10:50. SáBADO 18 DE AGOSTO DE 2018

Alma gitana, corazón pop

Entrevistas
3 agosto, 2018
ALEJANDRO CAICOYA

Aury Sala nació con duende en las venas. Hija del guitarrista flamenco Pepín Salazar (pastor evangelista desde hace cuatro décadas), la pequeña de la saga familiar (33 años) están dando sus primeros pasos como cantautora, de la mano de David Feito (El Sueño de Morfeo). Ha pasado de cantar en la iglesia, a interpretar sus temas en YouTube, donde ha enamorado a Pablo Alborán con una versión de una de sus canciones.

.-En su casa nunca ha faltado la música.

Jamás. La guitarra de mi padre es el hilo musical de mi hogar. Lo recuerdo desde pequeñita.

.-¿Cuándo descubriste que también era tu vocación?

Desde siempre. No jugaba con muñecas. Lo hacía con un piano, una pequeña guitarra o un micrófono.

.-¿Y cuándo empezaste a cantar?

Con seis años ya cantaba en la iglesia, y nunca lo he dejado.

.-¿Estudiaste música?

No. Soy autodidacta, aprendí a tocar el piano y la guitarra yo sola.

.-Pero tenías en tu casa al maestro Pepín Salazar.

Sí, pero soy zurda, y me dijo que ni él podría enseñarme, ni yo podría aprender. Por suerte, en eso se equivocó (risas).

.-¿Eres la única en tu familia que ha seguido el camino de la música?

Tengo cuatro hermanos, pero solo yo heredé ese ‘arte’.

.-Por ahora, no puedes vivir de tus canciones.

He trabajado detrás de una barra y en una cocina… No se me caen los anillos, pero siempre intento tener unas horas libres para ensayar, componer y cantar.

.-Llegaste a ser muy conocida en el ambiente de la canción evangélica.

Sí, además mi padre era una gran carta de presentación. Pero sentí que no podía crecer más en ese ámbito, dí un paso más, y empecé a llamar a otras puertas.

.-Y encontraste a David Feito (El Sueño de Morfeo), tu productor.

Es amigo de una prima mía, quedamos un día y cante para él. Fue hace algo más de un año. Desde entonces trabajamos juntos.

.-¿Dónde ensayas?

En el estudio de Distrito Federal Music, en el parque de Purificación Tomás.

.-¿Escribes tus propias canciones?

Sí. Como artista, pienso que solo compartiendo tus letras das lo más íntimo de ti misma, y eres totalmente sincera.

.-¿Para cuándo el primer disco?

Quiero ir poco a poco, sin prisa y haciendo las cosas bien. Trabajamos cada letra y cada arreglo, y las canciones van mejorando, pero aún es pronto para pensar en sacar mi primer disco.

.-Mientras tanto, YouTube es tu carta de presentación.

Es una herramienta que tenemos para comunicarnos. Subo mis canciones o mis covers (versiones) de otros artistas, escucho los comentarios de la gente que me sigue, y hablo con ellos.

.-Y así llegaste hasta Pablo Alborán.

Versioné una canción suya, y no sé cómo, la escuchó, le gustó, y me escribió un comentario. “Me

ha matado de emoción”. Al principio no me lo podía creer y pensé que era otra persona que utilizaba su nombre, pero no, era él. Fue un gran detalle por su parte.

.-¿Cómo llevan en su casa que se haya decidido por el pop, en vez del flamenco o la música evangélica?

Mi padre ama el flamenco, y también la guitarra clásica, pero yo siempre he sido un poco rebelde. Es mi mayor crítico, y al mismo tiempo mi principal fan, aunque prefería que siguiera cantando música evangélica.

.-¿Y nunca se ‘arranca’ por el flamenco?

Llevo dentro el ‘pellizco’. Ese arte no se aprende, se tiene o no se tiene, y yo tengo esa suerte. Pero respeto tanto el flamenco, el arte de mi padre, que no me atrevo. En las fiestas sí que canto, pero entre amigos y en familia, cuando mi padre también coge la guitarra.

.-Pepín Salazar dejó los escenarios cuando estaba en lo más alto, junto a Camarón, José Mercé o Paco de Lucía.

Es una pena. Siempre he creído que, de haber continuado, habría llegado mucho más alto. Pero sintió la llamada de Dios y eligió otro camino. Para nosotros sigue tocando, y es un lujo y un placer.

.-¿Ser su hija te ha ayudado en tu carrera?

Dentro del pop no. Si cantara flamenco puede que sí, porque él fue, y es, uno de los grandes.

.-¿No te has planteado participar en algún ‘talent show’?

Hasta ahora ni lo había pensado. Pero en el último año he cambiado de opinión. Si tengo la oportunidad, ¿por qué no? Es una oportunidad para que la gente me conozca.

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