13:17. VIERNES 15 DE DICIEMBRE DE 2017

Prioridades y espantajos en el debate sobre la capitalidad

Opinión
1 diciembre, 2017
GONZALO OLMOS

Oviedo no necesita una ley de capitalidad y tampoco tiene razones mayores para blandir una supuesta deuda histórica en materia de inversiones y aportaciones presupuestarias. No es una ciudad pequeña que, por motivos simbólicos o por las singularidades del reparto del poder territorial, haya sido elegida sede de las instituciones autonómicas (como los casos de Mérida o Santiago de Compostela). Ni es una gran conglomeración cuya condición capitalina atraiga tanta actividad y altere de tal manera el tejido urbano, social y económico como para requerir un tratamiento financiero y organizativo específico (como el caso de Madrid y Barcelona). Y, en todo caso, si mereciese la pena analizar en qué medida debe regularse la incidencia que la capitalidad tiene para la ciudad, jamás debería hacerse desde la perspectiva del agravio comparativo y la queja propagandística y plañidera, que es como se ha presentado habitualmente el debate.

Sorprende que la reivindicación vuelva a la actualidad, siempre para contraponerla a cualquier dificultad presupuestaria o a las estrecheces inversoras, característica que desde el estallido de la crisis económica hasta aquí ha sido constante, sólo ligeramente paliada en los últimos tiempos. Pero el problema habrá que buscarlo en las restricciones impuestas a las Corporaciones Locales por la Ley Orgánica 2/2012, de Estabilidad Presupuestaria y Sostenibilidad Financiera; en la aplicación desigual de las recetas de austeridad, donde los Ayuntamientos han sido alumnos mucho más aplicados que las propias Comunidades Autónomas y la Administración Central; y en la pervivencia de problemas endémicos en las infraestructuras de nuestra ciudad (tampoco muy distintos de los que aquejan a otras) y que no se han podido abordar en los últimos años, en este contexto de escasez en las cuentas públicas, aunque ahora comiencen a aparecer seriamente en la agenda política.

No desviemos, por lo tanto, el tiro y centrémonos en impulsar y colaborar en las actuaciones que sí mejoran la posición de Oviedo como capital abierta e integradora. La primera de ellas, la ordenación del Área Central de Asturias, en trámite a través de las Directrices Específicas impulsadas por el Gobierno Autonómico, y a las que debe responder también coordinadamente la reforma del planeamiento que da sus primeros pasos en el Ayuntamiento. La segunda, la colaboración administrativa para que las grandes operaciones de transformación del tejido urbano en ciernes (en las parcelas de La Vega y El Cristo), tengan como orientación crear espacios educativos, sociales, culturales y judiciales con vocación de servicio al conjunto de la Comunidad Autónoma. Y, como no, promoviendo una participación activa, generosa y comprometida de nuestro Ayuntamiento en los órganos y foros del municipalismo asturiano, y en todos aquellos espacios de colaboración entre administraciones. A su vez, sí procederá una perspectiva cooperativa pero también reivindicativa para, entre otros proyectos críticos, reforzar la conexión de Oviedo y sus centros neurálgicos con el resto de Asturias, mejorando el deficiente transporte ferroviario de cercanías; diseñando la Ronda Norte o la alternativa más viable y realista que descongestione el tráfico urbano; y conectando el HUCA con la AS-II, actuación para la que, por cierto, el Proyecto de Presupuestos Generales del Principado de Asturias contempla una partida de 3,9 millones de euros (esperemos que se apruebe y se ejecute).

La capitalidad es, sobre todo, un activo y una responsabilidad, para ejercerla con liderazgo y sin instrumentalizarla en un debate de cortos vuelos. Para las urgencias políticas, mejor acudir a otros recursos antes que practicar el deporte nacional de buscar culpables en la puerta –o la Administración- de al lado.

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