00:03. VIERNES 22 DE JUNIO DE 2018

PSOE contra PSOE

Editorial
12 febrero, 2018

Por primera vez, en más de veinticinco años, Javier Fernández no acudió -hace una se­mana- al homenaje póstumo a Manuel Llaneza. Y no es una cuestión menor, más bien, todo lo contrario. El acto se celebró en su pueblo, Mieres, y Manuel Llaneza, además de histó­rico dirigente político, fundador del SOMA, y alcalde de Mieres (1911-1919), fue el padre de Arístides Llaneza, tío de Javier Fernández. Sin embargo, el presidente del Principado no acudió al homenaje y, además, no ocultó sus razones (“no voy a los lugares en los que no se me estima o no se me aprecia”) en alusión a la conversa­ción que mantenían en un grupo de whatsapp militan­tes y cargos del PSOE de Mieres, en la que planteaban boicotear su asistencia a la entrega de un premio que concede la asociación ‘Mierenses en el mundo’.

El socialismo asturiano vive, desde hace tiempo, en un desquiciante estado de esquizofrenia. Y prueba de ello, es que Javier Fernández se ha convertido en un apes­tado político del que reniegan, incluso, sus ‘compañe­ros y compañeras’ del PSOE de Mieres, y hasta los di­rigentes de ese despojo en que se ha convertido el an­taño todopoderoso SOMA. El viejo PSOE, y el nuevo PSOE, lejos de suturar sus heridas, siguen escarbando en ellas. Y ni en Madrid, ni en Asturias, se ha produci­do un ordenado traspaso de poderes tras el proceso de primarias, y el cambio de timón en Ferraz y en la FSA. El PSOE sigue roto y dividido, y en su paranoia, hay quién emite certificados de buenos y malos. El PSOE, el de antes y el de ahora, no parece haber entendido el mensaje de sus propios votantes -los socialistas han perdido 6 millones de votos-, ya que sus dirigentes se obcecan en mantener enfrentamientos suicidas, ‘ven­dettas’ y purgas internas, que siempre son penaliza­dos en las urnas.

Desde el primer día que asumió una responsabilidad para la que no estaba preparado, a Javier Fernández solo le ha criticado, con amplitud de argumentos y abundantes datos, este periódico; sin embargo, ahora, se ha abierto la veda contra Javier Fernández que ha sido condenado, hasta por los suyos, al ‘apartheid’ po­lítico. El aquelarre socialista ha desahuciado a un diri­gente al que nunca rechistaron y a quién siempre obe­decieron con rebuznos. Pero ahora, ya es tarde, y sus fanatismos y rencores, abocan a la comunidad a otros catorce meses políticamente perdidos ante la interini­dad de un político aislado en el parlamento y abando­nado por su club de fans. Su fragilidad política, y su programa de gobierno, tan vacío de contenidos como repleto de simplezas; acentuarán -aún más- los males endémicos de una comunidad donde sigue, metafóri­camente hablando, sin salir el sol por ninguna parte. Tanta incompetencia y necedad, le puede salir muy cara a los socialistas, cuando los asturianos vuelvan a pronunciarse en las urnas.

España crece pero no crea empleo

Asturias, junto a la Comunidad de Madrid, Castilla-La Man­cha, Andalucía, Cantabria y la Región Murcia, son las seis úni­cas comunidades donde subió el paro durante el pasado mes de febrero. El Principado ha sumado 203 nuevos parados, y ya roza, de nuevo, los 80.000 desempleados (79.705). Al igual que el resto de España, Asturias apenas crea empleo neto, y las nuevas contrataciones están condicionadas a los vaivenes de la estacionalidad del mercado de trabajo.

España crece y lo hace a mayor velocidad que el resto de Europa, sin embargo, no crea los suficientes puestos de trabajo que la crisis destruyó. Nuestro país crece a un ritmo de 3,1%, algo impensable no hace mucho tiempo, pero el crecimiento económico no se corresponde con la raquítica creación de em­pleo que apenas alcanza una cifra porcentual del 1%. ¿Por qué España no crea empleo? Ésa es la pregunta que deben de ha­cerse quienes nos representan en las instituciones y tienen los mecanismos, que son necesarios, para reactivar el empleo.

El problema del empleo en España, viene de muy lejos, y es un problema, fundamentalmente, estructural. Nuestro país lo ha fiado todo al sector turístico y muy poco más. A la tem­poralidad de las contrataciones se suma, además, la precariza­ción de los contratos. Los ‘mileuristas’ ya son leyenda urbana. Ahora, se puede hablar de los ‘ochocientoeuristas’. En pleno debate de las pensiones, habrá que convenir, que para la soste­nibilidad del sistema hace falta crean empleo estable y mejor remunerado. Solo así se volverá a llenar la hucha vacía de las pensiones.

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