05:34. MIéRCOLES 19 DE SEPTIEMBRE DE 2018

Notarios de la vida y de la muerte

Oviedo
5 marzo, 2018
PEDRO ALBERTO ÁLVAREZ

El IML hace autopsias y necropsias, da fe de las muertes violentas, pero también de los fallecimientos por causas naturales. Sus trabajadores diseccionan cuerpos, y establecen una precisa radiografía de los ‘números más negros’ que hacen temblar a los asturianos.

La víctima del ‘crimen de Vallobín’, el pequeño Imran (encontrado sin vida en una maleta), o el joven ase­sinado en La Felguera de un dispa­ro en la cabeza… Las claves de sus homicidios fueron desveladas por el equipo del Instituto de Medici­na Legal de Asturias, situado en La Corredoria (Oviedo). Al igual que todos los casos de fallecidos en accidentes de tráfico, suicidas o cualquier muerte ‘sospechosa’ o violenta. El IML con 32 trabajado­res (forenses, auxiliares de autop­sias, psicólogos y trabajadores so­ciales), es el brazo ‘no armado’ de las Fuerzas y Cuerpos de Seguri­dad del Estado y colabora con la autoridad judicial, para resolver todo tipo de crímenes y delitos. Desde agresiones por violencia de género hasta lesiones o asesi­natos. El año pasado, atendieron más de 9.000 expedientes, aunque solo una pequeña parte (675) co­rrespondieron a fallecimientos, y un mínimo porcentaje (5) fueron homicidios.

Ante la evidencia, o la sospe­cha de una muerte violenta, el ser­vicio de patología forense del IML entra en escena (literalmente). Se desplazan hasta el lugar del falle­cimiento, recogen muestras, y tras­ladan al cadáver a la sala de autop­sias. En 2017, intervinieron en 370 muertes violentas (accidentes, sui­cidios y homicidios), identificaron 2 restos óseos, y certificaron 305 muertes naturales. Además, reali­zaron 413 autopsias, 531 levanta­mientos de cadáveres, 140 dictá­menes y 124 reconocimientos.

El Instituto de Medicina Legal permite establecer que la principal causa de muerte en Asturias no son los accidentes de tráfico (28 fallecimientos el año pasado). Ni tampoco las frecuentes intoxica­ciones (19), atragantamientos (15) o ahogamientos (9). La causa que más fallecimientos produce son las caídas, 122 el año pasado. An­tonia Martínez, directora del IML desde hace una década, destaca que este tipo de fallecimientos se ha duplicado desde 2014 (58). “En la mayoría de los casos, se trata de personas de avanzada edad, con una patología previa, que caen en su casa o en la calle, y acaban fa­lleciendo a causa de las heridas”.

Los datos del IML, al igual que los informes de la Delegación de Gobierno, confirman que Asturias es una región con una tasa de ho­micidios muy por debajo de la me­dia nacional: 6 en 2014; 3 en 2015; 5 en 2016; y 5 en 2017 (3 por arma blanca, y 2 por arma de fuego). Y por cada asesinato, se producen 27 suicidios. 136 en 2017. Otra maca­bra estadística que se mantiene es­table año tras año: 135 en 2013; 134 en 2014; 129 en 2015; 130 en 2016. Aproximadamente, el 80% de los suicidas son hombres, y la mayo­ría de los casos se producen en fe­chas señaladas, como Navidades o vacaciones, y también durante el fin de semana. El año pasado, 54 suicidas fallecieron tras arrojar­se desde un puente o una ventana, 40 se ahorcaron y 17 murieron por consumo de fármacos. Al mar­gen de la fría estadística, la infor­mación sobre suicidios se mane­ja con cuentagotas para evitar un ‘efecto contagio’. En el IML recuer­dan que, hace unos años, se pro­dujeron 3 suicidios en una sola se­mana, en un pequeño pueblo de la Cuenca Minera, con apenas 1.200 habitantes. Investigando más allá de la escena de la muerte, la psi­cología forense logra aportar más luz sobre muchos casos. “Es habi­tual que algún familiar, también se haya suicidado. O que a la víctima se le haya detectado una grave en­fermedad, o lleven mucho tiempo sin encontrar trabajo…”. Antonia Martínez añade que “el suicida siempre deja pistas, nunca actúa de repente, hay un proceso”.

