06:45. MARTES 17 DE SEPTIEMBRE DE 2019

100 días de apagón

Asturias
23 marzo, 2018
MARINA GARCÍA

El gobierno regional va camino de completar otro trimestre en blanco, en el inicio del nuevo año. En mayo, se cumplirán seis años ‘horribilis’ de Javier Fernández como presidente de Asturias.

En su advenimiento como pre­sidente del Principado (mayo de 2012) juró, mano en alto, que nos conduciría a la tierra prometida, que convertiría a nuestra maltre­cha comunidad, “en la Alemania de España”, y que devolvería a As­turias a la “normalidad” tras el efí­mero gobierno de Francisco Álva­rez-Cascos. Prometió, tantas cosas, que su primer discurso de investi­dura ocupó 24 folios y 57 minutos de monólogo y discurseo. Casi seis años después, la realidad es la que es y, desgraciadamente, no admite mayores enmiendas, más su ‘haber’ presidencial cabe en una cuartilla. Nada por aquí, nada por allá, y na­da por ningún sitio. Javier Fernán­dez no es más que una ilusión óp­tica, un trampantojo, y un político sin respuestas. La historia le juzga­rá, pero no le absolverá. Y Asturias arrastrará, como una losa o una pe­sada penitencia, los siete años, siete, perdidos por Javier Fernández. Los lunes al sol, y los martes, y los miércoles…, como censuró este periódi­co, cuando el resto de medios de co­municación, y las tribus socialistas, hacían la ola a un político silente, vacuo, y estéril. El retrato robot, o ficha técnica del aún presidente del Principado, es tan simple como in­útil. Javier Fernández es un zánga­no de la política. Un eclipse que ha oscurecido -aún más- Asturias. Un lúgubre presidente interino que en ejerce de administrador concursal, o al menos tal parece, y que ha em­pobrecido, aun más, a una comuni­dad donde solo afloran los ‘brotes rojos’ del paro y la galopante deu­da (la Junta aprobó hoy un nuevo crédito por valor de 111 millones de euros). Un político embargado por sus propios impedimentos y limita­ciones. Un político etéreo y quejico­so, al frente, para nuestra desdicha, de una comunidad en estado vege­tativo y que ha acelerado su deser­tización desde que está en manos de un gobiernín de peleles. No es la primera vez que lo escrituramos, y tampoco será la última, Javier Fer­nández es, con seguridad, el peor y más nefasto presidente que han pa­rido las urnas. Pero ya no hay mar­cha atrás Vivimos en el caos y en el vacío. La nada, por obra y desgra­cia, de Javier Fernández.

En la Arcadía feliz que fabuló Javier Fernández, y que elucubró en sus ensoñaciones presidencia­les, no hay presupuestos, no hay reformas, no se aprueban leyes, no hay soluciones que remedien, o aplaquen, los problemas de los as­turianos, y solo se dictan políticas paliativas e improductivas (“no as­piro a liderar un gobierno paliati­vo”, proclamó en su primera inves­tidura). Pero el PSOE gobernante, desde el primer día, es un gobierno gripado que no avanza en ninguna dirección. Y para colmo de males, desde hace un año, Javier Fernán­dez no cuenta, ni siquiera, con el apoyo de los suyos. Pedro Sánchez le ha prejubilado y puesto fecha de caducidad. Como el Rey, Javier Fer­nández reina, pero no gobierna. Es un ‘ninot’ indultado. Un presidente clandestino. Un mantero. Un men­digo de la política. Un reo aislado y confinado en su Guantánamo pre­sidencial. Y también pasará a la his­toria, como el único presidente de Asturias, que nunca pisó la calle, y tampoco visitó los concejos de su tierra.

Seis años, por ahora, de apa­gón político. 100 días, desde que comenzó el nuevo año, de soledad y parálisis gubernamental. Si nadie lo remedia, Asturias transita hacía siete años políticamente vacíos. Los años perdidos por culpa de un polí­tico empeñado en clonar las viejas e inútiles políticas del pasado.

Los campanus

Vino a mitinear sobre las pensiones, y acabó ungien­do a Wenceslao López y a Adrián Barbón, como can­didatos socialistas a las elecciones municipales y au­tonómicas que se celebrarán el próximo año. El ‘de­dazo’ del secretario general del PSOE, cercena los procesos de primarias, revalida a Wenceslao como cartel electoral en Oviedo, y coloca a Barbón en la ‘pole’ y taponando cualquier intento de candidatura alternativa socialista en Asturias. La FSA tiene una regla no escrita. Sí su secretario general da el paso y oposita a la presidencia de Asturias, nadie osa a presentar una segunda candidatura. Adrián Barbón, desde esta semana, es el candidato ‘in pectore’ del PSOE. A Fernando Lastra se le ha acentuado su cara de póquer, y está por ver si renuncia a plantar batalla interna. Por lo pronto, Dolores Carcedo, Pilar Varela, y Francisco del Busto, ya son consejeros ‘conversos’ que declaran su amor al ‘compañero’ Pedro, que ha sacado los primeros ‘campanus’ de la temporada.

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