13:36. MIéRCOLES 13 DE NOVIEMBRE DE 2019

La retirada, definitiva, de Gabino de Lorenzo

Editorial
15 marzo, 2018

Treinta años después, Gabino de Lorenzo aca­ba de abandonar, definitivamente, la política. Tras perder, por primera vez, la mayoría ab­soluta en las elecciones municipales de 2011, Gabino de Lorenzo pidió ‘asilo político’ y se refugió, como un faraón, en la Delegación del Gobierno. Y ahí ha estado, durante los últimos seis años, apagando fuegos, practicando controles de alcoholemia, y en las úl­timas semanas buscando a desaparecidos. Con 75 años recién cumplidos, De Lorenzo ya había anunciado, a sus más allegados -no más de tres, al margen de su familia-, su intención de colgar las botas y los guantes -no caiga en olvido su antaño pasión por el boxeo-; sin embargo, no es menos cierto, que la dirección regional del PP, con Mercedes Fernández a la cabeza, hace tiempo que le te­nía ganas. Y prueba de ello, es el nombramiento exprés de un nuevo delegado, Mariano Marín -un ‘hombre’ de ‘Che­rines-, tras la repentina retirada del político que más po­der acumuló en Asturias, durante dos décadas de ordeno y mano, y de su celebre ‘tira palante que libras’.

Gabino de Lorenzo ha sido el mejor y el peor alcalde que ha tenido Oviedo, y tal aseveración puede descolocar a nuestros avispados lectores. Nadie ha sido tan crítico, con el ex alcalde de Oviedo, como este periódico, lo que nos llevó, en media docena de ocasiones, a visitar los juz­gados. Sin embargo, es de justicia reconocer que Gabino transformó Oviedo en sus primeros años de lucidez y efi­cacia como gestor municipal. Las peatonalizaciones, los planes de choque, la limpieza y pintada de fachadas, la eliminación de los puentes y vías que atravesaban Ovie­do, la recuperación de El Fontán -una réplica casi exacta al Fontán original- y hasta los centros de estudio; trans­formaron y humanizaron la ciudad, acercaron los barrios al centro, y la capital asturiana se proyectó a toda España como una ciudad limpia, coqueta y guapa.

Pero ebrio de poder, y de votos -ganó seis elecciones, cuatro por mayoría absoluta-, Gabino de Lorenzo empe­zó a liarla, urdiendo extrañas operaciones urbanísticas que solo propiciaron ‘pelotazos’ para los constructores y millonarias deudas, que aún hoy arrastra el Ayuntamien­to. Y al ruinoso palacete de ‘Villa Magdalena’, o ‘el Cala­trava’ hay que sumar la megalomanía de un alcalde, que como tenía una yeguada, le dio por levantar un faraóni­co centro ecuestre (‘El Asturcón’), que desde el primer día no ha servido para nada. Sus desmanes y atropellos urbanísticos, podían haber sido más lesivos aún para la ciudad, ya que intentó perpetrar otras dos locuras -no tie­nen otro nombre-: las ‘trillizas’ de Calatrava (rascacielos) en la parcela de El Vasco, y el macroaparcamiento bajo el campo San Francisco y en el subsuelo del corazón de la ciudad, con el único fin de saldar sus deudas con un constructor.

En clave política, Gabino de Lorenzo gobernó a su antojo y como le dio la gana, tras pactar con José Ángel Fernández Villa -por entonces todopoderoso y temido lí­der sindical- un pacto secreto para repartirse el poder y el control de las instituciones. Un ‘amagüestu’ para que Oviedo fuese gobernado por el PP, y el Principado por el PSOE, con la complicidad del presidente de la difun­ta Cajastur, Manuel Menéndez. Aquel pacto de no agre­sión mutua, urdido por Gabino y Villa (PP-SOMA), trató de romperlo Vicente Álvarez Areces, cuando destituyó a Menéndez como presidente de Cajastur, aunque rápi­damente fue repuesto en el cargo por sus dos padrinos políticos.

Más reciente en el tiempo, queda la batalla y ruptura de la derecha asturiana, cuyos protagonistas aún hoy, no han hecho las paces. En marzo de 2010, Francisco Álva­rez-Cascos y Gabino de Lorenzo, mantuvieron una comi­da en el Asador ‘El Frontón’ de Madrid -según desveló este periódico-, en la que el exvicepresidente del gobierno le comunicó su intención de regresar a Asturias para aban­derar la candidatura del Partido Popular en las elecciones autonómicas de 2011. Ahí empezó la guerra, y de esos lo­dos vienen los barros que siguen salpicando, ocho años después, a la derecha en Asturias. Dos gallos en un mis­mo corral, que acabaron a garrotazos. Desde entonces, el PP está roto y dividido en tres facciones: el PP oficial, Foro Asturias que es el PP de los casquistas y de los des­contentos, y un tercer PP que aún sigue suspirando por Gabino de Lorenzo, y que ahora tiene a Agustín Iglesias Caunedo, como principal referente, ya que Alfredo Can­teli, presidente del Centro Asturiano, hasta en tres ocasio­nes le dio calabazas, públicamente, a Gabino de Lorenzo, cuando éste trató de darle el bastón de mando.

Gabino de Lorenzo ha dicho adiós, definitivamente, a la política. Y siempre habrá un antes y un después, en una ciudad que transformó pero que también endeudó. Los ovetenses sabrán juzgar, mejor que nadie, su labor.

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