17:18. MARTES 18 DE JUNIO DE 2019

Esperando un milagro

Deportes
2 junio, 2018

Con pena y sin gloria. Un año más, el Real Oviedo ha fracasado en su intento de asaltar los cielos del fútbol español. Y ya van, tres años de continuos ‘ga­tillazos’. Ni Egea, ni Hierro, ni ahora Anquela, han conseguido elevar el listón de un equipo que apenas ha dado la talla. Y los números, y el pobre juego de un Oviedo vulgar y sin apenas ambición, así lo cer­tifican. El equipo de Anquela necesita hoy una ca­rambola y hasta una conjunción astral, para alcan­zar el sexto puesto y meterse, de rebote, en la fase de ascenso. Pero los milagros, en el fútbol como en la vida, apenas existen, y lo más probable es que el Oviedo, una temporada más, siga rumiando sus pe­nas y frustraciones, en el fútbol segundón, mientras que el eterno rival, va camino de Primera. Mal que nos pese, el Oviedo de Anquela ha fracasado con to­do a su favor y el apoyo incondicional de una afición ejemplar. Y ya va siendo hora, de que nuestro equipo nos de una alegría, y el club se rasque el bolsillo con fichajes de altura en lugar de cesiones de jugado­res de medio pelo o que nadie quiere. Antes de que los jugadores hagan las maletas y el club empiece el desmantelamiento de todos los veranos, alguien nos debería explicar, porque no han jugado, practi­camente nada, Hidi, Mariga o Pucko, que ha pasado con Fabrinni -ese jugador que estaba llamado a lide­rar el juego del equipo-, y porque Anquela ha subes­timado a los canteranos del Requexón, que han he­cho historia, y están a solo un peldaño por detrás de este Oviedo sin pena ni gloria.

El Real Oviedo jugará hoy más por obligación que por convicción. 90 minutos de purgatorio ante una afición decepcionada que ya no cree en los milagros, y que des­pedirá, probablemente, al equipo con pitos. Igual que en 2016. Y en 2017. A estas alturas, de nada sirve confiar en una improbable caram­bola a cuatro bandas, que lleve al Real Oviedo de la novena a la sex­ta plazasi se produce una cadena de errores ajenos. Los azules solo tenían que empatar en León ante una Cultural que coqueteaba con el descenso, para llegar a la última jornada dependiendo de una victo­ria ante el Huesca. Pero el equipo, que cayó en picado tras el ‘subidón’ del derbi, no supo reaccionar. Nue­va decepción, nueva limpieza del vestuario, y nuevo proyecto para el próximo año, el cuarto en cuatro temporadas en Segunda.

El pasado mes de febrero, Ar­turo Elías proclamó que “este año tiene que ser el del ascenso”. Se equivocó. Y no es la primera vez. Durante la última temporada del Real Oviedo en Segunda B (2014/15), el ‘patrón’ fijó un plazo “de tres a cinco años para volver a Prime­ra División”, aunque cuando pre­sentó a Fernando Hierro como en­trenador del equipo, también ase­guró que “estamos en el año uno”, poniendo el contador a cero. Co­mo propietario del Real Oviedo, el Grupo Carso puede saltarse sus propios plazos, y seguir vendiendo proyectos que siempre fracasan, mientras las temporadas siguen pasando sin conseguir el objetivo de acabar entre los seis primeros, el objetivo de todos los años.

Esta temporada, la planifica­ción falló desde el principio. Juan Antonio Anquela quería una “plantilla corta” (17 o 18 jugado­res) con fichas libres, para contar con los chicos del filial. Pero Án­gel Martín González prefirió una “plantilla más amplia” a incorpo­rar a 3 o 4 jugadores “que cobra­ran mucho”. El criterio del director deportivo se impuso al del entrena­dor, y así llegaron Pucko, Hidi, Ye­boah, Owusu, Mariga… El Oviedo eligió este camino, aunque “fichar fuera implica mayores riesgos”, como reconoció el propio Martín González. Al final, 22 fichas (con un coste de 6,8 millones, incluyen­do al cuerpo técnico) que cerraron la puerta a los refuerzos de la casa, aunque solo 13 o 14 de esos juga­dores tuvieron continuidad. Y si el ‘plan A’ era montar un equipo en­torno a Diego Fabbrini, también fue una grave equivocación, ya que el italiano ha demostrado es­tar muy lejos de ser un jugador de­terminante. Sin admitir ningún fa­llo, el club no corrigió en invierno los errores cometidos en verano. Se fue el ghanés Owusu (al Cartagena de Segunda B), y llegó Olmes Gar­cía como sustituto de un lesionado Toché. El colombiano, del que Juan Antonio Anquela no tenía ninguna referencia, se ha convertido en una de las mayores incógnitas de la his­toria reciente del oviedismo.

Con las opciones de ascenso agotándose, llegó la hora de las excusas: la presión por lograr el ascenso, la igualdad en Segunda, el ‘dopaje’ económico de los equi­pos recién descendidos, el ‘no hay rival pequeño’… Pero la respuesta parece más sencilla. Este equipo no da para más. Incluso los equi­pos ya descendidos que pasaron por el Carlos Tartiere, pusieron en aprietos al Oviedo. Y de no ser por la buena racha a mitad de tempo­rada, los carbayones se podrían haber metido en serios problemas en la parte baja de la clasificación. 18 puntos de 48, son números de descenso, no de promoción. Hoy, solo queda pelear por dinero. La diferencia entre acabar séptimos o novenos es de medio millón de euros en ingresos televisivos para la próxima temporada. Un ‘extra’ que permitiría fichar a un jugador de garantías, pensando ya en el próximo año. Tal vez, el delantero o el mediocentro creativo que este año se ha echado tanto en falta.

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