14:55. MIéRCOLES 19 DE DICIEMBRE DE 2018

“Ya no quedan librerías, ni libreros, como los de antes”

Entrevistas
3 agosto, 2018
PEDRO ALBERTO ÁLVAREZ

Hijo, sobrino y tío de libreros, Alberto Polledo creció entre libros, y entre libros vive, rodeado por miles de ejemplares. Carbayón por los cuatro costados (nació en 1943, en un antiguo chalé en la parte baja de Fray Ceferino), pasó 50 de sus 75 años al frente de la histórica y vetusta librería Santa Teresa, un negocio fundado por su padre en 1928 en la calle del Peso, trasladado a la calle Pelayo en 1942, y cerrado en 2013. Su pasión por los libros, y por la ciudad de Oviedo, solo es comparable a su amor por la naturaleza. Letras de lunes a viernes, y rutas de montaña el fin de semana, que comenzaban a las 5 de la mañana, para disfrutar del amanecer en lo alto. Hoy, con 10 libros a sus espaldas, Alberto Polledo sigue lamentando la apatía de los ovetenses hacia su propio patrimonio (casi con lágrimas en los ojos) y la falta de vocación lectora, mientras recuerda sus largas excursiones por el monte, y sus inesperados encuentros con osos y lobos.

.-‘En la intimidad’, su décimo libro, es el más personal.

Todos los libros desvelan la intimidad del escritor y dejan entrever su pensamiento. Yo siempre soy sincero a costa de mostrar y no ocultar mis ideales.

.-A estas alturas de su vida, poco tiene que esconder.

Nada, en realidad. Y sinceramente, no me importan las opiniones que otros tengan de mí. Me basta con ser honesto conmigo mismo.

.-Ha escrito sobre el Camino de Santiago, los maquis, la montaña asturiana… ¿Por qué ahora un libro de relatos cortos?

Me apetecía, y además siempre he admirado mucho a Augusto Monterroso y a Mario Benedetti, que cultivaron este tipo de obras. Pero para llegar hasta aquí, necesité reunir un bagaje cultural y literario de cierto peso.

.-¿Siempre ha escrito relatos cortos?

Sí, desde mis inicios como escritor. Pero la mayoría acabaron en la papelera, el sitio que entonces les correspondía.

.-¿Cuánto tiempo tardó en gestar ‘En la intimidad’?

Entre junio y noviembre del año pasado. Aproveché una fructífera racha creadora, y después dediqué varios meses a las correcciones. Cada relato ha de tener su presentación, nudo y desenlace, y crear una atmósfera narrativa en 7, 10 o 15 líneas, es más difícil que desarrollarlo en una novela.

.-Supongo que ya tendrá otros proyectos en mente.

Para mi, escribir es vivir y también una terapia. Es el único medio que tengo de subsistir no económicamente, sino anímicamente. Cada día, dedico varias horas a la escritura.

.-Un hábito que adquirió muy joven.

Sí, cuando estaba trabajando en la librería Santa Teresa. En los mejores tiempos apenas dormía 4 o 5 horas al día. Estaba tras el mostrador de 8 de la mañana a 9 de la noche, iba a casa, y a las 11 me sentaba frente a un libro, o ante una hoja en blanco. Y así me daban las 2 de la madrugada. O más.

.-Con el cierre de Santa Teresa (2013) se perdió una parte de la historia sentimental de Oviedo. Ya no quedan librerías así.

Es una lástima. Ha ocurrido en Oviedo y en todo el mundo. Yo me sentía como en casa tras aquel mostrador de madera, rodeado por las estanterías… Pero eso ya forma parte del pasado.

.-¿Y por qué cree que se han perdido esos históricos negocios?

Los muebles no hacen a la librería, como el hábito no hace al monje. Lo importante es el librero. Aquel que te conoce, que te recomienda un autor o un título, que sabe qué buscas con solo mirarte… En una gran superficie, eso es impensable. Para ofrecer un libro, hay que leerlo primero.

.-¿Amazon y el libro electrónico han ganado la batalla?

No. Siempre habrá libros. Solo son dificultades añadidas al problema de fondo de nuestro país, la educación.

