13:18. VIERNES 15 DE DICIEMBRE DE 2017

Borgen en Asturias y Cataluña

Opinión
1 diciembre, 2017
ALEJANDRO SUÁREZ

La autodenominada nueva política cuestiona la Transición pero no ha superado la cultura participativa que esta generó y cuyo núcleo conceptual es la búsqueda de mayorías absolutas. La segunda transición se producirá cuando las instituciones sean capaces de gestionar la fragmentación y la pluralidad política. Un cambio que tiene que darse en toda la sociedad, medios de comunicación, asociaciones cívicas, partidos, etc. Sólo así nos introduciríamos irreversiblemente en el alma democrática.

Una sociedad moderna no puede aspirar a una mayoría absoluta u homogénea como requisito para obtener estabilidad institucional. Por eso ‘Ciudadanos’ en Cataluña se equivoca radicalmente cuando pide un bloque constitucionalista que dé la Presidencia para el partido más votado. Se ha de garantizar la Presidencia del gobierno catalán a aquella fuerza política capaz de generar un equilibrio mayoritario que cuente con el apoyo de independentistas que acepten las vías constitucionales para llegar a ese objetivo. Eso romperá al independentismo totalitario, salvaje y antidemocrático y situará la política catalana en la senda de la normalidad y la Libertad. Cualquier geometría política que consiguiera ese objetivo nos habría de valer. Los matemáticas en política han de integrar junto a los números naturales, los números imaginarios e incluso los irracionales. Lo importante es la resultante. Por tanto ‘Ciudadanos’ está operando con una mentalidad tradicional que ya no vale para gobernar una sociedad muy fragmentada y, además, en conflicto.

La fragmentación es consustancial a la vida presente y futura y, por tanto, habrá de “ser normal en la política lo que en la calle es sencillamente normal” como dijo Suárez para justificar el cambio político en España. Se pueden acordar unas cosas y estar en desacuerdo en otras. Un voto a un Presupuesto nace y muere en el momento de emitirlo y sólo tiene una función muy concreta y práctica. Las mayorías se han de transformar permanentemente en función de los asuntos. Se puede apoyar a un gobierno y seguir haciendo oposición. Las ideas no se pervierten ni traicionan si se apoyan medidas con las que no se está completamente de acuerdo. La imposibilidad para el acuerdo es tóxica y hace inviable la democracia avanzada. Las renuncias que han de hacerse para pactar demuestran que se tiene presente más los intereses generales que los de partido. Yendo a nuestra tierra: Asturias merece de una vez un acuerdo político aunque no nos guste el gobierno socialista. Merecemos una época de cambios para un cambio de Época.

La serie televisiva Borgen es un clásico. Es un manual de buenas prácticas que merece estudiarse. Casi todas las patologías de la política: Corrupción, alejamiento de la sociedad, generación de castas institucionales, etc. se pueden abordar mejor desde un sistema de estabilidad variable y plural si se es capaz de aprehenderlo intelectualmente y gestionarlo políticamente. La realidad ni se entiende ni se gobierna dentro del paradigma político vigente desde el siglo XIX. Ese es el problema de Asturias y, aún más, del gravísimo catalán.

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