11:17. SáBADO 21 DE SEPTIEMBRE DE 2019

La muerte ‘intencionada’

Asturias
2 abril, 2018
PEDRO ALBERTO ÁLVAREZ

Cada semana, tres personas toman la trágica decisión de quitarse la vida en Asturias. Los suicidios son la primera causa de muerte violenta en nuestra comunidad. Muertes silenciadas en los medios de comunicación, pero con elevadas cifras año tras año: 135 suicidios en 2013; 134 en 2014; 129 en 2015; 130 en 2016; y 136 el año pasado, según los registros del Instituto de Medicina Legal del Principado. Los datos del doctor Julio Bobes, jefe de servicio de Psiquiatría del Área IV (Oviedo), y presidente de la Sociedad Española de Psiquiatría, son aún más preocupantes. “La cifra real se acerca a los 160 suicidios”. En total, cada año, unas 4.000 personas optan por quitarse la vida en nuestro país.

Asturias, junto a Galicia, es uno de los ‘agujeros negros’ del suicidio en España. Tiene la tasa más alta de todo el país, aunque aún está lejos de la media que se registra en Alemania, Dinamarca o Escocia. “Proporcionalmente, hay más suicidios en los pueblos y aldeas de las alas, que en las grandes ciudades de Asturias”, apunta Julio Bobes. Juan Antonio Córdoba, técnico en epidemiología y autor de uno de los estudios más completos sobre el suicidio en España, apunta que “la tasa de suicidios es aproximadamente el doble entre los analfabetos que entre los titulados universitarios”. Pero también la crisis influye en tan dramática decisión. En los últimos años, han aumentado los suicidios entre personas de 30 a 59 años, aunque cada variable se analiza con cautela. “No tenemos datos que apoyen la influencia de la crisis, al menos entre 2008 y 2013”, matiza el doctor Bobes. “Pero no podemos descartar un efecto tardío”. Además, nadie está libre de padecer una profunda depresión que, a la larga y sin tratamiento, puede llevar a semejante decisión. El 25% de los ingresos en las urgencias psiquiátricas, son por intentos de suicidio. Y el 25% de las víctimas que sobreviven a un primer intento de suicidio, intentan repetirlo.

Sin embargo, apenas se toman medidas para prevenir este tipo de muertes intencionadas, aunque muchas de las víctimas lanzan señales de auxilio a sus familiares antes de tomar tan trágica decisión. El maltrato, el abuso del alcohol y las drogas, los desórdenes mentales y hasta la herencia genética, forman parte del ‘cóctel’ mortal que puede encaminar a alguien hacia su propia muerte. En Asturias, ante la ausencia de un Plan de Prevención estatal, acaba de ponerse en marcha un protocolo de actuación regional, en el área del Nalón, que pronto se ampliará a la zona sanitaria IV (Oviedo y alrededores), y posteriormente a toda la comunidad. Desde las Urgencias y las consultas de atención primaria, enfermeros, psiquiatras, médicos, psicólogos y trabajadores sociales colaboran para identificar a tiempo a los pacientes con sentimientos o planes suicidas. La experiencia de los profesionales les permite detectar estos casos y evitar sus muertes. Ahora, por primera vez, lo harán de forma coordinada.

El psicólogo clínico Javier Jiménez, presidente de la Asociación de Investigación, Prevención e Intervención del Suicidio, es pesimista. “Ignoramos la envergadura del problema”. El número de muertes por suicidio que recoge el INE, no coincide con las memorias de los Institutos de Medicina Legal. En opinión de Jiménez, la cifra real podría estar cerca de las 5.000 muertes al año, un millar más. En algunas regiones, solo el 40% de los suicidios se apuntaron como tales en el Registro de Mortalidad. Muchos fallecimientos atribuidos a ‘causas externas’, como caídas, ahogamientos, accidentes de tráfico y sobredosis, podrían ocultar un suicidio. Además, solo uno de cada cinco suicidas deja una nota de despedida. En paralelo, muchos suicidios no quedan registrados para evitar el estigma social (es ‘mejor’ morir de un accidente que quitarse la vida) o por la creencia de que los herederos no van a cobrar un seguro de vida. En algunos casos, como los ahorcamientos (40 el año pasado en Asturias), los suicidios con arma de fuego (9) o arma blanca (3), no hay lugar para la interpretación. Pero las caídas desde lugares elevados (54), las sobredosis de drogas y la intoxicación con fármacos (17) o los ahogamientos (7), generan más dudas o conjeturas. Hasta hace unos años, la primera causa de muerte violenta, eran los accidentes del tráfico. Ahora, el suicidio está en primera posición. “El número de casos no deja de aumentar”, advierte Julio Bobes. Hace una década, la tasa de suicidios en España estaba por debajo de la media europea, con casos por cada 100.000 habitantes. Una tasa que se ha doblado. Muertes silenciadas e intencionadas. Derecho a vivir, pero también ¿derecho a morir?

“Los suicidas avisan de sus intenciones”

La forense Antonia Martínez dirige el Instituto de Medicina Legal de Asturias desde hace una década. Sus trabajadores son los responsables de estudiar e investigar todas las muertes violentas que se producen en la comunidad, desde accidentes laborales a homicidios, pasando por los suicidios, una ‘epidemia’ que no cesa.

.-¿Ha aumentado el número de suicidios en Asturias?

No. Su número se mantiene constante a lo largo de los últimos años y sin grandes cambios.

.-¿Hay un perfil común?

La mayoría, en torno al 80%, son hombres. Son gente mayor, personas con una enfermedad incurable, o enfermos mentales, con problemas sentimentales, depresión…

.-¿Dónde se producen o se cometen los suicidios?

Habitualmente, en algún lugar diferente a la casa de la víctima. En las zonas rurales, por ejemplo, es frecuente hallar los cadáveres en una cuadra, un tendejón, el hórreo…

.-¿Hay fechas especialmente ‘sensibles’ para los suicidas?

Normalmente, los fines de semana. También en periodos de vacaciones, en navidades, o en otras fechas señaladas. Es cuando las personas suelen sentirse más solas y deprimidas, y toman esa decisión fatal.

.-¿Hay diferencias entre los suicidios de hombres y mujeres?

Los casos de intoxicación (ingesta de pastillas) son más frecuentes en mujeres. Las muertes por arma de fuego, o ahorcamiento, son más propias de los varones.

.-¿Ha percibido algún cambio en los métodos que utilizan los suicidas en los últimos años?

Cada vez son menos frecuentes los ahorcamientos. Por desgracia, aumentan los casos de personas que se quitan la vida arrojándose desde una ventana, un puente o un acantilado.

.-Los medios de comunicación no informamos sobre este tipo de casos.

Sí, es una forma de evitar el efecto contagio. Está demostrado que personas que están pensando en quitarse la vida, refuerzan sus ideas suicidas tras leer una noticia sobre estos sucesos.

.-¿Conoce algún caso de ese ‘efecto contagio’?

Hace unos años, en un pequeño pueblo de la Cuenca Minera se produjeron tres muertes en apenas una semana. El suicida piensa, ‘si esa persona pudo ¿por qué yo no?’. Es una imitación.

.-¿Es posible prevenir los suicidios?

El suicida siempre deja pistas. Muchas veces, la familia o los amigos aseguran que era una persona feliz, sin problemas, y que no tenían ninguna sospecha de sus intenciones. Pero, en realidad, las personas que piensan en quitarse la vida lanzan señales de socorro. El problema es que casi nunca son respondidas o correctamente interpretadas.

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