14:37. DOMINGO 21 DE OCTUBRE DE 2018

Las ‘otras’ Rías Baixas

Reportaje
11 mayo, 2018

Aldeas perdidas y abandonadas, que aún conservan su centenario esplendor. Castillos de cuento y paisajes de ensueño. Las ciudades del ‘silencio’ y el llamado arte funerario. Patrimonio histórico, monumental y etnográfico a cada paso. El embrujo de una tierra mágica. Las ‘otras’ Rías Baixas. Un territorio oculto para ver y conocer, a solo tres horas de Asturias.

Las Rías Baixas es mu­cho más que sol, playas, albariño y exquisitos y bien ‘armados’ fogones; en su interior se esconde la Galicia más oculta, y la Pontevedra mági­ca y embrujada. Aldeas abando­nadas que aún mantienen, a duras penas, construcciones de piedra in­vadidas por una voraz vegetación. A través de un frondoso y especta­cular bosque de carballos (robles) y castaños, encontraremos la al­dea de Godela, en la parroquia de Aguasantas perteneciente al concello de Cotobade. En Godela parece haberse detenido el tiem­po y en sus deterioradas casas de piedra solo viven dos vecinos. Pe­se al abandono de los pueblos, y la desertización de la Galicia más profunda, Godela aún conserva parte de su antiguo esplendor. La llamada Casa da Peste, o Casa de la Peste, así lo refleja. En su inte­rior, completamente abandonado y medio derruido, destaca un pór­tico formado por dos majestuosos arcos de medio punto, esculpidos –probablemente- por los ‘canteiros’ locales, de reputada fama por su forma de labrar la piedra, durante siglos. También destaca una gran balconada de forja, y muy cerca un singular y pétreo hórreo, tam­bién centenario, construido com­pletamente en granito, y con cua­tro pares de pies. Aunque, no se sabe con certeza, el porqué de su nombre (Casa Da Peste), la leyen­da atribuye su pasado a un refugio donde convivieron cuarenta per­sonas infectadas por la peste que transmitían las pulgas de las ratas, en el siglo XVIII, y en plena épo­ca medieval, cuando las condicio­nes higiénicas eran las que eran. Siguiendo el camino, y a orillas del río Barberia, encontraremos la Herrería de Martín (A Forxa do Martín), inalterable también al paso del tiempo, y envuelta en brumas, silencio y abundante ve­getación, donde apenas entran los rayos del sol.

Las Rías Baixas es un territorio salvajemente bello, y lleno de mis­terios y de leyendas. La ruta de las aldeas nos permitirá adentrarnos en las aldeas perdidas de Ponteve­dra para conocer -y ver- los tesoros de piedra que aún conserva. Arte en piedra esculpido por los cante­ros de Cotobade. Y todo un museo etnográfico formado por casas, pa­zos, horreos, puentes, fuentes, pa­lomares, o cruceiros… En el mis­mo concello, encontraremos la también pequeña aldea de Arufe, en la parroquia de Lourerio. Des­de su iglesia parroquial, parte un viejo camino empedrado que, sin ninguna dificultad, nos adentrará en otro túnel del tiempo. Otro pai­saje oculto de extraordinaria belle­za que retrata la Pontevedra más desconocida. A través de la espe­sura de un espectacular bosque de carballos milenarios, llegaremos a los restos de la aldea de Arufe. Su silencio impone, pero también la soledad de una aldea perdida y atrapada en el tiempo. Sus últimos vecinos tuvieron que abandonar sus casas a mediados del siglo XX. Hoy solo se escuchan el cántico de los pájaros y el murmullo del río.

La Ruta de las Aldeas perdidas y abandonadas, de las Rías Baixas, es un tesoro que conviene ver y en­contrar. En el kilómetro 66 de la N-541 que une Ourense con Ponteve­dra, se encuentra la pequeña aldea de Vichocuntín, en la parroquia de Pedre. Vichocuntín (XVIII-XIX ), la llamada ‘aldea vella’, aún con­servan los vestigios de un pasado que se adivina, lleno de actividad, pero también señorial. Por aquí discurría el primitivo camino que atravesaba el valle del Lérez. Su inclinada orografía obligó a ‘col­gar’ de la ladera sus casas y sin­gulares construcciones. Entre los restos, que aún no se ha tragado la exuberante naturaleza, encontra­remos media docena de casonas, o casonas, de noble aspecto. Tam­bién se conserva, en lo que se in­tuye que sería la calle principal de la aldea de Vichocuntín, un cente­nario molino de agua en el que po­demos ver su ‘moa’ y un poco más arriba adivinar la ‘levada’ que traía el agua desde un arroyo (Rego da Lomba) que abastecía al pueblo y regaba sus cultivos de maíz. Otra bella curiosidad, son los restos son de un gran hórreo de más de siete metros de longitud, sujetado por ocho pies, y hecho de granito, ma­dera y teja del país. Vichocuntín, o la ‘aldea vella’, es otro tesoro ocul­to donde podremos encontrar los vestigios de la etnografía de la co­marca. Una aldea abandonada que aún resiste, al paso del tiempo, gra­cias a la piedra forjada y trabajada, por los canteros de Cotobade.

Muy cerca de la aldea de Gro­bas, en la parroquia de Forcarei, tierra de antiguas minas de esta­ño y de carbón de roble; encontra­remos el Monasterio cisterciense de Santa María de Aciveiro, es­pléndidamente conservado, y hoy convertido en posada y hospede­ría. También, merecen una visita, ‘las neveras’ de Fixó -en Mirella­da- donde los monjes guardaban la nieve, para venderla en bloques de hielo, a los ‘señores’ de la época. Costumbres y leyendas, de la Ga­licia más profunda. Aldeas perdi­das y abandonadas, que aún con­servan su centenario esplendor. El embrujo de una tierra mágica. Las ‘otras’ Rías Baixas. Un territorio oculto para ver y conocer.