.-Es un argumento recurrente.

Los gobiernos, los que estuvieron, los que están y los que vendrán, quieren ciudadanos dóciles, que no critiquen y molesten. Y las letras obligan a la gente a pensar. Por eso falta interés por promocionar la lectura en las escuelas y las universidades, han suprimido el griego y el latín, y nos bombardean con el fútbol en la televisión. Es mucho mejor que estemos pegados a las pantallas, del móvil o de la televisión.

.-Defensor de las letras, y de la naturaleza. Sin ir más lejos, lleva años luchando por el Naranco.

Pese a las buenas intenciones de algunos pocos, el interés de las administraciones por nuestro monte es nula. Sometemos al Naranco  a continuos atropellos desde los años 20, cuando se construyó la carretera al borde de los Monumentos.

.-¿Cree que el Prerrománico está en peligro?

Es obvio. No hay un cercado, ni guardias por la noche, ni conservación… Su situación es sangrante.

.-¿Qué propone como primera medida?

Cerrar el recinto, y cobrar por la entrada. Con ese dinero, se podrían financiar visitas guiadas para otros colectivos, invertir en la restauración, y adecentar el entorno.

.-Usted, que ha recorrido cada senda, habrá sido testigo de otros despropósitos.

De muchos. Gabino de Loren­zo hormigonó las caleyas cuan­do solo era necesario desbrozar los caminos un par de veces al año. Los eucaliptos siguen sien­do una plaga, y apenas prospe­ra la repoblación con especies autóctonas…

.-Y la ‘cara B’ del monte es una gigantesca cantera.

Es una salvajada, pero como desde la ciudad no se ve, se ig­nora. Además, la empresa in­cumple los compromisos para restaurar el terreno.

.-¿Falta de conciencia ecológica?

Oviedo está dormida. Desde los tiempos de Clarín y antes aún. Lo vemos en el Naranco, pero también en Priorio, dónde quie­ren construir una planta de as­falto a las puertas de Oviedo.

.-Es una industria que creará empleo…

Es una industria que emitirá par­tículas cancerígenas. Cuando el viento sople de Galicia (desde el Oeste) las traerá a la ciudad. Pe­ro aquí, salvo cuatro vecinos, na­die hace nada.

.-Volviendo al Naranco, usted fue uno de los ‘sabios’ reunidos por el tripartito para estudiar el futuro de ‘El Asturcón’. ¿Qué fue de aquel comité de expertos?

La nada absoluta. Nunca llega­mos a reunirnos. El concejal Na­cho del Páramo tiene interés, y buenas ideas, pero no salen ade­lante. Supongo que será por la guerra soterrada que se vive en el tripartito.

.-Dígame cuál es su propuesta para el hípico.

Es un monstruo, enorme, fuera de escala (como el Calatrava). La única solución que veo, es llegar a un acuerdo con el Real Oviedo. Deme usted un euro, y yo le cedo las instalaciones, pa­ra que haga en ellas campos de entrenamiento, residencias o lo que quiera.

.-¿Cree que podría ser un pun­to de partida para las sendas del Naranco?

No soy partidario de las sendas asfaltadas, con carteles cada dos pasos. Prefiero las caleyas sin se­ñalizar. No es necesario crear un ‘itinerario oficial’ para disfrutar el Naranco.

.-Bajemos a la ciudad. Ha de­nunciado el estado del Campo San Francisco.

Es doloroso verlo así. Comence­mos por el Paseo del Bombé. Te­nemos la Fuentona seca; el kio­sko de la música a punto de ve­nirse abajo; un puesto de venta de helados y chucherías lleno de pintadas; y la fuente de las Ra­nas también seca. Además, los árboles que se caen, o se talan por seguridad, no se reponen. Qué dolor…

.-El tripartito propone peato­nalizar las calles que rodean al Campo.

Sería un error tremendo, acaba­rían con él. Nuestro Campo es­tá rodeado por el tráfico, y está bien así. Al margen de las per­sonas que van al parque a disfru­tarlo, solo lo cruzan unos pocos peatones que van de Uría a la plaza de España, y viceversa. Si lo convertimos en el eje de un ac­ceso peatonal, se llenará de gen­te de paso, habrá más suciedad, menos cuidado… Imagínese que le ocurriría al Campo si lo atra­viesan miles de personas al día. No tiene sentido.

