13:18. VIERNES 15 DE DICIEMBRE DE 2017

Una constelación de estrellas para ‘Andrea Chénier’

Cultura
7 diciembre, 2017

El cuarto título de la Ópera de Oviedo, que se estrena esta tarde, supone la mayor apuesta de la institución, no solo por la dificultad de la partitura, sino por la reunión de un elenco de grandes estrellas de la ópera, con Ainhoa Arteta, Jorge de León y Carlos Álvarez al frente de un elenco que, con la dirección de Gianluca Marcianò, ofrecerá cuatro funciones los días 7, 10, 13 y 16 de diciembre.

Intrigas, odio, resentimiento, persecución política, lucha de clases, ilusiones frustradas y sobre todo, amor apasionado, son aspectos de la vida que, envueltos en una cruenta revolución y protagonizada por un personaje que existió en realidad (el poeta francés André Chénier, ejecutado durante la Revolución Francesa), se mezclan para darnos una de las óperas más representativas del período verista italiano, donde se escenifica la trágica y emotiva historia de amor entre el poeta Andrea Chénier y la aristócrata Maddalena de Coigny.

Umberto Giordano, con tal solo 27 años, alcanzó con esta ópera la celebridad mundial y la Ópera de Oviedo celebra así el 150 aniversario del nacimiento del compositor. Fue estrenada en La Scala de Milán el 28 de marzo de 1896, y durante la primera mitad del siglo XX fue producida con cierta frecuencia y entró en el repertorio operístico estándar. Una de las razones que contribuyó a su popularidad fue la espléndida música lírico-dramática del tenor principal, Andrea (Jorge de León), que provee a un cantante con talento muchas oportunidades para lucirse en escena.

La acción de este drama transcurre entre los años de 1789 y 1793. Comienza narrando la vida despreocupada de la aristocracia francesa durante los años prerevolucionarios. La Condesa de Coigny ofrece una fiesta en su palacio. Entre los invitados está el citado poeta André Chenier, enamorado de la hija de la Condesa, Maddalena. El joven critica a la Iglesia y al Estado, lo que generará conflicto entre los demás asistentes.

Más tarde, Chenier se convierte en un revolucionario, y es entonces cuando Maddalena le escribe para que la proteja, añadiendo que han asesinado a su madre. Cuando los dos se encuentran de nuevo aparece Gerard, otro enamorado de Maddalena, que les recomienda huir cuanto antes para salvarse.

Cuando Chenier es capturado asume su culpa, alegando que él como soldado luchó tan solo por el bien para su país. Cuando se encuentra en la prisión de San Lázaro, llega Maddalena, que decide sacrificarse y morir ejecutada junto a su amor.

Musicalmente, el célebre ‘improvviso’: “Un dì all´azzurro spazio”, la famosísima aria de Maddalena (Ainhoa Arteta) “La mamma morta” o el turbulento dúo final “Vicino a te” en el que la pareja protagonista canta heroicamente camino del cadalso, son algunos ejemplos de una obra repleta de pasajes líricos que cubren de atractivo esta historia de amores truncados en los días más sangrientos de la dictadura de Robespierre cuando la guillotina trabajaba sin descanso.

EL trío protagonista es de los que no se recuerdan por Oviedo. Repasar las trayectorias del tenor Jorge de León, la soprano Ainhoa Arteta o el barítono Carlos Álvarez es recorrer los más grandes teatros de ópera del mundo, desde el Metropolitan a la Scala, es abarcar todo el repertorio romántico en sus más altas cotas de calidad, tanto en ópera como en zarzuela, y eso supone un valor añadido a unas funciones que, solo por el cartel, han levantado gran expectación en todo el país. Desde 1950 ‘Andrea Chénier’ ha sido una de las óperas más representadas en el Campoamor, apareciendo hasta en diete temporadas diferentes, aunque hay que remontarse diecisiete años atrás para encontrar las tres últimas representaciones del título, en el año 2000.

La producción, firmada por Alfonso Romero Mora, procedente de la ABAO y del Festival de Perelada, apuesta por una visión clásica, con un escenario trapezoidal que rompe la cuarta pared con respecto al público, pero que en ningún caso interviene en el desarrollo vocal. Toda la puesta en escena se supedita a lo contextual, para ofrecer un marco a los cantantes y favorecer al máximo la atención en las voces, máximas protagonistas de la ópera de Giordano.

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