Ruta de los cementerios

Las ciudades del silencio, los cementerios, también merecen una visita. Y en Pontevedra encontraremos cementerios singulares, que reflejan el pasado, pero también las tendencias estéticas y la evolución de llamado arte funerario. Cementerios, aunque no lo parezca, con gran interés histórico, y con creaciones hecha por reputados escultores. En Cambados, en la ladera del monte de A Pastora, se halla uno de los camposantos más pintorescos y bonitos de Galicia, declarado Monumento Histórico- Artístico en 1943, e incluido en la Asociación de Cementerios Singulares de Europa. Se trata del cementerio de Santa Mariña Dozo, y “el más melancólico del mundo”, en palabras del escritor Álvaro Cunqueiro. El camposanto acoge, en su interior, las ruinas de un antiguo templo del siglo XV, muestra del llamado gótico marinero. La nave carece de techo y se puede visitar su interior para admirar sus arcos, tallados con bolas y adornados con esculturas que representan escenas bíblicas. Destaca por su singularidad la iconografía de los siete pecados capitales, con curiosas representaciones como la de la pereza, que muestra a un hombre comiendo sus propias heces. En torno al templo se agolpan las lápidas del cementerio parroquial, en el que están enterrados miembros de la familia propietaria del pazo de Bazán. y la esposa y un hijo de Valle- Inclán, que fallecieron viviendo en Cambados.

El Cementerio de Pereiró, diseñado por el arquitecto Jenaro de la Fuente, es el camposanto más grande y monumental de Vigo. En la entrada nos recibe un coche fúnebre de los años 30, el llamado Dodge ‘Carneiro’, en perfecto estado de conservación. Los panteones y monumentos funerarios de este cementerio forman un conjunto artístico ecléctico y de inquietante belleza. Aquí encontraremos una obra de arte funerario dedicada a la jurista y escritora, Concepción Arenal, una obra esencial del modernismo gallego. También destaca el mausoleo dedicado a los soldados que fallecieron en Vigo, y que combatieron en las guerras de Cuba y Filipinas. El Ayuntamiento ha editado folletos divulgativos sobre el arte funerario del camposanto de Pereiró, y desde Turismo de Vigo se organizarán visitas guiadas antes de que finalice el año.

La ruta de los cementerios también nos llevará hasta el camposanto de San Mauro en la capital de las Rías Baíxas (Pontevedra), una construcción neoclásica, diseñada a finales del siglo XIX por el arquitecto municipal Alejandro Rodríguez- Sesmero. San Mauro acoge enterramientos de diferentes épocas y estilos, columnas partidas, baldaquinos y mausoleos de gran riqueza arquitectónica. Finalmente, también es recomendable la visita al cementerio ‘inglés’ de Vilagarcía de Arousa, con gran valor histórico, ya que refleja la huella que la Armada británica dejó en el puerto arousano a principios del siglo XX. Tras aquel ‘desembarco’ de los marineros británicos, a los habitantes de Vilagarcía de Arousa les quedó el sobrenombre de ‘ingleses’, que aún sigue vigente entre los pueblos vecinos de la comarca. El cementerio Naval Británico, tal y como se le denomina oficialmente, fue construido en 1911, cerca del cementerio municipal, para dar sepultura a los marineros ingleses fallecidos y que no podían ser enterrados en el camposanto católico, ya que eran de religión protestante. Los últimos enterramientos se produjeron en los años 70 y correspondieron a los del cónsul británico en Vigo, Alexander Linsay, y su esposa, que prefirieron reposar en Galicia tras su muerte. Aunque el camposanto pertenece a la Armada Británica, para conocerlo hay que contactar con el Ayuntamiento de Vilagarcía de Arousa, y solicitar una visita previa.

(www.turismoriasbaixas.com)

Ruta de los castillos

Pontevedra tiene mucho arte -y patrimonio histórico- que ver. En pleno corazón de las Rías Baíxas, y a media hora de Vigo y Pontevedra, encontraremos el imponente Castillo de Soutomaior. Un castillo de cuento, con esplendidas vistas, y en perfecto estado de conservación. Su construcción data del siglo XII, y su origen señorial es atribuido al caballero Pedro Álvarez de Sotomayor, también conocido por el apodo de Pedro Madruga. Durante siglos, el Castillo de Soutomaior fue el eje de la actividad comercial y política de todo el sur de Galicia. La fortaleza volverá a abrir sus puertas, a mediados de este mes, para que pueda ser visitada una de las principales joyas del patrimonio histórico y monumental de Pontevedra. La Diputación ha puesto en marcha un ambicioso proyecto de musealización, en el interior del castillo, que cuenta con diez salas donde se narra y se proyecta la historia y el pasado medieval de Pontevedra. Además de la espectacular fortaleza, el Castillo de Soutomaior cuenta con un jardín, también de ensueño, en el que, además de crecer árboles de los cinco continentes, destacando dos castaños con más de 800 años de antigüedad, también destacan 22 especies de camelias diferentes. El año pasado, el castillo recibió más de 30.000 visitas -un 32% más que en 2016- y se ha convertido en uno de los principales reclamos turísticos de las Rías Baixas.

QUÉ VER

Fiesta del Choco, el 12 de mayo en Redondela.

Fiesta de la Alfombra, el 27 de mayo en A Guarda.

Comparte:
  • Print
  • Add to favorites
  • RSS
  • Digg
  • Facebook
  • Google Bookmarks
  • Bitacoras.com
  • email
  • Live
  • MySpace
  • Netvibes
  • Technorati
  • Twitter