El IML también interviene en las muertes por accidente laboral, que tras caer a la mitad entre 2014 y 2015 (de 20 a 10), remontaron el año pasado hasta las 14: 5 por ac­cidentes de tráfico, 4 por caídas, 4 por aplastamientos, y un atropello.

“La gente asocia el instituto de Medicina Legal con muertos y au­topsias, pero en la mayoría de los casos tratamos con personas vi­vas”, apunta Antonia Martínez. El año pasado, realizaron 3.313 infor­mes de lesiones por agresión (ex­ceptuando violencia de género y doméstica), 23 partes por acciden­tes de tráfico,18 por accidentes la­borales, y 33 por otras situaciones, “desde una mordedura de perro, a un accidente fortuito”. La labor de los forenses del IML tiene una gran importancia en los casos de violencia de género, para determi­nar el alcance o la existencia de lesiones (803 casos en 2017, 701 en 2016). Además, realizaron 166 valoraciones de violencia en el entorno doméstico, “estudiando tanto a la víctima como al agresor, determinando qué riesgo existe, para que el juez pueda dictar me­didas de protección”. Las viola­ciones, uno de los delitos que más alarma social generan, también se resuelven con la ayuda del Ins­tituto de Medicina Legal. El año pasado, hubo 28 expedientes, la mitad que en 2016 (58). “En estos casos tenemos que actuar rápi­do. Hay un protocolo para casos de ‘sumisión química’, es decir, chicas drogadas y violadas”. La conocida como ‘burundanga’ (es­copolamina) y otras sustancias utilizadas por los agresores. “En muchos casos, desaparecen de la orina cuando pasan 6 horas. Por eso actuamos con rapidez”. Sin embargo, el factor común en la mayoría de las violaciones, es el alcohol, “combinado con can­nabis o cocaína”. Los forenses recogen muestras biológicas, y buscan ‘pistas’ que haya dejado el agresor, en forma de pelos o rastros de semen, que se envían a Madrid para identificar el ADN. Si cualquier violación es dramática, cuando hay menores implicados, la situación es aún más compleja. “Atendemos media docena de ca­sos al año”, apunta la directora del IML. “Las violaciones a niños y niñas se producen dentro del cír­culo familiar, y la denuncia nunca es directa. Puede llegar semanas, meses o años después. La labor de los psicólogos es esencial”. Además, el IML también hace un seguimiento a las víctimas para determinar si se ha producido un embarazo, o una enfermedad de transmisión sexual. “Nuestro tra­bajo también es pericial”. El aná­lisis de las sustancias tóxicas en el organismo de las víctimas aporta muchos datos a las investigacio­nes. “Si en un fallecido aparecen restos de una medicación que no tenía prescrita, puede llevar a la Policía hasta un punto de venta. Y también nos pone sobre la pis­ta de nuevas drogas que estén en­trando en el mercado”. Analizan­do la orina, se detecta un consumo reciente. Un pelo, revela los con­sumos crónicos. Los análisis del IML también permiten desterrar algunos mitos. Solo el 30% de los fallecidos en accidente de tráfi­co, habían consumido alcohol. El cansancio, o el exceso de veloci­dad, matan más.

Los informes del Instituto de Medicina Legal de Asturias tam­bién permiten determinar si una persona es imputable por su es­tado mental, si tiene capacidad para gestionar sus ahorros o vivir sola, determinar su ingreso en el hospital si así lo requiere la auto­ridad judicial, decidir si un preso debe salir para recibir tratamiento en el hospital, y hasta resolver una demanda de paternidad (45 casos el año pasado).