.-No es el único rincón de Ovie­do olvidado, desde la Catedral a la plaza de Riego.

El Antiguo es el Oviedo profun­do, tan diferente del resto como el día de la noche. Tiene turistas, como cualquier casco histórico, pero ven la Catedral, San Tirso, Cimadevilla, y se dan la vuelta. Todo está en mal estado.

.-Póngame ejemplos.

El solar de los Cuatro Cantones (Martillo de Santa Ana). Da pe­na verlo. Qué fácil sería tirar el muro, plantar césped y abrir las vistas al Palacio de Velarde. Y sin ir más lejos, la propia plaza de la Catedral.

.-Llena de baches y pegotes de hormigón.

Es mucho peor aún la fachada de la Casa de los Llanes, cubierta por un oxidado andamio, y el so­lar que dejó la derribada Casa de las Misiones. Pero de tanto ver­lo así, los ovetenses nos hemos acostumbrado. Acabarán por ti­rarlo todo y levantar un pastiche, como la falsa plaza del Fontán.

.-Pero entre solar y solar, aún resiste la Capilla de La Balesquida.

Que también tiene sus acha­ques, como todo. Esperemos que resista.

.-Por cierto, como vicesecretario de la Sociedad Protectora de La Balesquida, ¿qué opina del en­frentamiento fraticida entre la Cofradía y la Sociedad?

Es un grave error que se recon­ducirá pronto, o eso espero. No se concibe una sin la otra. Hay reuniones entre ambas partes, y con el Cabildo de la Catedral. In­tentamos poner paz.

.-¿Qué espera de la ciudad que taló el carbayón, su propio símbolo?

Y menos mal que no caló la pro­puesta de un concejal de cuyo nombre no quiero acordarme, que fue más allá y propuso el derribo de la Iglesia de San Isi­doro, para unir Uría, Jovellanos y la plaza del Ayuntamiento. ¿Se lo imagina? Visto lo visto, habría podido ocurrir.

“Tengo prohibida la televisión”


.-¿Qué es para usted un libro?

Un objeto indispensable, que cal­ma la vista y el espíritu.

.-¿Cuántos ejemplares tiene en su casa?

De temática asturiana, unos 15.000. El resto, innumerables. Están apilados por los rincones.

.-¿Qué autor me recomienda?

Disfruto con Miguel Delibes, y no dejo de reirme con P.G. Wode­house su personaje, el mayordo­mo Jeeves. Me sigue provocando carcajadas.

.-¿Que no soporta?

Un libro con faltas de ortografía. Es mejor cerrarlo y dejar de per­der el tiempo.

.-¿Dónde compra Alberto Polledo sus libros?

En la librería Polledo, en la calle del Peso. María Jesús es prima mía, y todo queda en familia.

.-¿Ve mucho la televisión?

Nada, la tengo prohibida. No hay mayor pérdida de tiempo que sen­tarse ante la caja maldita.

.-Recomiéndeme una ruta por el concejo de Oviedo.

Coja un autobús que le lleve a la zona rural. Bájese al final de la lí­nea, suba al monte, siga la primera caleya que encuentre a la derecha. Le garantizo que le llevará a un lu­gar hermoso.

.-¿Ha tenido algún ‘susto’ en el monte?

Una vez casi piso un oso, en Mon­te Grande (Teverga). Yo bajaba co­rriendo por la ladera, él estaba echándose una siesta, y no lo ví hasta que estuve encima. Me asus­té, pero el pobre oso mucho más.

.-Félix Rodríguez de la Fuente an­daba con lobos.

Yo también. Durante 3 o 4 meses, una manada de lobos, en la zo­na de Teverga, me acompañaba en mis rutas. Los llegué a tener a 3 o 4 metros. Los sentía antes de verlos.

.-¿Cómo?

Un pequeño secreto: si hay un lo­bo cerca, se me eriza el vello.

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