10:50. SáBADO 18 DE AGOSTO DE 2018

El momento de Oviedo

Editorial
20 mayo, 2018

27 años después, Madrid, Asturias y Oviedo, vuelven a es­tar en manos de gobiernos socialistas, algo que no ocu­rría desde 1991, cuando Felipe González era el presidente del gobierno, Pedro de Silva era el presidente del Princi­pado, y Antonio Masip era el alcalde de Oviedo. La ca­pital asturiana tiene que aprovechar esta conjunción de gobiernos socialistas en las tres administraciones, para desatascar los asuntos que el Estado tiene pendientes en Oviedo, y para acelerar el desa­rrollo de los terrenos que ocupa la Fábrica de Armas y el antiguo Hospital Central.

Al alcalde de Oviedo, Wenceslao López, hay que reconocer su pru­dencia política, pero también hay que censurarle su poco nervio y capacidad de resolución. Cierto es, que los asuntos que tiene pen­dientes sobre la mesa -desde el centro ecuestre ‘El Asturcón’, has­ta los usos de los terrenos del viejo hospital- son de extraordinaria complejidad, y requieren del consenso de las tres administraciones. Por eso, ahora es el momento de la política de altos vuelos, y de la negociación a tres bandas, entre el Estado, el Principado, y el Ayun­tamiento de Oviedo, que más de un cuarto de siglo después, vuelven a estar en manos del PSOE.

El Estado siempre ha sido muy cicatero con la capital asturiana en los Presupuestos Generales del Estado, probablemente, porque el Ayuntamiento estuvo gobernado por Gabino de Lorenzo hasta 2012; y en la etapa de Aznar, el vicepresidente del gobierno, Francisco Ál­varez-Cascos, se las traía tiesas con el regidor carbayón. El ‘cerco a Oviedo’ que tanto criticó el ex alcalde, y que utilizó hábilmente co­mo munición electoral; siempre fue real, e incluso hoy siguen sien­do mínimas las inversiones en la capital de Asturias, las del Estado, y también las del Principado. Con Pedro Sánchez en La Moncloa y Javier Fernández apurando sus últimos meses como presidente del Principado; Wenceslao López tiene ante sí una oportunidad histó­rica para acelerar la recuperación de los terrenos de La Vega y de los edificios del antiguo Hospital Central, y hasta la Plaza de Toros, cuya recuperación solo necesita el visto bueno de la consejería de Cultura, rebajando la calificación que protege a un inmueble aban­donado, cerrado y que se cae a pedazos. Dos asuntos capitales, que vertebrarán la ciudad con nuevos usos y equipamientos, y que ape­nas han avanzado desde que el tripartito se hizo con las riendas del Ayuntamiento.

Además de impulsar el desarrollo de los terrenos de la antigua Fá­brica de Armas y del viejo Hospital; el Ayuntamiento de Oviedo tiene que resolver otras muchas cuestiones, como la Ronda Norte -todo un clásico desde los tiempos de Antonio Masip-, el bulevar de Santulla­no que también ‘avanza’ a paso de tortuga, o un asunto mucho más mundano, y menos complejo, como ampliar el Puente de Nicolás Soria, que también cría malvas desde hace ya veinte años, cuando Gabino de Lorenzo anunció que acabaría con el ‘embudo’ de Ciudad Naranco. Las urgencias de Oviedo son tantas, que Wenceslao López, además de estar ante una oportunidad histórica, tiene que afanarse en la responsabilidad de resolver todas las cuestiones que anteriores administraciones torpedearon y dejaron enquistar por inútiles ser­vilismos y partidismos. Es el momento de Oviedo, pero también es el momento de que el alcalde se ponga manos a las obras.

Incierto final

Tras la ‘muerte súbita’ de Mariano Rajoy, a Pedro Sánchez hay que desearle suerte en el desempeño de sus nuevas labores gubernamentales, pero también hay que exigirle que resuelva, con diligencia, las cuestiones pendientes que tiene sobre la mesa. La ‘gran coalición’ ha hecho presidente del gobierno a un político que ni siquiera tiene escaño en el Congreso, y que ha conducido al PSOE a un tamaño, en número de diputados, liliputiense. Pero nuestra democracia imperfecta es así. Los ciudadanos votan, pero son sus señorías quienes eligen a los alcaldes y presidentes. Rajoy, antes de ser ajusticiado, podía haber dimitido y convocado elecciones generales anticipadas, como hizo Adolfo Suárez. Pero no lo hizo. Pedro Sánchez, está legitimado -como presidente- por el Congreso, pero no por los ciudadanos, por ello debería convocar elecciones, pero tampoco lo hará. Por su minoría parlamentaria, y los peajes que tendrá que pagar a quienes se conjuraron en la revuelta, se adivina un tiempo político lleno de dificultades. Es el fin de una época y el inicio de un incierto final de legislatura.

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