00:05. SáBADO 23 DE FEBRERO DE 2019

Primera cornada y primer aviso

Editorial
10 julio, 2018

Pedro Sánchez sufrió ayer el pri­mer revolcón desde que fue inves­tido como presidente del Gobierno hace apenas dos meses. Y la cogida es de gravedad. Sus socios de mo­ción de censura, le abandonaron a su suerte, y tumbaron la aprobación del ‘techo de gasto’. Ahora, el presidente está abocado a someterse, como le pidió a Rajoy desde la poltrona de Fe­rraz, a una moción de confianza o a convocar elecciones anticipadas. Bloqueado el ‘techo de gasto’, el ejecutivo no podrá aprobar un nue­vo presupuesto y tendrá que gobernar con las cuentas del PP, todo un cruel sarcasmo; y en paralelo los socialistas no podrán poner en marcha su agenda social, ni acometer las re­formas estructurales que necesita España. Los socialistas se han quedado solos y con el úni­co apoyo del PNV. 88 votos frente a 173 ‘noes’ (PP, Ciudadanos, UPN, Coalición Canaria, Fo­ro Asturias…) y 86 abstenciones, que reflejan la fragilidad de un gobierno, sometido a un ‘tercer grado’ por quienes ahora le han dado la espalda, y que difícilmente va a poder aca­bar, ni siquiera, el actual año, a no ser que la temeridad política de la que hace gala, Pedro Sánchez, le lleve a obstinarse en permanecer al frente de un gobierno sin ninguna capaci­dad de gobernar.

El revolcón de Pedro Sánchez en el Congreso tiene efectos de moción encubierta de censu­ra. Podemos ha abanderado la rebelión impo­niendo un populista e irresponsable aumen­to del ‘techo de gasto’ que dispararía la deuda en otros 15.000 millones, casi el triple del in­cremento de 5.230 millones que el ejecutivo trató de aprobar ayer, elevando el gasto y el endeudamiento hasta los 125.064 millones, la mayor cifra de los últimos años, aunque le­jos de los 182.439 millones de los tiempos de los ‘planes Zapatero’ (2010). El bloqueo de los socios del PSOE tiene efectos en varias direc­ciones. Los 5.230 millones adicionales que ya no podrá ejecutar el gobierno, equivalen a to­da la inversión pública en un año en carrete­ras, ferrocarriles y puertos. Y obligará a todas las Administraciones a ajustarse el cinturón: 1.000 millones el Estado, 2.500 millones para equilibrar las cuentas de la Seguridad Social, y otros 2.500 millones más las comunidades autónomas. Además, con los nuevos límites marcados por Bruselas, España estaba obli­gada a hacer un ajuste de 5.000 millones para cumplir los objetivos de déficit; ante este blo­queo, los recortes se elevan automáticamente a 11.000 millones. Otro ‘plus’ de 6.000 millones, como efecto secundario de la grave cornada que el gobierno de Pedro Sánchez sufrió ayer. Un aviso mortal de necesidad

La maldición de Rubalcaba

“El PP ha vuelto”, proclamó -el pasado domingo- Pablo Casado, de la mis­ma manera que mitineó, Alfredo Rubalcaba (“el SOE ha vuelto”) en la clau­sura de la Conferencia Política que los socialistas celebraron, en noviembre de 2013, para reamarse y remontar en las encuestas. Seis meses después, Rubalcaba dimitió tras un nuevo descalabro en las elecciones europeas -3,5 millones de votos y 14 diputados- donde los socialistas perdieron la mi­tad de los votos que habían obtenido en las anteriores elecciones europeas. Casado, que pronunció un aseado y vibrante discurso, patinó haciendo su­ya la retórica hueca de Rubalcaba, y al mismo tiempo vino a decir que el PP ha estado desaparecido durante los últimos tiempos, ninguneando la labor de Mariano Rajoy.

El Partido Popular ha muerto de éxito tras quince años, y tres quinque­nios, con Mariano Rajoy al frente de la nave popular. Y ahora, un político joven pero inexperto, tiene la responsabilidad de resucitar al PP. El viejo PP ya es historia y por ahora el único que parece haber vuelto es José María Aznar, que ha tutelado y financiado, a través de la Fundación Faes, la cos­tosa campaña que ha catapultado, contra todo pronostico, a Pablo Casado a la presidencia del Partido Popular. Al nuevo líder de los populares le co­rresponde ahora recuperar el espacio político que ha perdido la derecha, tras la irrupción de Ciudadanos, pero también por la deserción de buena parte de su electorado que se siente engañado por el continuo goteo de co­rruptelas que han sacudido al PP, y frustrado por la pusilánimes políticas que llevo a cabo Mariano Rajoy.

El ‘sorpasso’ de Pablo Casado ya se ha cobrado las primeras víctimas en el viejo PP. La integración del bando alineado con Soraya Sáenz de Santa­maría, como suele suceder en este tipo de cainitas procesos, no ha sido la esperada para quién representaba un 42% de los compromisarios presentes en el nuevo amanecer popular. Es deseable, que la audacia, el oportunismo y la buena estrella que irradia Pablo Casado, no se apague en el primer exa­men electoral que tendrá que afrontar cuando acabe el verano. “Hay que acabar con 40 años de fracasos políticos en Andalucía”, en palabras del propio Casado. El PP ha vuelto, ojalá no sea un mal fario para quién hizo suya la admonición de un político que tuvo que dimitir y que no ha vuelto.

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