Un Instituto a salvo de ‘intrusos’

Hace dos décadas, las hormigas se colaban en la sala de autopsias del antiguo Hospital Central por una de las ventanas del semisóta­no. Hoy, en el Instituto de Medici­na Legal ya no hay ‘visitas’ impre­vistas. En sus instalaciones, todo está en perfecto estado de revista y sus salas son una ‘burbuja’ pre­surizada ante cualquier amenaza (bacteria) que pueda llegar del ex­terior. Desde la sala para autopsias de cadáveres especiales (en estado de putrefacción), a la pequeña sa­la de reconocimiento (las camillas están separadas por un cristal), o la sala principal, con 4 mesas y todo el material necesario para realizar las autopsias, conservar las vísceras en formol y realizar cualquier tipo de prueba. El edifi­cio cuenta con sistemas que filtran el aire, y desvían a depósitos espe­ciales el agua y los restos de san­gre procedentes de las autopsias. Cada trabajador dispone de tra­jes de protección biológica, mas­carillas del más alto nivel contra partículas y vapores… Incluso las ‘neveras’, las cámaras donde se guardan los cadáveres, pueden abrirse desde dentro. Y no en pre­visión de que un cadáver resucite, sino para evitar que las limpiado­ras, o algún trabajador, se quede encerrado dentro de las cámaras, cuya temperatura ‘ambiente’ es de 3 o 4 grados, ya que también pue­den congelar cuerpos que, por or­den judicial, no puedan ser ente­rrados o incinerados, a la espera de cualquier resultado o prueba. El Instituto de Medicina Legal de Asturias, situado en La Corredo­ria, abrió sus puertas en marzo de 2011. Sus 32 trabajadores dis­ponen de 3.836 metros cuadrados repartidos en cinco plantas, un lu­jo comparado con los 200 metros que tenían destinados a la investi­gación forense en los Juzgados de Comandante Caballero.

El dolor humano no tiene protocolos

El Instituto de Medicina Legal tie­ne protocolos para grandes catás­trofes, agresiones sexuales, forma parte de la Comisión de Víctimas Múltiples, y colabora con el Cen­tro de Estudios Jurídicos, el Ins­tituto Adolfo Posada o el HUCA. Sus trabajadores realizan cursos de psiquiatría, radiología o ADN, y la formación es continua. Pero el trato humano solo se aprende con años de experiencia. “El momen­to más duro es cuando tienes que dirigirte a las familias, nunca te preparan lo suficiente para eso”, apunta Antonia Martínez. “Ellos esperan respuestas, y tu tienes da­tos y detalles, que no siempre es conveniente comunicar”.

Maribel Guerra y Montse Mar­tínez, empleadas de la sala de au­topsias, reconocen que los casos que implican a niños, son los más duros. Todos recuerdan el maca­bro ‘crimen de Vallobín’ (la vícti­ma fue descuartizada, y sus res­tos guardados en una nevera). “Nunca habíamos vivido nada así”. El hundimiento del pesque­ro Santa Ana frente al Cabo Pe­ñas, con 8 fallecidos, o el asesina­to de Imran (un bebé de 21 meses) son algunos de los sucesos que más conmoción han producido, y que también fueron estudiados en el Instituto de Medicina Legal. La directora del Instituto, que traba­jó 11 años como forense en Mie­res, recuerda otros casos, como los accidentes en las minas. “Cuando llegábamos al pozo las familias de los mineros que trabajaban en ese turno ya estaban allí. Padres, hijos abuelos… Todos los veían salir en silencio”.

Los trabajadores del Instituto de Medicina Legal siempre están alerta por si se produce una catás­trofe o grave siniestro. Aprendie­ron mucho del accidente del tren de Angrois (2013). Probablemente, sus salas hoy estarán tranquilas, y el trabajo empiece a acumular­se el lunes. Los fines de semana, son ‘temporada alta’ de accidentes, agresiones o suicidios.

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