15:18. VIERNES 28 DE FEBRERO DE 2020

¿A qué juegas?

Deportes
22 octubre, 2018

El Real Oviedo se ha gripado a la primera de cambio, y Juan Antonio Anquela no sabe como arrancar un equipo que no funciona en ninguna de sus líneas. El manual del técnico jienense para cuando van mal las cosas, siempre es el mismo: defensa de cinco, con tres centrales y dos carrileros. Un viejo recurso que se saben de memoria todos los rivales. A las limitaciones tácticas de Anquela, se suma el juego reservón y poco ambicioso del equipo. El Oviedo necesita reaccionar y empezar a armar un juego más versátil y ofensivo, ahora que tenemos más pólvora en el ataque. Anquela tiene que mover banquillo y sentar a jugadores que, por ahora, no están dando la talla. Por primera vez, el técnico haperdido el apoyo y la confianza de buena parte de la afición. En tan solo diez jornadas, la ilusión ha dejado pasado al pesimismo, y Anquela puede tener los días contados, sí el equipo no reacciona.

Tener carácter y haber conectado -desde el primer día que llegócon el oviedismo, no es suficiente para seguir al frente del banquillo del Real Oviedo. Anquela es, o eso parece, un buen paisano, pero como entrenador, deja mucho que desear y vive de las rentas del pasado (su buena temporada como técnico del Huesca, y el ‘alcorconazo’). Los resultados, pero también el mediocre juego del equipo, ponen en el disparadero a Juan Antonio Anquela, que ha cumplido 51 partidos como entrenador del Real Oviedo, con un balance de 21 victorias, 14 empates y 16 derrotas. Anquela ha ganado 77 de los 153 puntos en juego, suficientes para transitar por la parte tranquila de la clasificación, pero una renta demasiado escasa para aspirar a la promoción, y mucho menos al ascenso directo. A corto plazo, los resultados son peores. Tras el derbi, los azules han ganado 9 partidos, perdido 12 y empatado 6. Y en lo que va de Liga, los números siguen a la baja: 3 victorias, 3 empates y 3 derrotas. La cuesta abajo en el juego azul es evidente y prolongada, y requiere nuevas ideas desde el banquillo, más estrategia, y nuevos nombres en el ‘once’, para dejar de ser un equipo previsible con un juego ramplón, sin pólvora arriba y con agujeros en defensa. Una victoria cada tres partidos, pese a contar con una plantilla con dos jugadores por puesto, y más ‘armada’ en relación a la temporada anterior. Doce puntos, en nueve jornadas, reflejan la triste realidad de un equipo que sigue sin dar la talla, y de un entrenador, cuestionado en la grada, y que también ha perdido crédito en las altas instancias del club carbayón, y en México.

La pregunta es sencilla, pero también incomoda. Sí el Real Oviedo tiene, este año, un mejor equipo, ¿por qué no funciona y por qué acaba los partidos pidiendo la hora? La respuesta, probablemente, la encontremos en el banquillo. Juan Antonio Anquela tiene una ‘libreta’ muy limitada, que no va más allá del cambio de estrategia en la defensa -con cinco y con cuatro jugadores-. El Oviedo de Anquela, no tiene variantes técnicas, y las alternativas de sistema que se ve obligado a realizar, siempre forzado por las circunstancias, además de previsibles -la entrada de Boateng o Ibra para dar oxígeno a un ‘once’ fundido- también son ilógicas,- como situar al panameño Joel Bárcenas como lateral. O empeñarse en seguir colocando al argentino Forlín como pivote defensivo por delante de la zaga, cuando hay escasez de centrocampistas. El problema, desde luego, está en un banquillo con pocas hechuras, y en el excesivo nervio de un entrenador más corajudo que estratega; pero también está en quién tiene la responsabilidad de poner sobre el terreno de juego a sus mejores hombres y no lo hace, además de haber condenado al ganhés Richard Boateng y Ibra Baldé –como el pasado domingo- a jugar los minutos basura una vez más, por no hablar del desprecio al que somete a los jugadores de El Requexón, que viajan junto al primer equipo como relleno, para completar la convocatoria de 18 jugadores.

El Oviedo marca tanto como encaja. Un síntoma de debilidad atacante, más que de solvencia defensiva. Y no es por falta de alternativas en la plantilla. Desde su llegada a Oviedo la temporada pasada, el entrenador azul ha alineado a 40 jugadores en partido oficiales. Y todos se han tenido que adaptar al mismo sistema -o la falta de él-. Con cinco defensas, los carrileros se suman al ataq ue y llegan más balones arriba. Con cuatro, el equipo se apaga, el centro del campo se desconecta, y el delantero (ya sea Toché o Linares) se encuentra aislado. El recurso fácil de Anquela -y de cualquier entrenador de regionales- es dejar intentar que los extremos ganen la línea de fondo y cuelguen balones al área, pero el juego azul es tan previsible que no sorprende a ningún rival, para desesperación de los aficionados. Y la pizarra también falla en el balón parado, por dónde llegaron los goles del Extremadura y el Rayo Majadahonda. Cada corner es sinónimo de peligro, y la falta de intensidad se nota en las segundas jugadas y los balones divididos, que siempre caen de parte de los rivales. El mejor jugador de los azules en los últimos partidos ha sido el meta Alfonso -mal síntoma-, salvando goles y, de paso, el escaso crédito que le queda al equipo. Por ahora, los resultados sostienen a Juan Antonio Anquela (es justo recordar que el equipo se quedó a solo un punto de la promoción en mayo), pero la tendencia es negativa y el oviedismo, impaciente.

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