histórico concreto. Estas características han hecho que sus obras hayan sido expuestas en lugares como la Do­cumenta de Kassel, la Tate Modern de Londres, el MoMA de Nueva York, la Albertina de Viena, la Pinacoteca del Es­tado de Sao Paulo (Brasil) y la Bienal de Venecia. En Espa­ña la Fundación Mapfre le concedió el Premio Penagos de Dibujo, expuso en el MACBA de Barcelona en 1999 y en el Centro de Arte Contemporáneo de Málaga en 2012, y este otoño inaugurará en el Reina Sofía.

Su marcada personalidad la encontramos también en sus obras de teatro, obras como Ubú y la comisión de la ver­dad, escrita a partir de relatos de la Comisión de la Verdad, creada en Sudáfrica para víctimas del Apartheid.

La mejor forma de definirle, es a través de sus propias palabras: “Soy un sudafricano blanco, sé que he crecido co­mo una persona privilegiada así que, lo mínimo que puedo hacer, es trabajar duro”.

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